Las Artes Plásticas durante 2009 (y 2)
MARCELINO CUEVAS
A dolfo Álvarez Barthe se confiesa súbdito convencido del rey Felipe II. Tanto ir al Escorial y tanto vivir en el pasado, ha hecho que el pintor leonés se sienta trasladado en cuerpo y alma a un tiempo indefinido y brumoso que discurre entre el Renacimiento y el Barroco. El artista cumplió en la exposición, que ha titulado Índice de Olvidos , sus veinte años de pintor y quiso celebrar el aniversario con una serie de cuadros que cierran una época. «Aunque -comenta el artista- las etapas de mi pintura nunca se cierran del todo, hay periodos de transición, como este, que son sencillamente un escalón más en mi trabajo». Barthe mira al espectador desde sus cuadros plagados de símbolos, y los contempla con la mirada sorprendida de alguien que vive en otro tiempo, y que solamente vuelve a este agitado siglo XXI para comprobar que la vida sigue, aunque contenga mucha menos riqueza que la que él disfruta en su mundo inventado de arquitecturas neoclásicas.
Caja España sigue manteniendo activas todas sus galerías en la capital y la provincia, pero en este resumen apresurado, hablaremos solamente de algunas de las exposiciones que ha realizado en León.
Ramón Villa repite actuación con una muestra en la que ha querido hacer «un homenaje al mundo marino en todos sus aspectos». El trabajo que presentó Villa en este caso fue realmente espectacular. Se mostró en plenitud buceando en los fondos marinos, y logrando efectos sorprendentes de luz al retratarlos. Los grandes murales que presentó son auténticas sinfonías de azules y verdes, conjugando la belleza física de los fondos marinos con el milagro de la luz que atraviesa el agua entre destellos. Y, sin olvidar el tema elegido, es capaz de lanzarse en una línea totalmente diferente, con una serie de figuras de chapa, una especie de formas chinescas que se conjugan para ofrecer una auténtica danza de las profundidades.
Ambiente de día grande en la sala de exposiciones del Centro Cultural de Caja España. Elías Benavides recibía con una amplia sonrisa a los visitantes que acudieron a ver su exposición, una larga serie de grandes cuadros en los que pretende reconstruir su visión interior de la naturaleza a través de poéticos paisajes apenas insinuados, de imágenes que trascienden a través de las brumas del recuerdo. Pueden representar un cálido atardecer en Venecia, un frío amanecer ante el mar asturiano, o las puertas misteriosas de un infierno tremendamente rojo. Naturaleza: visiones interiores de un mundo presente, pero imposible. «Estos paisajes no se refieren a sitios concretos -dijo el artista-, son paisajes imaginarios. Porque, como decía Lucio Muñoz, si yo pinto un paisaje que ya existe, lo que hago es otro paisaje. Es una idea de los pintores como nosotros».
Al contemplar los cuadros del pintor leonés Javier Rueda, hemos sentido profundamente la falta de ese gran museo de artistas de la tierra. Javier Rueda es un gran pintor con casi medio siglo de importante trayectoria pictórica a sus espaldas. Pues bien, en su ciudad es casi un desconocido. Pocos recuerdan sus magníficos paisajes, merecedores, por ejemplo, del Premio Carriegos. Pocos han disfrutado de sus íntimos bodegones. Javier Rueda es uno de esos artistas, hay muchos más, que están esperando el reconocimiento de las gentes de su tierra.
El veterano artista viene de un largo camino. Durante años ha reflejado en sus lienzos la luz y el color de La Cepeda, El Páramo, las onduladas llanuras de Los Oteros-¦ Y eso se repite en la primera parte de su última exposición que ha llamado, acertadamente, Tierras. Y que son eso-¦ tierras que se afianzan el bastidor sobre el que trabaja el artista, y que, con la incorporación de diversos materiales, se convierten en pequeños reductos del paisaje, en una plasmación de la realidad tamizada por la aguda mirada del pintor. La segunda estación de este viaje a los paisajes interiores del pintor lleva a Omaña a las costas, al mar. Esta serie, en contra de lo que suelen ser los paisajes marinos en la mayoría de los autores, no tiene como protagonista al lejano horizonte, y en ella el cielo tampoco está presente. La mirada del artista se ciñe solamente a dos elementos, la tierra y el agua. Y esta contraposición de ocres y azules es la mejor seña de identidad de una nueva etapa en la obra de Omaña.
