PAPONA DE ACERA
El milagro está en la calle

Papones de la Redención en la puerta de las Carbajalas.

Llegó a León atado a la vaca de un coche. Largo camino desde Nanclares de la Oca, donde estuvo preso, ignorado en un almacén durante tanto tiempo, olvidados todos de él hasta que un papón leonés lo rescató de aquel frío y polvoriento almacén. Vino envuelto en un plástico sobre el techo de un coche. Llovía. Aquel Crucificado que nadie quería, desterrado en un barracón, arrinconado en una nave de la prisión de Álava, era en realidad un milagro. Una obra de arte que no se echó en falta hasta que la ciudad lo convirtió en su Cristo más leonés. Fue entonces cuando a Instituciones Penitenciarias le dio por hacer un inventario. Fue entonces cuando se descubrió que el Cristo estaba fugado y había encontrado asilo en esta tierra. Y fue entonces cuando León entero supo que aquella talla que llegó desconchada, aquel enclavado destrozado y tirado durante décadas en el suelo era obra de un gran imaginero, Juan de Anchieta, tenía dueño, el Patrimonio Nacional, y larga vida. De 1570 era. En León se recompuso el Cristo de su azarosa historia y fue custodiado en la penumbra del convento de las Carbajalas. Así que para cuando su dueño vino a reclamarlo, el Cristo de Anchieta era otra vez como su creador lo había concebido. Y el gendarme enviado de Madrid para hacer justicia e imponer la pena tuvo que redimir a la cofradía y firmar sentencia de absolución. Recobrado el juicio, la ciudad bautizó la procesión como la de ‘Instituciones Penitenciarias’ y todo quedó zanjado.
Así que ese Cristo de la Redención es leonés por derecho propio. Tan leonés que hoy saldrá por la más leonesa de las plazas de la ciudad, la única que queda en pie de cuando León era un pueblón y los carros de bueyes caminaban sobre su empedrado milenario. Lo hará en sigilo. En un acto íntimo, un viacrucis de obligada devoción, de pequeños gestos. Lo sacarán de su clausura sus braceros, los de la Redención, y cuando caiga la noche iluminarán la plaza que vio el Medievo con sus hachones y parecerá que León vuelve a ser lo que era. Segundo milagro.
Para entonces, la ciudad se habrá inundado con la ‘marea de los negros’ pues las tres cofradías históricas mantienen el rito centenario de la Pasión con su procesión del Lunes Santo. Saldrán los papones del Dulce Nombre y de Minerva, y los papones y paponas de Angustias en larga hilera, llenando las calles del León viejo, dejando patente juntos y juntas la pujanza de este rito antiguo y hermoso. Tercer milagro.
Casi a la misma hora, Santa Marta cita a su hermanos y hermanas, a sus papones y paponas por la ciudad vieja en su rosario viviente. Y una hora después, casi por las mismas calles, una de las nuevas, la del Santo Sepulcro, hará en sepulcral silencio su procesión, la de las Llagas de Cristo. Y siendo León tantas veces estrecho, es milagro que ni se crucen. Tal vez porque haya aprendido al fin la ciudad que caben aquí todos. Último milagro.

Papón de la cofradía de Santa Marta. Foto: RAMIRO.
Las procesiones de hoy:

