Del filandón a "tomar la fresca": la costumbre que sigue viva en muchos pueblos de León
El filandón forma parte del patrimonio cultural de León, pero cada verano otra tradición sigue reuniendo a vecinos de numerosos municipios de la provincia
Varias mujeres toman el fresco a la puerta de casa
La provincia de León conserva tradiciones que siguen marcando el ritmo de la vida en muchos de sus pueblos. Si el filandón representa una de las manifestaciones más conocidas del patrimonio oral leonés, durante los meses de verano otra costumbre continúa siendo protagonista cuando cae el sol: "tomar la fresca". La 'red social' más antigua de León que no entiende de pantallas o de scrolls infinitos, pero sí de charlas lentas que arreglan el mundo.
Bancos de piedra junto a las fachadas, sillas colocadas en la puerta de casa, conversaciones entre generaciones y calles que recuperan vida forman parte de una escena que todavía puede encontrarse en comarcas como Omaña, Babia, Laciana, La Cepeda o El Bierzo.
Una tradición cotidiana que sigue uniendo a generaciones
Aunque muchas veces se asocia únicamente a las personas mayores, "tomar la fresca" continúa siendo una costumbre habitual en numerosos municipios leoneses. Con la llegada del atardecer, las temperaturas descienden y las plazas, las calles o las puertas de las viviendas vuelven a convertirse en lugares de encuentro.
La escena apenas ha cambiado durante décadas. Los vecinos sacan las sillas al exterior, comentan la actualidad del pueblo, recuerdan historias de otros tiempos o simplemente disfrutan del aire fresco tras las horas de más calor. En muchos casos, los niños juegan cerca mientras los adultos conversan, favoreciendo una convivencia que resulta difícil de reproducir en otros espacios.
Esta tradición responde, sobre todo, a una forma de entender la vida comunitaria propia del medio rural. Antes de que existieran los sistemas de climatización actuales, las calles ofrecían un lugar mucho más agradable durante las noches estivales. Hoy sigue manteniéndose por costumbre y por el valor social que aporta, más que por necesidad.
Del filandón a las conversaciones de verano
El filandón, reconocido como una de las tradiciones más representativas de León, tenía lugar principalmente durante las largas noches de invierno. Mientras se realizaban labores domésticas como hilar lana o lino, los participantes compartían cuentos, leyendas, romances, experiencias o relatos transmitidos de generación en generación.
Aunque el contexto es diferente, muchos expertos consideran que las conversaciones de quienes salen a "tomar la fresca" mantienen ese mismo espíritu de transmisión oral y convivencia. Ya no se trata de largas veladas alrededor del trabajo doméstico, sino de encuentros espontáneos donde las historias familiares, las anécdotas del pueblo o los recuerdos siguen pasando de unas generaciones a otras.
En localidades de Omaña, Babia o Laciana, donde todavía se conservan elementos tradicionales de la arquitectura popular como hórreos, corredores o viviendas de piedra, estas escenas forman parte del paisaje cotidiano del verano y constituyen uno de los atractivos más auténticos para quienes visitan el medio rural leonés.
Frente al ritmo acelerado de las ciudades, muchos viajeros descubren en estos pueblos una manera distinta de disfrutar las noches de agosto. No hacen falta grandes eventos ni espectáculos para llenar las calles. Basta con una conversación entre vecinos, el sonido de las golondrinas al caer la tarde y la llegada del aire fresco tras un día caluroso.
León
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Patricia de la Torre