Hace muchos años que Rafael Carralero no expone en León, pero el pasado año pudo admirarse en la sala del Centro Cultural de Caja España una gran colección de cuadros de su hijo, Rafael Carralero Carabias. Para quienes conocen la pintura de su madre, el joven artista está influenciado por ella. Para los que admiran las obras de su padre, los cuadros del júnior de la familia contienen algunas de las notas características de la familia de pintores bercianos. Pero por encima de todo hay que dejar claro que el nuevo Rafael Carralero es un pintor de enorme personalidad y con un una clara y bien defina trayectoria. Cuentan del artista que trabaja con tranquilidad, sin apresurarse nunca, pero con una enorme intensidad. Con el paso del tiempo sus brumosos paisajes se han ido diluyendo en los recovecos de la imaginación, han ido perdiendo las figuras para representar algo más importante, el rico interior del joven pintor. Sus obras han ganado fuerza expresiva y vigor en su colorido, sin perder nunca su leve toque de emoción poética.
Premio, homenaje, galerías. El Albéitar
La ganadora del XI Premio Carriegos de Pintura y Artes Visuales, fue en 2009 la pintora gallega Marta Bran. La joven artista logró el preciado galardón con una impresión digital de grandes dimensiones titulada Entre-¦ tenerse. Obra basada en «Historias oníricas, visiones casi mitológicas de los encuentros y desencuentros entre parejas. Representa situaciones comunes, pero con cierto contenido fantástico, y vista siempre desde una óptica personal. Los dos accésit del concurso fueron para la riojana María Velasco Ruizolalla, por Líneas negras y para el artista leonés Pablo García. El Premio Carriegos se ha convertido al correr de los años en uno de los más vanguardistas de cuantos se celebran en España. Las obras premiadas están realizadas habitualmente con las últimas técnicas digitales, y pertenecen a artistas jóvenes para los que el concurso supone un escalón importante en su carrera.
Si en este momento hay un artista leonés que se merece todo el respeto y la admiración, este es, sin duda, Miguel Ángel Febrero, un infatigable trabajador y un gran pintor, al que la vida ha tratado con la máxima crueldad. La Casa de Cultura de Pinilla quiso rendir homenaje a este insigne pintor y propuso una exposición en la que pudieron admirarse los últimos trabajos que realizó cuando sus facultades estaban al completo y, junto a ellos, algunas muestras de su laborioso quehacer actual.
Febrero supo conquistar un mundo mágico, lleno de citas sugerentes. Sus lienzos participan del esplendor de la fértil imaginación del artista. Sus paisajes interiores, habitados por seres imaginarios, permitían que el espectador participara activamente de la propuesta del artista. La visión de sus cuadros se convertía en un viaje sin retorno, en un periplo maravilloso donde la fábula tomaba el testigo de la historia, donde lo fantástico suplía ventajosamente a la realidad. Merecido homenaje, pues, el dedicado a este estupendo artista leonés que si, por fin, los elementos no interfieren en su aguerrida batalla con la vida, quizá pronto podamos ver de nuevo en plenitud. Todos lo deseamos y él lo intenta con tenacidad encomiable. Que todo le salga bien, que ya es hora.
La actividad más destacada de esta joven galería Cubo Azul fue su participación en la feria nacional Arco. Por sus paredes, como viene siendo norma de la casa, la presencia de interesantes jóvenes fotógrafos. Decía entonces Laura Gutiérrez: «Ir a esta feria es una satisfacción enorme y la confirmación de que lo estamos haciendo bien. En el primer año, 2006, participamos con Leopoldo Ferrán y Agustina Otero. El pasado estuvimos en Arco 40 y este año repetimos espacio, en esta ocasión con tres artistas, Paloma G. Doctor, Rafa Sendín y Carlos Macía. En 2010 no pudo ser, pero no hay duda de que las propuestas del Cubo Azul siguen siendo de lo más avanzado que se puede ver en León
En plena juventud, el fotógrafo leonés Pablo García presentó un primer resumen, una gran antología de su trabajo a lo largo del tiempo, una labor que, por cierto, ha dado maravillosos frutos. Intentó el artista resumir en cien instantáneas toda su actividad, todo lo que la retina digital de su cámara ha rescatado del apresurado correr del tiempo. En las paredes blancas del Cubo Azul, y unificadas a un tamaño de 22 por 21,30 centímetros, se acumulan imágenes en color que algunas veces tienen la apariencia de blanco y negro. Retratos de desolados paisajes, de frenéticos animales, de campos nevados y casas abandonadas-¦ todo el icónico mundo de Pablo García resumido para crear eso-¦ una visión antológica de su labor como fotógrafo.
