La calle de León que lleva mal escrito el nombre de uno de sus vecinos más universales
El callejero de León conserva una pista sobre un personaje nacido en la montaña leonesa y una errata que aún cambia su memoria

Calle Abad de Santullán en León.
En León hay una calle que cuenta una historia. Sin embargo, la cuenta mal desde el propio rótulo, ya que contiene una errata. En el Polígono de Eras de Renueva, entre la calle Reyes Leoneses y un vial sin salida, aparece la calle Abad de Santullán. El nombre fue aprobado en pleno municipal el 6 de junio de 1997; sin embargo, arrastra una errata con más fondo del que parece: no debería decir Santullán, sino Santillán.
Detrás de esa placa no hay ni un abad ni una referencia religiosa. El personaje al que se quiso recordar fue Sinesio Baudilio García Fernández, nacido en Reyero, en la montaña leonesa, el 20 de mayo de 1897. El mundo, sin embargo, lo conoció como Diego Abad de Santillán, seudónimo con el que firmó una trayectoria política, intelectual y editorial que lo llevó muy lejos de su pueblo natal. Pero nada que ver con un abad.
Su vida tuvo poco de tranquilidad y mucho de sobresalto. Emigró de niño con su familia a Argentina, regresó después a España y estudió en León antes de marchar a Madrid. La huelga general de 1917 marcó un punto de inflexión: fue encarcelado y, en prisión, se acercó definitivamente al movimiento obrero anarquista. A partir de ahí, su nombre quedó ligado al anarcosindicalismo, tanto en España como en Argentina, donde colaboró con la Federación Obrera Regional Argentina y con publicaciones como La Protesta. La Real Academia de la Historia lo define como publicista, traductor, historiador y militante anarquista.
Abad de Santillán no fue solo un agitador político. Fue también escritor, editor y pensador. Pasó por Alemania, México, Argentina y España, y en Barcelona se integró en la Federación Anarquista Ibérica. Durante la Guerra Civil tuvo un papel relevante en Cataluña y llegó a ser consejero de Economía de la Generalitat entre 1936 y 1937. Después de la derrota republicana, volvió al exilio argentino, donde siguió escribiendo, editando y reflexionando sobre el movimiento obrero.
Murió en Barcelona el 18 de octubre de 1983. Sus cenizas, según recogen las biografías sobre su vida, regresaron simbólicamente a Reyero, el lugar donde había nacido. Por eso el error del callejero leonés no es menor: cambia el apellido de una figura histórica y, además, desdibuja su sentido. La familia ya denunció públicamente que la calle llevaba años mal rotulada como ‘Santullán’ en lugar de ‘Santillán’, una reclamación recogida por medios leoneses.
La calle, por tanto, no recuerda a un religioso desconocido, sino a un leonés de trayectoria internacional. Y ahí está la paradoja: León quiso homenajearlo, pero lo dejó escondido detrás de una errata.