La Guardia Civil investiga la persecución de un oso pardo por carreteras entre León y Palencia: "Es un delito grave"

Las imágenes, que alcanzaron miles de visualizaciones, muestran episodios ocurridos exclusivamente en la provincia de Palencia durante los meses de agosto y septiembre

La persecución de un oso por carretera es un delito.dl/archivo

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León

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Las redes sociales se han convertido en el escenario de una polémica que va mucho más allá del entretenimiento digital. Dos vídeos publicados en una cuenta pública han desencadenado una investigación oficial tras mostrar comportamientos que podrían constituir un grave delito medioambiental en las montañas entre Palencia  y León. Concretamente, las imágenes, que alcanzaron miles de visualizaciones, muestran episodios ocurridos en la provincia de Palencia durante los meses de agosto y septiembre. No obstante, esos hechos ya se han producido en León en otras ocasiones, incluso con nieve en la calzada.

La controversia ha llegado hasta las autoridades competentes, que ahora deben esclarecer si lo que millones de usuarios vieron como contenido viral constituye en realidad una infracción penal. La Fundación Oso Pardo ha dado el paso de formalizar una denuncia ante el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, argumentando que las grabaciones documentan conductas expresamente prohibidas por la legislación española de protección de fauna.

Los hechos denunciados no representan un encuentro casual con la naturaleza, sino algo completamente diferente. Según la organización conservacionista, se trata de persecuciones deliberadas y sistemáticas que ponen en riesgo tanto a ejemplares protegidos como a la seguridad de quienes transitan por las carreteras de montaña de la zona.

Los incidentes documentados en Palencia

El primer episodio denunciado tuvo lugar el 28 de agosto de 2026 en las inmediaciones de Cardaño de Abajo, una localidad perteneciente al término municipal de Velilla del Río Carrión. Las imágenes capturadas muestran a un ejemplar de oso pardo (Ursus arctos) corriendo por la calzada mientras un vehículo lo sigue a escasa distancia. El animal, visiblemente alterado, mantiene su carrera hasta conseguir abandonar el asfalto y refugiarse entre la vegetación.

Apenas tres semanas después, la tarde del 16 de septiembre se repitió un comportamiento similar cerca de Otero de Guardo, también en territorio palentino. En esta segunda ocasión, las grabaciones vuelven a mostrar el mismo patrón: un ejemplar huyendo por la carretera mientras es seguido de cerca por un vehículo cuyos ocupantes parecen tener como único objetivo documentar la escena.

Según el análisis de la Fundación Oso Pardo, ambas grabaciones presentan características inequívocas de persecución activa. No se trata de conductores que se toparon fortuitamente con un animal en la vía y redujeron la velocidad para evitar un accidente, sino de una búsqueda deliberada de contenido audiovisual a costa del bienestar del animal y de la seguridad vial.

Los riesgos para el animal y las personas

Perseguir con un vehículo a un animal de gran tamaño por carreteras de montaña genera múltiples peligros. En primer lugar, el oso pardo queda sometido a un estrés severo que puede comprometer su salud física y mental. Estos animales no están adaptados para carreras prolongadas en superficies asfaltadas, lo que puede provocar agotamiento extremo, lesiones en las almohadillas plantares o incluso colapso por sobreesfuerzo.

Además, existe el riesgo grave de atropello por otro vehículo que circule en sentido contrario. Las carreteras de montaña en esta zona de España se caracterizan por curvas cerradas y escasa visibilidad, condiciones que multiplican exponencialmente la probabilidad de un accidente mortal tanto para el animal como para conductores inocentes.

Desde el punto de vista de la seguridad vial, perseguir a cualquier animal silvestre mientras se conduce implica distraer completamente la atención de la conducción, aumentar la velocidad de forma inadecuada para las condiciones de la vía y generar situaciones impredecibles que pueden terminar en tragedia.

El marco legal de protección en España

El oso pardo está catalogado oficialmente como especie en peligro de extinción en territorio español, lo que le otorga el máximo nivel de protección contemplado en la legislación. Esta categorización implica un régimen de protección estricta que prohíbe expresamente cualquier acción que pueda molestar, inquietar, perseguir o causar estrés a los ejemplares.

El Código Penal español contempla delitos contra la fauna silvestre con penas agravadas cuando las conductas afectan a especies catalogadas en peligro de extinción. Las sanciones pueden incluir prisión, inhabilitación para determinadas actividades y multas económicas significativas, además de la responsabilidad civil por los daños causados.

La Fundación Oso Pardo ha solicitado al Seprona que practique con urgencia todas las diligencias necesarias para obtener y conservar las grabaciones originales, los metadatos asociados a las publicaciones y cualquier información que permita identificar a los responsables. Asimismo, ha pedido que lo actuado se traslade tanto a la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo de Palencia como a la Consejería competente de la Junta de Castilla y León.

La viralización como agravante del problema

Uno de los aspectos más preocupantes del caso es la intencionalidad evidente en la difusión masiva de las grabaciones. Los vídeos no permanecieron en el ámbito privado, sino que fueron publicados en una cuenta pública con la clara intención de alcanzar el mayor número posible de visualizaciones.

Las publicaciones fueron dirigidas específicamente a medios de comunicación y personas de relevancia pública, buscando maximizar su impacto viral. Esta estrategia funcionó: los vídeos acumularon miles de reproducciones y generaron numerosos comentarios, algunos de los cuales advertían precisamente sobre la ilegalidad de las conductas mostradas.

Para la organización conservacionista, difundir el acoso a un animal protegido como si fuera contenido de entretenimiento normaliza comportamientos que la ley prohíbe expresamente. Convertir una infracción penal en modelo de conducta viral representa una amenaza directa para la conservación de la biodiversidad amenazada en España, especialmente cuando afecta a especies emblemáticas como el oso pardo cantábrico.

Conservación del oso pardo en la Cordillera Cantábrica

La población de oso pardo en España se concentra principalmente en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, aunque con números muy reducidos que justifican su catalogación como especie en peligro. Décadas de esfuerzos de conservación han logrado estabilizar y recuperar ligeramente las poblaciones, pero siguen siendo extremadamente vulnerables.

Cualquier factor de estrés adicional, como las persecuciones documentadas en estos vídeos, puede tener consecuencias desproporcionadas en animales que ya enfrentan amenazas como la fragmentación del hábitat, la escasez de alimento en determinadas temporadas y los atropellos accidentales en carreteras.

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La coexistencia entre humanos y osos en las zonas de montaña requiere comportamientos responsables por parte de residentes y visitantes. Observar un oso en libertad es un privilegio que debe realizarse siempre desde la distancia, sin interferir en su comportamiento natural y, por supuesto, sin perseguirlo ni acosarlo para obtener fotografías o vídeos, tal y como recalcan desde la FOP.