De entre las muchas actividades del Albéitar escogemos por su interés la muestra del berciano Luis. F. Sanz, que presentó una interesante colección de sus mejores ilustraciones para periódicos nacionales. Explica el artista que los trabajos que pudieron verse fueron realizados y publicados en El País el último año. Las ilustraciones de Luis F. Sanz emplean técnicas y estilos muy variados. «Es -asegura- una de las necesidades de este tipo de ilustraciones, cada una de ellas está destinada a un trabajo periodístico distinto. Por eso tengo que adaptarme a cada tema y a la forma en la que está escrito por sus autores. Para ello, después de leer el texto, me documento de los elementos plásticos que pueden asociarse con él. Posteriormente hago una serie de bocetos, y cuando encuentro la línea a seguir realizo el dibujo por sistemas tradicionales. Finalmente lo paso por el ordenador para añadirle efectos y colores digitales».
El Jardín de las Artes se inauguró con estupendos augurios. Quizá se echó en falta la participación de los artistas consagrados, que deberían estar. Y, también, la incorporación de algunos elementos de la mejor bohemia de la ciudad, porque para ellos es esta oportunidad que brindan el Ayuntamiento y la Universidad. Casi una treintena de participantes y la Banda Municipal, protagonizaron un evento que llenó de color los jardines del Albéitar universitario. Hubo de todo, artesanos, pintores, ceramistas-¦ algunos, pocos, artistas consagrados se unieron a principiantes y aficionados para dotar a esta feliz iniciativa de un comienzo de lo más prometedor. El invierno hizo cerrar las puertas al evento, pero en este tiempo primaveral seguro que los artistas regresan a su cita con los jardines del Albéitar.
Marcelino Rodríguez Yebra -“expuso en la Vinoteca la Buena Vida- iba para escritor, pero las imágenes se cruzaron en su camino y absorbieron la mayor parte de su caudal creativo. Sus últimas exposiciones demuestran que lo suyo no es solamente un arrebato plástico, sino que a través de la fotografía en blanco y negro, pretende contar historias e, incluso, plantear complicadas tesis. Se trata pues de una propuesta que va más allá de la estética fotográfica, aunque sus imágenes están cuidadas hasta el más mínimo detalle. El artista siente profundamente no haber llegado a los tiempos heroicos de la fotografía, cuando los que se dedicaban a este moderno arte vivían la mayor parte de su existencia inmersos en la oscuridad de sus laboratorios. Fue la suya una estremecedora colección de fotografías en las que intenta reflejar de alguna manera los terrores que vivimos a través de los sueños.
El Museo de León ha dedicado un espacio permanente a los retratos realizados por el más joven de los veteranos pintores leoneses, Modesto Llamas, a los más ilustres escritores leoneses. Las imágenes, llenas de color, recogen con un acentuado expresionismo los gestos más característicos de Antonio Gamoneda, Victoriano Crémer, Antonio Pereira y Francisco Pérez Herrero. El pintor supo captar con enorme acierto lo más profundo, la esencia de la personalidad de unos escritores que, de alguna manera, han sido precursores de la generación de literatos leoneses que ha convertido a León en la tierra más feraz de la península en cuanto a literatura se refiere. Cuatro sillones de la Real Academia así lo atestiguan. Los cuadros se exhiben en un espacio de la primera planta del museo y, junto a las imágenes de los afamados escritores, figura también un autorretrato del artista.
Escultores en el patio más leonés
El ciclo Escultura nel Patiu`l Palaciu 09 contó con interesantes muestras de los escultores leoneses. Pronto aparecerá un libro que recogerá toda la serie de exposiciones realizadas
Comenzamos el repaso por un largo año de actividad continuada con la exposición de Santos Javier que se tituló, en el viejo dialecto leonés, Bulliciu. Se trataba de una vuelta de tuerca a la forma ya clásica de trabajar de Santos Javier. Sus obras en dos dimensiones han conseguido de alguna manera la profundidad, pero no han perdido ninguna de las cualidades y calidades de sus anteriores trabajos.
No son pocas las obras artísticas que nacen de la casualidad. Un accidente, un encuentro afortunado, sirven en ocasiones al creador para plasmar sus ideas. Esto ha sucedido con la escultura El Sembrador, del artista leonés Amancio, que acabó siendo un capítulo más en la historia de esta acción. Cuenta el artista que hace algún tiempo recibió el regalo de un enorme tronco de peral. «Un amigo, Francisco González (Paco Chapas), me ofreció el tronco de peral más grande que yo he visto nunca. Con él me dispuse a tallar una obra en la que un personaje de grandes dimensiones sostenía en sus manos un pequeño cachorro de mastín leonés. Pero un día, cuando el trabajo estaba casi terminado, se cayó y se destrozó. Me llevé un gran disgusto, pero las cosas son como son. Pasado el tiempo y viendo los restos de la escultura en mi taller, me di cuenta de que una mano del personaje, que había quedado casi intacta, se asemejaba a la del Sembrador , del pintor Jean-François Millet. A partir de ahí nació una nueva obra, la que pudo verse en el Palacio de don Gutierre».
