Diario de León

OPINIÓN Antonio Núñez

Con faldas y de procesión

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Se pide disculpas a la honesta, legal y respetable colectividad de los homosexuales que, por lo que sea, no han tenido las mismas oportunidades que otros. Unos no saben lo que se pierden y, seguramente, otros no saben tampoco lo que se ahorran en divorcios. Nadie es perfecto. Pero otra cosa es hacer ostentaciones ridículas sobre la vida privada. Y los hay muy osados. La carta de un amable lector a este periódico, identificándose con las siglas M.A.D.F., en la que agradece a la Cofradía del Gran Poder que haya permitido participar en la Semana Santa de León a un grupo de homosexuales es, cuando menos, ridícula: tendrían más motivo para agradecer que le dejaran pujar los pasos a un manco (dependería del lado de las andas), a un cojo (según el ritmo de la tamborrada), o a un sordo (éste lo llevaría mejor). La Junta de Seises de la cofradía ha llevado el caso al señor obispo, el cual con buen criterio opina que lo que pase de sayones para adentro es asunto que sólo concierne a cada cofrade. A fin de cuentas todo son faldas, unas túnicas y otras mini, y allá cada cual. Después del guardia civil de Mallorca y del soldado que pedía el cambio de sexo en Cádiz, uno pidiendo un piso de la Benemérita y otro una operación de cirugía más o menos estética a cargo de la Seguridad Social, el que ahora salgan del armario unos tontos del capirote en León es cosa que no debe preocupar mayormente, salvo en Casa Benito con tanto personal arrejundado en la barra por Semana Santa. Las procesiones son así. Van de Santa María Magdalena, que iba de lo que iba, al Genarín, que iba a lo suyo. Ahora hay demasiado tomate.

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