Diario de León

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Pucheros que cocinan tradición

La Bañeza vive una de sus procesiones más peculiares, la del santo Potajero, que reparte 4.000 raciones de garbanzos, arroz y bacalao.

Los niños pujan con fervor al Potajerín de Las Angustias, una procesión que ayer reunió a las autoridades civiles y eclesiásticas en La Bañeza. FERNANDO OTERO PERANDONES

Los niños pujan con fervor al Potajerín de Las Angustias, una procesión que ayer reunió a las autoridades civiles y eclesiásticas en La Bañeza. FERNANDO OTERO PERANDONES

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a.g. valencia | la bañeza

Y el Santo Potajero volvió a llenar los pucheros. Lo manda la tradición y así, año tras año, la cofradía bañezana de Las Angustias es la artífice de una de las procesiones más singulares de la Semana Santa. Una manifestación, donde los más pequeños son protagonistas. Ellos pujan al Potajerín — el apodo cariñoso que recibe el Nazareno por su tamaño—. Con mucho fervor, los niños llevaron al santo, mientras el olor del potaje inundaba ya desde hacía horas los alrededores de la capilla de la hermandad.

Para los cofrades y cocineros del plato más típico de estas fechas la jornada arrancó temprano. A las 03.00 de la mañana y para dar continuidad a una tradición que, ahora actualizada, ya se recoge en la Santa Regla de la cofradía, donde desde hace cuatro siglos se refleja el mandato de dar de comer a los pobres y presos de la cárcel. Ayer ni pobres ni presos, pero sí muchos devotos y bañezanos dispuestos a sentarse en la mesa más peculiar de la Semana Santa. Tanto es así, que la cofradía repartió hasta 4.000 raciones de potaje, a base de garbanzos y arroz, con el acompañamiento del bacalao al ajo arriero. Nada queda al azar en un menú con tanta solera, ni la forma de prepararlo ni la leña que a fuego lento va cocinando la costumbre.

A la cita no faltaron las autoridades civiles y eclesiásticas. El presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, la subdelegada, Teresa Mata, el obispo, Juan Antonio Menéndez, o el alcalde, José Miguel Palazuelo, disfrutaron del potaje. Eso sí, antes, la bendición del Potajero se hizo extensiva, esperando que «llegue a toda la tierra». Una tradición hermosa y bañezana que tiene hasta himno: «Santo Potajero lléname el puchero, llénamelo más que está por la mitad».

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