Diario de León

Las incursiones turcas sembraron el terror en Venecia

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Contrariedad meteorológica que se prolongaría durante cuatro días, hasta que finalmente el 16 de septiembre la flota cristiana se hizo a la mar. Al marchar en línea de fila, la armada compuesta por 84.420 hombres y 18.15 cañones se extendía unas diez millas y estaba formada de acuerdo a la táctica de la época en una agrupación de vanguardia y cuatro escuadras, siendo la última de reserva. Los capitanes respectivos eran Juan de Cardona para la vanguardia, mientras las escuadras estaban al mando de Andrea Doria, don Juan de Austria, Agostino Barbarigo y don Álvaro de Bazán, cuyo blanco distintivo ondeaba al viento. Durante el tiempo empleado por las tropas cristianas para concentrarse, los turcos no habían permanecido ociosos. Desde el mes de mayo lanzaron esporádicos ataque sobre Creta, Dalmacia e incluso Venecia. El terror por las incursiones otomanas fue tan grande que más de la mitad de los venecianos huyeron de su ciudad, forzando al Senado a amenazar con la pena de muerte a los desertores. A finales de septiembre los turcos se refugiaron por fin en Lepanto, para abastecerse de hombres, víveres y municiones. Lepanto era el nombre italiano de la ciudad y el Puerto griego de Epaktos, ubicada en el estrecho que separa el golfo de Patrás del de Corinto. Y a pesar de que don Juan, mientras bordeaba la extremidad meridional de Italia, no conocía con absoluta certeza la situación del enemigo, su destino final estaba en Lepanto, cobijo habitual de los turcos. Al amanecer del domingo 7 de octubre la armada cristiana avistaba el golfo de Patrás, distinguiendo hacia Levante un enorme tropel de velas. Se trataba de la flota mandada por Alí-Pachá, en decidida marcha contra los cristianos. Dispuestos los dos ejércitos, el barco de don Juan de Austria disparó un cañonazo que ordenaba el despliegue de la formación de combate.

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