Diario de León

La PAPONA DE ACERA

A ver si la penitencia va a ser nuestra

Hermanos de fila de Minerva el año pasado, en la Procesión de la Pasión del Lunes Santo. SECUNDINO PÉREZ

Hermanos de fila de Minerva el año pasado, en la Procesión de la Pasión del Lunes Santo. SECUNDINO PÉREZ

León

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Es la muestra del poder de las negras, de su empuje, de su pujanza, de su capacidad para resistir a los tiempos, a los adversos y a los que van de cara. Es la procesión de la Pasión. Para ellos. Para los demás, un calvario.

Se llamó siempre la del Pregón, y camino van los pregones de la Semana Santa de tomar (mal) ejemplo y convertirse en tan lagos como esta procesión.

No hay devoción que resista la interminable fila de negros. De horas. Ni la eterna espera entre el paso del paso de la Virgen de Angustias —del círculo de Juan de Juni—, el de la Piedad de Carmona (y de Minerva) y ah, por fin allá a lo lejos, ¡señor!, el Señor de León, el Nazareno del Dulce Nombre, el que se atribuye a Gregorio Fernández o al menos a su inspiración. Así que, agotada la santa paciencia, los papones de acera optan por refugiarse en las ‘parroquias’ que plagan el camino a Santa Nonia, ida y vuelta, y los atajadores atajan por los bordes de la misma procesión para ver el final y marcharse a casa sin recogida.

No creo que rece ninguna tradición que los hermanos de fila tengan que ir de uno en uno así, todos en fila. Ni que esté escrito que no puedan procesionar ocupando la calle. Ni que desde hace siglos sea esta una procesión que vaya a lo largo en vez de a lo ancho.

Por miles toman la ciudad. Es la marea de las tres mareas, la cita de las históricas. Tres cofradías para una procesión aunque, en realidad, en la misma son como tres. Que no se entiende que siendo hermandades hermanadas, ni se mezclen. Que no se entiende que siendo cofradías hermanas, no se hermanen. Tal vez podría la antiquísima y reverenciada Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad, la Real del Santísimo Sacramento de Minerva y de la Santa Veracruz y la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno contemplar la posibilidad de que la penitencia no sea nuestra. El año que viene, quizá.

Y mientras ellos terminan de salir, los de Santa Marta y la Sagrada Cena ponen en la calle, y les da tiempo a volver, su Rosario de Pasión, este año estrenado parte del recorrido y pujando otra talla: el Jesús Atado a la Columna de Benavides de Órbigo, una obra de Selu de Tremiña, en lugar del Flagelado de Villaverde de Sandoval. Una buena oportunidad de contemplar el maravilloso arte sacro de la provincia, tan desconocido en una ciudad que sólo se mira a sí misma.

Si busca penitencia íntima, privada, sentida, la cita es en la plaza del Grano, con la Redención y su Vía Crucis en rojo y negro, en las túnicas y en la espesura de la noche, iluminada con antorchas. Tiene que ir sin pausa porque a las 10 de la noche sale de las Carbajalas la Adoración de las Llagas de Cristo, que estrena talla este año, una esperada Señora de la Luz de los imagineros Ana Rey y Ángel Pantoja con una diadema elaborada por Orfebrería Castilleja de Sevilla y con una daga realizada por Rovina Joyeros de León siguiendo el diseño del hermano Manuel Jáñez Gallego. Aunque habrá que esperar al sábado de Gloria para verla. Sí saldrá en cambio hoy en procesión, por primera vez en la historia, la Cruz de doña Juana de Quiñones, una pieza única del siglo XVI custodiada desde entonces en el convento de las Concepcionistas.

Así que si se quiere ver también esta procesión del Santo Sepulcro, o las otras dos, hay que elegir. O no, porque cuando todo haya acabado, ellos, los negros, seguirán. Y la penitencia será nuestra.

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