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Algunos obreros renunciaron a su empleo. Decían que por las noches, la orilla del Mersey donde desguazaban el buque se llenaba de ecos metálicos. Y hasta los perros dejaban de ladrar.
Algunos obreros renunciaron a su empleo. Decían que por las noches, la orilla del Mersey donde desguazaban el buque se llenaba de ecos metálicos. Y hasta los perros dejaban de ladrar.