Vidas paralelas
Carta te escribo martín martínez
Querido hermano: El refranero popular ¿se cumple? Unas veces sí y otras no. Setiembre se quedó con el segundo axioma; ni gota para llevarse las puentes, pero sí secó las fuentes que hasta en Confederación andan rascando, de nuevo, lo del Omaña, con trasvases, balsas o mini embalses. Se quedará en nada, agua de borrajas. La nieve se percató que el primero de noviembre se celebra la fiesta de los Santos y se plantó en los altos; así que el Teleno luce una boina blanca que da gloria. Bueno sería ahora que se cumpliera el de octubre que ya sabes dice «nieve de octubre, siete lunas cubre»; que venga nieve y agua, querido, y elimine el fuego de esas mentes enfermas que le dan cerilla al campo.
Y que le den cera resbaladiza a otros que hacen arder los pensamientos. Que le den cera a esos políticos que en nuestra provincia aparecen «a pasto», y pastan en las verdes praderas de la Diputación, Ayuntamiento o Caja España; dos de ellos lo hacen, o lo han hecho a las tres bandas como en el billar. Y para más abundamiento ella es la vestal, suma sacerdotisa de un partido; él, por su parte el «papa» provincial del otro. Las tropelías de la una y del otro (también uno) las sabes de memoria.
Ayer trasegué unos «chatos» con Nolete; por la noche –sin efluvios, eh- me vino a la mente aquel latino, Plutarco y su obra Vidas paralelas , en la que oponía un personaje romano a otro griego. Quise hacer el paralelismo de Nolete —alias de su verdadera identidad, aunque como Peyuca está pensando introducirlo en el DNI—, y de Francisco Fernández, alias, Paquito Raquetas desde que recogía pelotas en el casino de León. Me salió este ¿paralelismo?, hermano. Salvadas las fechas de nacimiento.
Paquito estudiaba y ayudaba a su padres en faenas del casino, mientras recogía pelotas en las pistas de tenis, lo que le valió el sobrenombre y fama provincial de buen tenista; en Astorga, oye, ganó todos los años que venía al torneo de ferias. A los 18 colgó los libros e ingresó de administrativo en la Caja de Ahorros de León, la que tanto ha cambiado de nombre y de dirigentes; rectos antes, laxos ahora. Paquito supo bandearse en aquel piélago monetario sobre todo cuando en los años ochenta y noventa cogieron cacho en las cajas los políticos y sindicalistas. Sin mucho esfuerzo Paquito llegó a regidor de la capital del reino, a jefe supremo de su partido político cuando Papes le entregó el mando, y ¡oh milagro¡ a vice de la Caja. Y aquel rapaz se jubila, dicen, a los 56 tacos con una pensión de oro, amén de medio millón largo de premio por lo bien que ha ejercido su papel de político, eso sí disfrazado de tiempo laboral. Y como su perro se llama «Sumo», él quería sumar euros con un sillón en la Cámara de Diputados. Se le cayó el sombrajo, se fue de la política pero se llevó la pasta cruda y dura, como su cara.
Nolete, mucho mayor en edad y sobre todo en dignidad, también estudió hasta los 18; ayudaba a su padre a recoger (en este caso patatas), llevaba a pastar los bueyes y tiraba de guadaña en el verano porque la economía aún no daba para segadora. Al colgar los libros siguió en las tareas del campo; hubo concentración parcerlaria, se compró un tractor, un pequeño hato de vacas y se labró una situación, sino holgada, sí para tirar algún cohete el día de la fiesta. Cotizó 52 años a la agraria y al cabo de los mismos puede codearse con Paquito Raquetas; Nolete percibe una pensión de 780 eurines. Bien talludo se arrimó a una maestra viuda, que le alegra la pajarita y arrima su pensión.
Más paralelismo; Nolete, hermano, fue presidente de la Junta Vecinal de su pueblo casi 40 años; como aquel don Emilio, presidente de la Caja, (si levantara la cabeza), Nolete nunca cobró nada por la presidencia y los gastos de viaje los cargaba a su bolsillo. Como puedes comprobar han tenido una vida paralela y un final que, como es paralelo, nunca se encontrarán. ¡Coño¡