Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Carta te escribo martín martínez

Querido hermano: Tribulaciones sanitarias son. Sabes que Nolete es bastante pachorra, que no se exalta por una nonada y hasta dejó aparcado aquel asunto de la declaración de la República de Maragatería y su entorno. Le robaba demasiado tiempo a la partida. Ahora, ya bien pasados los setenta, a instancias de la Rosario, que sigue jamona y... mandona -”ya te conté que después de los años conviviendo matrimoniaron-” está reciclándose. Mira tú; por aquello de la sobrinada, de ambas las dos partes, que llega en el verano a pasarlo en casa del tío, él se recicla. Desterró el pantalón de pana negra y ahora el jodío viste a diario tergal, polos con un lagartín sobre la tetilla izquierda y del cinturón cuelga un llavero de plata, con la llave del coche; éste, el llavero, se lo regalaron cuando dejó de ser el presidente vitalicio de la junta vecinal. Pero lo mejor de ese reciclaje, más por estética que por otra cosa, es que va a pasar por el hospital de León a que le eliminen tres o cuatro morcillas que tiene en los morcillos. Lo cierto es que parecen unos pequeños depósitos del tinto del que ha ingerido en sus muchos años de cosechero, Pero...

Pero resulta que, ahora, en llegando el verano, Nolete parece más un enchufado de la Seat, o similar, lo cual quiere decir que ha doblado la cerviz. Por esa influencia sobrinera , que a mayor abundamiento no deja un chorizo en los varales y monda los huesos del jamón como si hubiera pasado una bandada carroñeras, cambió el look ese como se diga y escriba. Cambió su atuendo y su aspecto. Ahora podrás verlo -”así lo vi el pasado agosto-” a las nueve de la mañana retrepado, mejor dicho, recostado al estilo romano en una tumbona, en chancletas, pantalón ancho, deforme, hasta las rodillas y una variedad de bolsos que confesó no saber para qué sirven ante mi insistencia, pues lo único que mete en ellos es el moquero y unos euros para la hora del vino. Y claro, cómo no, luciendo las morcillas de los morcillos. Así que, con las insinuaciones maquiavélicas de la Rosario sobre el aspecto externo, y tal y cual, comenzaron las tribulaciones del pobre Nolete. Necesitaba, en primera instancia, una receta especial para cierto medicamento; receta que viajó del ambulatorio a León para que le pusieran un sello necesario; ocho días después, pasó a retirarlo en el citado ambulatorio y, una de dos, o no lo envió a León quien tenía que hacerlo, o quien tenía que sellarlo en León pasó del asunto y la receta resultó no válida. La burra hubo de volver al trigo.

Y claro, con todos esos perendengues y telares de la extirpación de las morcillas, tenía que sufrir una auscultación preparatoria para poder dejarle las patinas un tanto pinchas . Y aquí está la otra tribulación, que no es en China, sino en León. Tenía que pasar por un espacio que dicen admisión; siete funcionarias, que todas eran funcionarias, trabajando cuando más tres; se turnaban de una forma natural, desaparecían por mucho tiempo y si regresaban se iban otras. Hora y cuarto fue la espera, me dijo y le creo, para que le atendieran; se exaspera y hasta grita -”por lo cual aseguró había pedido perdón-” y apareció un papel que entre siete habían extraviado; ya estaba listo para el degüello y lucir por el pueblo su palmito -”si la lista de espera se lo permite-” el próximo verano.

Y en esas tribulaciones, hermano, envidiaba a los vecinos de Oseja de Sajambre, a los del Tiétar en Ávila o a los de Campóo en Palencia que tienen la ventura de ser atendidos en Asturias, Toledo o Santander y no en un macro hospital nada operativo y con unas listas de espera de aquí te espero comiendo huevos; sí, con médicos y auxiliares extraordinarios y funcionarios -”y funcionarias, vamos darle la cuota-” un tanto negligentes y pasotas. Lo da todo por bien empleado para lucir un tipo pincho y complacer a la Rosario. A sus años le falta la viruela.

tracking