Diario de León

PAPONA DE ACERA

Pujadla, que mecida la lleva la ciudad

Los camareros de la Virgen del Mercado descienden la talla de la Piedad para prepararla para la inmemorial procesión de la Dolorosa de hoy.

Los camareros de la Virgen del Mercado descienden la talla de la Piedad para prepararla para la inmemorial procesión de la Dolorosa de hoy.

León

Creado:

Actualizado:

Pujadla, braceros, que mecida la lleva la ciudad. Llevadla en andas. Cargadla sobre vuestros hombros. Id con ella hasta Herreros, que a partir de ahí, la lleva en volandas la ciudad. A partir de ahí la pujáis, pero no es vuestra. Es de León.

No pasarán lista, ni se tallarán. A nadie importará si han nacido o fueron bautizados en esa iglesia de la que salís y a la que llegáis. No les preguntarán nada, si estaban o no desde el principio, si tienen derecho o no, si es o no privilegio, si pueden o no justificar, si es exigencia o no, si hay bula para no cumplir. No habrá papeles ni componendas. Y nadie les dirá a ellas que por ser ellas no pueden estar allí.

Irán. Irán ellas, queráis o no. Irán por miles. Con su fe. Con su devoción. Con su luz y sus velas. Irán incluso si vosotros no vais. Pujarán por ella incluso si vosotros no la lleváis. La sacarán incluso si nunca más estáis. No será milagro. Será, como desde hace siglos, que el Camino no es vuestro. Sólo hasta Herreros. Nada más.

Cuando hoy salga por la puerta del Mercado, repicarán de nuevo las campanas y a nadie importará más sonido que ese y el latido del corazón, a nadie preocupará si las marchas ya no son de Minerva o deberían ser de la Victoria, nadie discutirá si la banda va delante o detrás, si había promesa o sólo palabra, si mandó o no don Enrique, si era su deseo o no. No importará nada porque no es de nadie sino de todos. No tiene más dueño que la ciudad, y León no tiene más Señora que Ella.

Cuando hoy salga del Mercado, habrá lágrimas. Por Ella y por don Enrique, el párroco que no estará ya en Semana Santa. Lágrimas y un sentido homenaje.

Cuando hoy a las 8 de la tarde salga de la iglesia del Mercado, no será cortejo de papones. Será procesión de fieles. Y León se volverá a convertir en legión. Por miles acudirán a la cita inmemorial. Tomarán aquel viejo descampado sobre el que creció la ciudad y harán desaparecer las calles. Iluminarán con velas la tarde de primavera, no esperarán a que caiga la noche, no dejarán que lleguen las tinieblas, no permitirán que vaya en sombra, aunque luzca aún el sol, su Virgen venerada, la del Mercado, a la que llaman la Antigua para que nadie discuta desde cuándo es. Irán con ella por Herreros y Escurial, por las Carbajalas y Castañón, por Santa Cruz y la plaza Mayor, subirán a la Catedral, bajarán la calle Ancha, pararán en el lugar donde vivió Marcelo antes de ser santo y Nonia su mujer y ante la capilla del Cristo de la Victoria harán silencio para escuchar al coro Conde de Rebolledo cantar su salmo a la Dolorosa, tirarán hacia al Ensanche tal vez cantando en baja voz ‘Cerca de ti Señor yo quiero estar’, en Santo Domingo, la plaza que fue de la Libertad, rezarán cantando porque así lo han decidido la Salve popular. Y volverán por Independencia, Legio VII, San Marcelo, Teatro y la Rúa hasta la plaza del Grano para entrar por su camarín al mismo lugar en el que cuentan que la encontró un 8 de febrero del siglo seis un pastor que cuidaba su rebaño y allí, donde fue verdín y hoy es empedrado, le prometiera a la dueña y señora de todas las plegarias que siempre sería venerada. Por reinas y campesinas, por damas y plebeyas.

Cuando hoy regrese al Mercado, se habrá cumplido la tradición, la inmemorial historia. Y vosotros la habréis pujado, pero mecida... mecida la llevó la ciudad.

tracking