Santocildes, que consiguió, hace ya muchos años, el milagro de otorgar nueva vida al emblemático negrillo de su pueblo. Santocildes, que es capaz de domesticar la orgullosa verticalidad de árboles centenarios. Santocildes, que pinta, esculpe y talla incansablemente desde su retiro rural, decidió hacer versos de madera en el espacio. Su material preferido vuela en complicadas piruetas para crear un espacio poético, para hacer que las largas tiras de madera de abedul se conviertan en una hermosa y muda melodía. Los Versos de Madera de Santocildes son todo un ejercicio de virtuosismo. El artista procura vivir siempre al borde de lo imposible, haciendo las cosas cada vez más difíciles.
Hay artistas que saben aprovecharse de esta circunstancia vital. Este es el caso de Ramón Villa que, en la instalación que presentó en el muy leonés Patio del Palacio de Don Gutierre, trasladaba al espectador a una serrería que solamente existe ya en los más lejanos recovecos de su mente. «Es -dijo el artista- el recuerdo de amaneceres de invierno. El viejo serrador, su llegada a la sierra, encender la lumbre y freír en su herrumbrosa sartén el habitual desayuno. Ruda gastronomía leonesa -lo cuenta el presidente de la Academia de Gastronomía en la provincia-, chorizo en manteca, picante, graso, conservado en tinaja de barro. Pan de hogaza y trago largo y profundo de aguardiente-¦».
La intervención de Charo Acera en este reducto del leonesismo gira en torno al mundo de la tercera edad visto desde una posición feminista; en ella la autora se pregunta, con mucha razón, ¿por qué la mujer no figura en las tertulias que cada día forman los jubilados en diversos lugares de la capital? ¿Por qué no suele vérselas paseando por las calles y plazas? Sólo grupos de hombres ocupan las soleadas aceras de la plaza de San Marcelo, San Marcos, la Condesa-¦ Charo Acera ha reflejado estas vivencias en una larga serie de retratos inventados, de rostros marcados por las arrugas que imprime el pasar del tiempo, de gestos que recuerdan sus tristezas y alegrías, sus pequeñas victorias y sus grandes fracasos. ¿Pero dónde están sus mujeres?
Por su parte José Luis Casas presentó en el patio de Escanciano dos colosales obras escultóricas basadas y creadas a partir de elementos tan naturales como pueden ser dos inmensos tocones de árboles caídos. En una de las esculturas, precisamente la que ocupaba el espacio expositivo del patio, el monstruo vegetal que Casas encontró en el campo completamente quemado, aparecía suspendido en una estructura metálica. Y el segundo, de no menor tamaño, y que se situó en el interior, convivió con unos rústicos tablones.
Juárez y Palmero, que fueron noticia en 2009 por su separación, llegaron al Patiu´l Palacio ´09 , con un trabajo espectacular y, como es habitual en ellos, lleno de connotaciones, plagado de mensajes. «La idea -nos decían- nació a partir de las figuras de personajes inventados, de los arquetipos de tres protagonistas de ficción: La del historiador de arte Anatoli Grinco, la artista Alisa Kaidanovskaya y la del crítico de arte Andei Abramov. Estos personajes emanan de la película titulada Sacrificio ».Y en medio de todo, su concepción poliédrica del arte. «La simbiosis que el arte contemporáneo ha generado, y en la que confluyen el discurso teórico y la práctica artística. La actividad del crítico de arte se articula con las del historiador y el artista, se confunden y complementan a la hora de plasmar la creación».
Más galerías, premios e ilusiones
La galería Sardón ha tenido momentos de esplendor y oscuridad a lo largo del año. Resumimos en unas líneas sus momentos de luz.
Ángel Cantero demostró que disfruta investigando a través del tiempo y los materiales. Su obra ha estado ligada a muchos estilos artísticos, desde el pre-románico hasta los más actuales, sumergiéndose profundamente en cada una de sus aventuras, intentando sacar lo mejor de sí mismo. Recordamos su increíble exposición sobre las viejas piedras del Camino de Santiago y sus experiencias casi barrocas sobre el desnudo, dos momentos que van de uno al otro lado de su amplio abanico pictórico. El joven pintor leonés expuso en la Galería Sardón sus juegos sobre papel. En la muestra hubo grabados que entroncan con su época de indiscretos desnudos y hubo, también, unas espectaculares visiones de las arquitecturas religiosas primitivas, en la que el papel, la pasta de papel, simplemente, forra estructuras de madera en las que se convierten casi en polícromas esculturas.
