Diario de León
Publicado por
MARTÍN MARTÍNEZ
León

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Querido hermano: Como quien no quiere la cosa nos hemos merendado medio agosto, mes de apreturas y sudores; mes este que llena Astorga hasta el punto que los aborígenes denostamos de él. Estamos en su ecuador y se llena de fiestas que inundan Maragatería, sin llover, como le ocurre a media España, que por algo es la fiesta de la Virgen, la Asunción, la fecha más festera del calendario. Así que andamos de un lado para otro como las mozas del rastrojo, con el único consuelo de que en un par de semanas pasará la tormenta. Si en La Bañeza están dando matarile a las patronales, aquí se avecinan las de Santa Marta, con bello y evocador cartel de Toño Martínez, pregón de Escarpizo, feria artesana de homenaje a Mari Paz Nistal, y programa que por su densidad, e intensidad puede que a más de uno le haga sudar. Por si esto fuera poco, hoy se abre la exposición antológica que rememora a Demetrio Monteserín aquel pintor nacido en Villafranca, criado en Astorga, formado en Madrid y trotamundos afrancesado que trajo a esta ciudad, hace casi un siglo, el esplendor de la Costa Azul y el buen hacer pictórico de allende los Pirineos. Todavía existe una galería mirando a la plaza Santocildes que fue su estudio de artista. Como debes saber, don Deme, así le llamaban, bohemio y vividor dejó la ciudad sembrada; cada boda que se hacía en Astorga de cierta alcurnia o prosapia Monteserín era invitado de obligación; su regalo, indefectiblemente, era un cuadro y toda recién casada quería presumir del mismo. Alguno de aquellos anda hoy por anticuarios, pero serán muchos aún los que adornen paredes astorganas. Y que sea por muchos años. Como así lo deseo para el mercado semanal de Astorga. ¿Me permites opinar, hermano? Voy a entrar en camisa de once varas. Con lo del eje monumental hubo que buscar al mercado un nuevo emplazamiento; ya te lo dije hace dos semanas. Se produjo cierto revuelo entre algunas secciones de venta, mas ya parece que los ánimos se van calmando. Te digo que, particularmente, me agrada el cambio; que hago votos porque sea definitivo. Bien cierto es que los cierzos invernales, allí en la muralla, serán de antología, aunque aquellos crudos inviernos de antaño se fueron. Pero más cierto es que el espacio a ocupar es más cómodo, sobre todo para los compradores y que, una vez acostumbrados, todo marchará con normalidad. Por otra parte, querido, se consigue descongestionar una zona administrativa, asentamiento de atenciones burocráticas, bancarias, de policía y otros servicios. Y sobre todo, creo que esto también es digno de tenerse en cuenta, se potenciará otra zona de la ciudad; sus pocos comercios y establecimientos de hostelería tendrán un día a la semana para salir del marasmo cotidiano. Lo que, comercialmente, puede ser un buen paso el dado. Quiero recordarte las luchas, con implicaciones políticas en muchos casos, que se produjeron a finales del siglo XIX y principios del XX por llevar a cada plazuela o calle de la localidad maragata parte del mercado semanal. Alguna sección del mismo sufría los vaivenes que se producían en el Ayuntamiento y sus concejales. Aún conocí por sus viejos nombres la plaza de las Gallinas, la de la Cebada, la del Carbón, o la de la Leña; por supuesto que conocí la del ganado nada menos que en cuatro emplazamientos -San Bartolomé, San Roque, La Cagaya y aledaños de la plaza de toros- . Y aquí, donde se sitúa ahora toda la parafernalia mercaderil de frutas y verduras, ropas y complementos estuvo casi un siglo el mercado de ganado de cerda -con perdón -. Entonces se llamaba este espacio Juego de Cañas y algún tiempo, por los años 30, alameda de Alonso Cordero, recordando al maragato más famoso de la arriería andante. Así que ha vuelto a sus orígen.

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