CAPILLOS ARRIBA
Los apóstoles del Gran Poder

El paso de los Tres Apóstoles de la cofradía del Gran Poder durante su procesión de ayer, a su paso por la calle Carreras. El buen tiempo acompañó todo el recorrido.
Tres apóstoles. Tres de los más allegados al maestro. San Pedro, San Juan y Santiago. Tres tallas del siglo XVII relegadas al olvido que una vez lucieron en todo su esplendor en el retablo de la Catedral, pero cuyos días de gloria pasaron a mejor vida. O eso creían. Porque si algo queda en esta historia es la esperanza. Siempre hay esperanza. «El estado de deterioro era notable», recuerda Manuel Martínez López, juez de penas de la Cofradía del Cristo del Gran Poder. Ellos, los hermanos de la cofradía más joven de la ciudad, pensaron que, pese a todo, la vida de estos santos ‘gestados’ por Narciso Tomé no podía acabar ahí.
Custodiadas por los franciscanos, las imágenes agonizaban con pena y resignación divina hasta que unos nuevos papones con ganas de escribir su propia historia las imaginaron procesionando por las calles del viejo Reino. Y así, con sus dos metros de altura y su esqueleto de madera, dejaron atrás el retiro espiritual hace ahora 22 años, justo cuando el Gran Poder celebraba su Domingo de Ramos.
Como si todos obviaran el final, los tres santos respiraron aire puro e incluso batieron las palmas de la victoria al ver pasar a Jesús una vez más. Quizá tanto tiempo en la sombra pesó demasiado en sus frágiles mentes. Al fin y al cabo todos le iban a abandonar unos pocos días después. Pero ya daba igual. Eran otra vez del pueblo. Su particular Cristo del Gran Poder les había redimido.
Desde entonces lideran el cortejo de estos 1.233 hermanos que visten túnica de tablones de sarga negra y un capillo de idéntico tejido y color. «No hay un paso similar a este en toda la ciudad», recuerda el que también fuera abad de 2012 a 2014. Y no miente. Esta escena con tres apóstoles no tiene más réplicas.
Peese a que la ‘cirugía’ se antojaba más que necesaria, sólo pudieron volver a mostrar su mejor cara hace seis o siete años, cuando cofradía y Junta de Castilla y León unieron fuerzas para restaurarlas. Con sus ángeles custodios, que siguen siendo los capuchinos, tienen un convenio de colaboración para garantizar que el patrimonio perdure.
Los tres santos, pujados con extrema pulcritud por 90 braceros, descansan sobre un trono de madera de nogal donde priman las figuras geométricas y la austeridad.
«Desde el principio tuvimos claro que el paso debía mostrar la sobriedad de la Semana Santa leonesa, queremos huir de la ‘sevillanización’ que poco a poco impera», subraya Martínez. Y es que Manuel, como muchos otros, parece alinearse entre los que añoran las señas de identidad propias. «Todo es respetable, pero hemos perdido la imaginación en busca de otras cosas que garantizan éxito», manifiesta
San Juan, San Pedro y nuestro Santiago ya descansan a la espera de otro Domingo de Ramos, de otro paseo lanzando bendiciones a sus paisanos. No así los hermanos del Cristo del Gran Poder. Ellos, Dios mediante, volverán a bajar el capillo esta semana, pero con una procesión totalmente diferente. Cambia el titular, la Virgen y otros tantos. Lo único inmutable será el espíritu.