La vorágine cromática a la que nos tiene acostumbrados la obra digital del artista leonés Andrés Sandoval Iglesias, sigue evolucionando. Sandoval ha encontrado su mejor camino después de explorar muchos territorios del dibujo y la pintura. El ratón y la pantalla del ordenador han sustituido ventajosamente al pincel y el lienzo, y con este cambio Sandoval se encuentra cómodo. «Además -“dice- creo que desde que empleo la pintura sin pintura, o sea, la pintura digital, me encuentro más inspirado, nunca me canso de trabajar, quisiera que el día tuviera muchas más horas».
El escultor Carlos Cuenllas se inspiró para su exposición en Sardón en «una que vi durante mi estancia en Alemania, y en la que había cosas muy diversas de los artistas más importantes del siglo XX. Como últimamente he realizado muchas piezas en las que reflejo los objetos cotidianos, como son la llave, la cuchilla, el USB, la fregona-¦ Y ese otro apartado de dicado a los móviles: el coche, las motos-¦, he querido reunirlo todo, unas obras de forma material y otras a través de la fotografía».
El artista chileno afincado en León Francisco José Lazo, por su obra Destructora , fue el ganador del Premio de Pintura Diario de León, dotado con 6.000 euros y una escultura de Juan Carlos Uriarte. Licenciado en Bellas Artes, utiliza una original técnica en la que «funde» materiales industriales con técnicas digitales. En esta décima edición, a la que concurrían 120 obras procedentes de prácticamente toda España, el segundo premio recayó en la salmantina María Josefa Martín Barbero, por la obra titulada Paisaje , que recibirá 2.500 euros y una escultura de Uriarte. El jurado, integrado por Montserrat González, concejala de Cultura del Ayuntamiento de San Andrés del Rabanedo; Adriana Ulibarri, consejera del Diario; los artistas Luis García Zurdo y Juan Carlos Uriarte; la galerista Mari Pepa Rodríguez; y el crítico de arte del Diario, Marcelino Cuevas, acordó otorgar una mención a la madrileña Paloma García, que presentó la obra Noticias , así como conceder un diploma al leonés Santiago Meléndez por el lienzo Desde la otra orilla.
La romántica casona del Corral de Villapérez, la sede del legado del pintor Vela Zanetti, resucitó después de un largo silencio para volver a desaparec er. La bóveda artesonada de su sala principal asistió con la indiferencia propia de quien ya tiene muchos años a sus es paldas, al brillante acto que inauguraba las remodeladas instalaciones. En la exposición se ofreció una interesante muestra de los trabajos de El Roto, tanto en su vertiente periodística como en la de pintor. En las dos el artista se expresa a través de un sugerente surrealismo lleno de ironía y con abundante lirismo. La mayoría de sus figuras son seres mudos que contemplan el acontecer del tiempo desde una peculiar perspectiva. Y cuando sus personajes dicen algo es para manifestar, con un deje amargo, sus propias vivencias, que son, en definitiva, las vivencias de todos. Manifestó Andrés Rábago que se sentía feliz por poder volver a la casa de Vela. Recordó que siempre tuvo por parte del genial artista una acogida generosa y entusiasta. «Creo -dijo- que Vela, viendo mis dibujos, pensaba que había llegado más lejos de lo que él podía pensar de mí. En esta exposición hemos recogido una obra doble, que se corresponde con la doble línea que tiene mi trayectoria artística. La más conocida, naturalmente, es aquella que parece en los medios y que se dirige a un público mayoritario, al lector de periódicos».
La galería PersPolis es una apuesta diferente para difundir el arte. Modesta, pero llena de ilusiones. Inclinada a la escultura, sin duda debido a la faceta artística que practica su director, comenzó su andadura con una muestra colectiva en la que participaron pintores, fotógrafos y, era inevitable, una interesante serie de escultores.
Ha seguido su camino sin prisa pero sin pausas, presentando otras exposiciones colectivas, algunas con la participación de importantes artistas, pero aún le falta un paso más para tener un lugar importante dentro de la oferta del arte en la ciudad.
Y aquí termina esta historia de un año. No hablamos del MUSAC, porque allí prácticamente no tienen cabida los artistas de León y porque el vértigo de la modernidad nos haría extendernos más de lo conveniente.