La calzada guarda un importante interés cultural, que comparte la ciudad
Vía de la Plata (y IV)

Alija del Infantado, parada obligatoria para todos los que recorran la Vía de la Plata
Hoy concluiremos la serie de entregas dedicadas al repaso histórico y urbano de la extensa Avenida Vía de la Plata, conocida hasta las Navidades del año 2000 con la denominación de Avenida Primo de Rivera. Ubicada en el castizo Barrio de Labradores, todo el entorno queda agrupado bajo el manto espiritual de la milenaria iglesia de El Salvador. Un edificio religioso de enorme raigambre popular, cuyos comienzos como monasterio que hospedaba a los peregrinos llegados a nuestras tierras se remontan al lejano siglo X. En recuerdo a aquellos esforzados caminantes que recorrían la romana Vía de la Plata, también conocida como Camino Mozárabe, un grupo de intelectuales fundó en La Bañeza la llamada Agrupación Monte Urba-Camino de Santiago Vía de la Plata, con la finalidad primordial de rescatar la memoria de una calzada que se ha configurado como cauce eterno de culturas, trashumancia y riquezas. Y por supuesto, destacar que se trata del primer itineraria peregrino que atravesó las sendas hispanas. Sin pretender esbozar un estudio sobre los antecedentes de la Vía de la Plata, resulta conveniente recordar el origen de esta autopista del imperio romano convertida en avenida de comercio, transporte de bienes y comunicación de ideas. Entre los años 29 y 19 a.C. el emperador Augusto completaba la conquista de España, emprendiendo entonces la construcción de una calzada, la principal del oeste peninsular, que unía Mérida, capital de la provincia de Lusitania, con el campamento militar instalado en Astorga. Era la bautizada como «Iter ab Emerita Asturicam». Un término árabe Concluida por los emperadores Trajano y Adriano a finales del siglo II, la trascendencia de la Vía de la Plata proviene tanto de su interés mercantil, como del protagonismo que ha desempeñado en múltiples acontecimientos históricos. ¿Cómo nació el término de Vía de la Plata? Pues los expertos coinciden en señalar que se trata de una derivación de «BaLaTa», nombre árabe que vendría a significar «camino enlosado». Sea como fuere, la Vía de la Plata ha sido punto de encuentro y mestizaje desde tiempo inmemorial, enriquecido por una estética paisajística y monumental de primer orden. La ruta, a despecho del correr de los tiempos, no ha perdido la característica fundamental que ha propiciado su legendaria raigambre: ser cruce de civilizaciones, estilos artísticos y destinos históricos.