La botica de siglo y medio del valle de Sabero
La primera farmacia del valle acompañó a la revolución industrial que supuso la Ferrería de San Blas

Detalle de una estantería con botes y mezclas que se usaban cuando comenzó a funcionar la botica, en el siglo XIX.
A mediados del siglo XIX tuvo lugar en Sabero uno de los hechos más relevantes para la historia industrial de España, el asentamiento de la Ferrería de San Blas. Fue la primera industria siderúrgica moderna del país al conseguir fundir mineral de hierro con carbón de piedra —como se estaba haciendo ya hace tiempo en Europa- y no con carbón vegetal, técnica antigua que todavía predominaba en el resto de ferrerías del país.
La Sociedad Palentina Leonesa de Minas, que aglutinó a los principales inversores del país, a personajes liberales y a los mejores técnicos del momento, fue la responsable de levantar en la localidad leonesa esta gran industria. Miles de metros cuadrados se ocuparon en tiempo récord por dos hornos altos, una gran nave neogótica para la forja y el laminado, talleres de fundición y ajuste, almacenes, minas… todo ello con la maquinaria más moderna, importada de Inglaterra y los mejores técnicos, muchos de ellos también extranjeros.
Este inicio de la Revolución Industrial en el norte de España atrajo a decenas de personas al Valle de Sabero, transformando un pequeño lugar en un hervidero de gentes y multiplicando su población de forma exponencial.
Provincia
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El acontecimiento no pasó desapercibido para Fructuoso Martínez Rojo. Nacido en Boñar en 1827, descendiente de una dinastía de boticarios y con botica en esa localidad, vio clara la oportunidad que ofrecía la Ferrería de San Blas, y previa autorización de la Sociedad Palentino Leonesa de Minas, instaló en la misma fábrica la nueva y primera botica del Valle de Sabero en el año 1857. El joven Fructuoso adquirió también una finca próxima, en el barrio de El Rebedul, en la que cultivó un jardín botánico con plantas medicinales para su utilización en la farmacia.
Sal de Seltz
La ubicación de la farmacia dentro del complejo minero siderúrgico supuso un avance importante del concepto de atención social a la clase obrera, ya que las nuevas formas de producción comportaban frecuentes accidentes y lesiones laborales, tanto fracturas y heridas contusas como problemas graves de quemaduras, intoxicaciones y afectaciones pulmonares. El boticario aplicaba sus tratamientos curativos a partir de medicamentos preparados en la misma botica y los primeros medicamentos manufacturados, conocidos como especialidades farmacéuticas y entre los que se encontraba la popular sal de Seltz.
Fructuoso Martínez fue un boticario muy reconocido y respetado en su tiempo, como lo demuestra el éxito que tuvo en la Exposición Regional que se celebró en el Cuartel de Caballería de San Marcos en León en el año 1877, donde fue celebrada su colección de plantas y flores medicinales, como la digitalis purpurea, la malva, el gordolobo o la adormidera y su opio, que causó sensación. También provocó admiración su estudio profundo sobre la cantárida, un pequeño escarabajo usado como potenciador sexual, que logró criar y producir en cautividad, abriendo así una vía a su producción farmacéutica.
El cierre de la Ferrería de San Blas pocos años después de la apertura de la botica no desanimó a Fructuoso, que siguió regentándola hasta su fallecimiento en 1893. Con su muerte, su legado y su farmacia tuvo continuidad en su hijo Emilio Martínez Salvadores, que además de boticario con una gran dedicación, cultivo otros campos, como el de la escritura. Es celebre su participación en los actos de la inauguración del nuevo puente sobre el Río Esla, que salvaba el crónico aislamiento sufrido por Sabero, con unos versos leídos al numeroso público que se congregó para un acontecimiento de tal relevancia en el valle: «Canto una copla, con mucha sal y salero, corta y muy tierna, que, aunque no quiera Cistierna, tenemos puente en Sabero. Que, aunque con sentimiento, vean en ello el pecado, tendremos Ayuntamiento y también nuestro mercado». De su reconocimiento en el municipio da fe la calle que lleva su nombre en la barriada popular del barrio El Rebedul.
También de esta familia parecen ser los siguientes regentes de la farmacia, los García-Martínez, aunque de momento ha sido imposible la obtención de más datos sobre ellos.
Lo que sí es seguro, es que a mediados del siglo XX, en 1947, la titularidad de la botica pasa a una cuarta propietaria, María Ángeles Álvarez del Campo, casada con un miembro de la familia Corral de Cistierna, otra de las grandes sagas empresariales de la zona, con fuertes inversiones en minería. Por motivos familiares y laborales, María Ángeles se desplazó a Madrid poco tiempo después, traspasando la titularidad del negocio a su hermano Luis Álvarez del Campo, que permaneció como boticario de Sabero hasta su fallecimiento el uno de noviembre de 1969. Esta muerte se adelantó a los planes de Don Luis, que pasaban por dejar la botica a su hijo mayor, que por aquél entonces cursaba los estudios de farmacia en Galicia. Por ello, hasta su titulación, la farmacia fue regentada por Felisa Tascón, la mujer de Don Luis, que falleció a los pocos meses de su marido, el 20 de marzo de 1970, y posteriormente por varios regentes.
A partir de 1975 fue el hijo de Don Luis y Felisa, Luis-Inocencio, el que se hizo cargo de la farmacia, en uno de sus periodos más largos, casi medio siglo, con la ayuda de su hermana Dolores y de alguna empleada mítica como la señora Lina, o Emma, auxiliar en el botiquín farmacéutico de Olleros de Sabero, que la farmacia abrió para atender a la población de este pueblo. En este periodo, Luis, ‘El Boti’, muy querido en la zona por su trato afable y su siempre buena disposición, vivió en su farmacia los años buenos de la minería, el fin de la misma y los años duros de la reconversión, que trajeron como consecuencia la reducción drástica de la población y con ella de las cartillas sanitarias. Vivió también un cambio de ubicación, ya que la botica dejo de ocupar las instalaciones de la Ferrería de San Blas cuando el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León abrió sus puertas en el 2008. La nueva farmacia se mudó a un local de la familia enfrente del museo, mientras que el antiguo local se musealizó como homenaje a la actividad allí desarrollada tantos años.
Luis estuvo hasta el último momento al pie del mostrador a pesar de la dura enfermedad que padecía y que provocó su fallecimiento el uno de septiembre de 2024. La botica verró por la falta de relevo generacional y tras unos meses de incertidumbre provocada por la difícil situación de las farmacias en el entorno rural y las siempre enormes trabas burocráticas, una joven pareja ha tomado el relevo. Son Marcos y Victoria, dos jóvenes bercianos que se arriesgaron a dejar sus trabajos por cuenta ajena en otras farmacias para cumplir su sueño de tener una botica propia. La farmacia ha vuelto a renacer, con más fuerza y nuevos servicios, pero manteniendo el trato cercano marca de la casa y el espíritu emprendedor heredado ciento sesenta y siete años después Fructuoso

La botica de siglo y medio del valle de Sabero

La botica de siglo y medio del valle de Sabero

La botica de siglo y medio del valle de Sabero

La botica de siglo y medio del valle de Sabero

Fructuoso Martínez.
La botica de siglo y medio del valle de Sabero

La botica de siglo y medio del valle de Sabero

La botica de siglo y medio del valle de Sabero
