Resonancias bélicas de la guerra entre otomanos y cristianos en el callejero
Batalla de Lepanto (I)

Una imagen de la calle que lleva el nombre de la batalla que dio prestigio a la Armada española
De sobra es conocida la tradición musical que siempre ha distinguido a la ciudad, y por ello no resulta extraño que referencias como la calle que lleva el nombre de Odón Alonso se destaque en el nomenclator bañezano. Y es precisamente allí, en el recordatorio urbano al maestro, de donde parte la arteria que luce la gloriosa denominación de Batalla de Lepanto, como homenaje a una de las más destacadas hazañas del ejército español. Siguiendo el procedimiento habitual, comenzaremos por recorrer, de la mano con nuestros lectores, la calle protagonista. En primer lugar hay que decir que se trata de una de las más prolongadas que existen en La Bañeza, partiendo como decimos de la calle Odón Alonso y finalizando su recorrido en la plaza de Antonio Colinas, acertado recuerdo al poeta local. En cuanto a su fisonomía, es una vía ancha, de calzada despejada y escoltada a sus lados por edificios de apreciable estética y mediano tamaño, presentando una estampa moderna y agradable. No obstante, aún queda algún espacio por edificar que rematará, para mejor, la calle Batalla de Lepanto. A partir de su coronación el 17 de enero de 1566, el pontífice Pío V comenzaría a fraguar una coalición de todos los reinos cristianos para enfrentarse al entonces emergente Islam, aunque tan solo Venecia y España atendieron a su requerimiento firmando un pacto el 25 de mayo de 1571. La monumental fuerza estaba compuesta por 200 galeones, 100 naves de carga, 50.000 infantes españoles e italianos, además de 4.500 caballos y la correspondiente artillería y munición. En cuanto al responsable de las tropas coaligadas, don Juan de Austria fue nombrado generalísimo de la Liga. Despliegue bélico El día 8 de septiembre don Juan pasaba revista a la flota fondeada en la rada de Messina, lugar de concentración para las galeras procedentes de Barcelona, Cartagena, Palma de Mallorca, Génova, Nápoles y Venecia. Aparecían allí, tal como recoge el historiados don José María Martínez Hidalgo, las 90 galeras, 24 naos y 50 fragatas enviadas por el rey Felipe II, escoltadas por las 12 galeras remitidas por el Papa y las 106 procedentes de Venecia. Tan impresionante despliegue de fuerzas no terminaría de satisfacer al general, que impuso la presencia a modo de refuerzos de 4.000 soldados al servicio del rey de España. Después de la revista, en la que se hicieron salvas en honor al generalísimo, estaba prevista la marcha, pero hubo de aplazarse a causa de un violento temporal acompañado de fuertes chubascos.