Aena confiesa que ni con el sistema de seguridad del aeropuerto de León activo los pilotos se atreven a aterrizar
La entidad sostiene sin complejos que el ILS estaba operativa el día que se echó a perder un corazón perso que fue decisión del comandante no aterrizar por la escasa visibilidad y las malas condiciones meteorológicas de las pistas

El aeropuerto de León busca despegar y ya es el segundo de Castilla y León, si bien requiere inversiones para actualizarse y no perder vuelos.
El Aeropuerto de León ha vuelto a ser protagonista de una dolorosa controversia: un corazón destinado a trasplante se perdió el pasado 13 de noviembre después de que el avión medicalizado de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) procedente de Barcelona no pudiera aterrizar en León y tuviera que desviarse a Vitoria. El órgano, que iba a salvar una vida en Cataluña, acabó desechado.
El mismo día, apenas unas horas antes, otro vuelo medicalizado de la ONT procedente de Galicia sí logró aterrizar en León… tras dar varias vueltas de espera y alinearse gracias a la pericia del piloto y la torre y del propio comandante. El hígado que transportaba llegó a tiempo a A Coruña.
Dos aviones medicalizados, mismas condiciones meteorológicas adversas (niebla y lluvia intensa), mismo aeropuerto, mismo sistema ILS… pero resultados radicalmente distintos. Y en medio, un corazón tirado a la basura.
En un comunicado oficial, Aena desmintió rotundamente que el ILS esté destronado y averiado, como se llegó a publicar, y que funciona perfectamente.
Según la gestora aeroportuaria: «El ILS categoría I estaba plenamente operativo el 13 de noviembre, el Aeropuerto cumplió todos los requisitos de seguridad y estuvo abierto hasta las 03:00 horas, el vuelo gallego aterrizó sin incidencias minutos antes del intento del avión de Barcelona, la decisión de no aterrizar corresponde siempre al comandante, que puede aplicar criterios más restrictivos que los mínimos publicados (200 pies de altura de decisión y 800 metros de visibilidad) y cada compañía aérea tiene sus propios procedimientos internos y puede rechazar el aterrizaje aunque el sistema esté operativo». Estas aseveraciones de Aena dejan en evidencia al parlamentario leonés, el socialista Javier Alfonso Cendón, que arremetió en las redes sociales contra este periódico con argumentos que ahora Aena confirma, como que el piloto decidió no aterrizar por falta de seguridad.
Aena subraya además que en 2024 el Aeropuerto de León ha participado en 19 operativos de la ONT y ha prolongado su horario en 15 ocasiones para facilitar estos vuelos urgentes.
La otra cara del Aeropuerto de León es, por tanto, un ILS que funciona pero no sirve para las inclemencias de noviembre.
Aunque el ILS no estuviera averiado, su categoría I —la más básica y con 21 años de antigüedad— resulta insuficiente para las condiciones meteorológicas habituales del invierno leonés.
Que esté operativo no significa que sea seguro ni fiable cuando la niebla es densa o llueve con intensidad. Muchas compañías han subido sus mínimos internos precisamente porque el sistema Cat I de León ha dado problemas repetidos veces. El año pasado hubo doce desvíos solo en invierno.
La Plataforma Ciudadana Más Vuelos, Más Futuro para León lleva años denunciando que, pese a los más de 60 millones de euros invertidos en el aeropuerto, León sigue teniendo el ILS de la categoría más baja de Europa occidental, mientras aeropuertos cercanos como Valladolid disponen de Cat III que permite aterrizajes casi automáticos con visibilidad prácticamente cero.
En el fondo es como una lotería que sortea vidas. El caso del corazón perdido ha reabierto el eterno debate: ¿Es suficiente un ILS que obliga a los pilotos a jugársela o directamente decir «no» cuando las condiciones no son perfectas?
Para Aena y Defensa, el sistema cumple la normativa y la responsabilidad final es de los comandantes.
Para pilotos, plataforma ciudadana y amplios sectores de la sociedad leonesa, tener un aeropuerto «de primer nivel» con tecnología de los años 80 es una negligencia intolerable que, literalmente, cuesta vidas. Mientras tanto, León sigue esperando la prometida mejora a categoría II o III, una obra que lleva años.