CARTA TE ESCRIBO
Que se divorcien
QUERIDO HERMANO: HOY no toca, tiempo habrá. Me reservo porque Josesantos me ha comparado con una mosca cojonera y hasta con Jiménez Losantos. Así que hoy me abstengo de mentar la bicha, el CTR. Y eso que el martes estuve de conversa con García Marcos, que sabes es de Benavides; la charla amigable, por aquello de llevar muchos años partiendo piñones y compartiendo ideas. Cuando me dé permiso tendrás noticias jugosas, ya verás. Una vez más, hermano, me han llamado la atención los desencuentros Iglesia-Consejo del Bierzo. El domingo anduve por aquellos parajes y contrasté opiniones sobre la que tienen montada ambas instituciones en torno a la celebración de la Encina. Comenzó el tira y afloja el pasado año cuando un alcalde, encargado de la ofrenda a la patrona, perdió el norte, se embaló y pasó de la Silva a Suárbol de cuatro en cuatro, sin parada. El obispo vio esfumada su oportunidad de evangelizar a los que casi llenaban la plaza de las Eras; montó en cólera y en un par de minutos soltó el rapapolvos, acaso el más inoportuno que hayan oído los cristianos de allende el Manzanal; armó la marimorena, que María y morena es la Virgen berciana. A cristazos dialécticos anduvieron el rector Antolín y el munícipe Laudino, antes del día ocho. Al final se encauzaron las aguas del Sil y el subafluente Tremor, comenzando la cosa con buen pie. Llegada la hora, trepó Laudino al estrado, guapo como un San Luis, trajeado y encorbatado, desconocido vamos, hasta una miaja delgado que se ve lo han metido en cintura; modoso en sus palabras, sobrio en los ademanes y certero en las reivindicaciones; y breve, sobre todo breve, un pelín más de los diez minutos. Así dejó tiempo sobrado para que monseñor Lorenzo hiciera uso del báculo episcopal, que según opiniones lo utilizó a ciencia y conciencia; agradó a unos, desagradó a los más y dejó indiferentes, que es lo peor, a unos cuantos; fue un sermón en toda regla. Aquel estrado, que más parecía un escenario para orquesta de rock, hizo las veces de altar, ambón y púlpito; y siendo así, un obispo ha de decir aquello que debe decir cuando ocupa la cátedra episcopal, conferida por una Iglesia que tiene y defiende unos principios, sean correctos o equivocados, que en eso no entro. Total, hermano, que armó la de Dios es Cristo; tan polémica, o más, que la del año pasado; los socialistas -me han dicho- piafaban como potros embridados, se contuvieron y al final galoparon. La que se armó ya la has seguido. El lugar, y el acto, el menos apropiado para unos y otros. La desafortunada mezcla Y digo yo, querido, si me lo permites, que nunca ha sido bueno mezclar las churras con las merinas; que es difícil, muy difícil para algunos, sostener la vela política en la mano izquierda, y en la derecha el cirio pascual. Que fue un inmenso error conjugar dos actos tan singulares sobre el mismo estrado, pues las chispas de esas velas pueden causar un incendio de consecuencias imprevisibles. Que la ofrenda religiosa no puede, ni debe estar mezclada con un acto meramente político aunque quieran disfrazarlo. Y si los protagonistas, como ocurre a menudo, tienen el «ego» en tan alta estima arde el Pajariel. Por eso, ahora que las leyes ofrecen tantas facilidades, les propongo el divorcio celebrativo. Que vayan las churras por sus cañadas y las merinas por sus cordeles. Y les advierto a los bercianos, más a los ponferradinos, que se la han jugado a una carta. Aquella predisposición -que sé la hubo- de contar con una concatedral y hasta con presencia episcopal amplísima, cosa muy añorada, se ha esfumado. O mucho cambian los ánimos y los tiempos.