Diario de León


El desafío logístico que asfixia al Casco Histórico de León

Con 150 repartidores de media, la zona se convierte en un puerto seco donde se 'desembarcan' cada día más de 200 toneladas de bebidas y alimentos. Los vehículos autorizados saturan el corazón de León

La calle Ancha se convierte en un hervidero de repartidores, sobre todo, el viernes.

La calle Ancha se convierte en un hervidero de repartidores, sobre todo, el viernes.ángelopez

Pilar Infiesta
León

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Cada mañana, antes de que los turistas conquisten la Catedral, el Barrio Húmedo y el Cid, se libra una batalla invisible pero frenética. Entre las 06.00 y las 11.00 horas, el Casco Histórico de León —esa joya semipeatonal de calles estrechas y piedra centenaria— se transforma en un puerto seco de alta intensidad, donde la convivencia entre el patrimonio y la logística pende de un hilo.

La normativa municipal es tajante. Según la Ordenanza sobre la Regulación del Tráfico en el Casco Histórico, el acceso para labores de suministro está limitado para proteger el entorno y garantizar el descanso vecinal. Los vehículos autorizados pueden acceder durante esas cinco horas de lunes a sábado (excepto festivos) y disponen de un margen de salida de media hora (hasta las 11.30 horas) antes de ser multados. A partir de esa hora, la zona debe quedar «limpia» de furgonetas para dar paso al uso peatonal.

Pero claro, acceden más de 150 distribuidores de comida y bebida de media que llegan a mover 200 toneladas. Una cifra que se dispara en épocas de grandes eventos o festividades. Los primeros en acceder son los repartidores de pan y bollería, seguidos de productos frescos y pescados y los vehículos de mayor tamaño. Además, solo se permite la entrada libre a vehículos con un peso inferior a 8 toneladas y de dos ejes. Los gigantes de la logística tienen prohibida la entrada para evitar daños en el pavimento y las estructuras históricas. Los repartidores disponen de un margen de 45 minutos para completar la descarga.

Y si hay un día en que la tensión se palpa en el ambiente, es el viernes al solaparse los suministros habituales con el aprovisionamiento extra para el fin de semana, el periodo de mayor consumo en la ciudad. «El viernes a las diez de la mañana, la calle Ancha no es una vía monumental, es una pista de obstáculos», comenta un vecino. «Entre las furgonetas que apuran el horario, los residentes que salen de sus garajes y los primeros grupos de turistas, el equilibrio es casi imposible». El Ayuntamiento de León usa cámaras de lectura de matrículas y aplicaciones móviles para monitorizar el tiempo de ocupación y evitar que el Casco Histórico muera de éxito. La normativa busca que la «última milla» de la logística no sea la «última gota» que colme la paciencia de una zona que aspira a ser un oasis peatonal.

Denuncias por ruidos y multas de hasta 200 €

Para los residentes del Casco Histórico, el inicio de la carga y descarga a las 06.00 horas no es una ventaja logística, sino una alarma diaria. El ruido de los traspalés sobre el empedrado, el «clonck» de los barriles de aluminio y las vibraciones retumban en sus viviendas. A pesar de la vigilancia, los incumplimientos son el pan de cada día, sobre todo al acercarse el límite de las 11.00 horas. Ante la saturación, es común ver furgonetas subidas a aceras recién renovadas o bloqueando accesos a garajes privados, lo que genera llamadas a la Policía Local. El Ayuntamiento ha endurecido el control con el sistema de Cámaras de Control de Accesos con multas de 200 euros. También se habla del centro logístico de última milla. Los camiones grandes dejarían la carga en las afueras y vehículos eléctricos pequeños la repartirían por el centro.

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