Diario de León

Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Me gusta el deporte desde siempre. Incluso lo practiqué con intensidad hasta bien pasada la juventud. Ahora, sin embargo, me da cierto pudor ponerme frente a la tele para ver partidos de baloncesto y algunos de fútbol. La razón es muy sencilla. Parece que para entender ciertas tácticas y no pocos lances del juego hay que recurrir a planteamientos de alta metafísica, a los reinos secretos de la revelación divina o a las elucubraciones exclusivamente sublimes del lenguaje. En definitiva, que las claves del partido sólo están a disposición de escasas docenas de privilegiados que han hecho una buena lectura del mismo.

Como aquí lee todo el mundo, y en realidad leen pocos, la palabra se está sometiendo a eso que llaman gramaticalización, o sea, una progresiva pérdida de su sentido verdadero. Es normal, por otra parte, eso sí, y sano en la evolución del propio lenguaje.

No ocurre sólo en el campo del deporte. Ni mucho menos, incluso es tolerable. Me atrevería a decir que esa transformación es menos brusca y más sana lingüísticamente. Si entramos en el enrevesado mundo de la gramática política, la cosa llega a límites de preocupación.

Un solo ejemplo, muy de moda en los últimos tiempos. Críticos . Etimológicamente de la palabra griega krinein , que en su origen significó separar, adquirió su auténtica dimensión para hablar de poner en tela de juicio ideas y planteamientos y arrojar así más claridad, incluso innovación, en los mismos. Nada más lejos, por tanto, de la descalificación o el rechazo, que parece el cauce por donde hoy discurre la palabra en estos ámbitos. Y apurando su desviación, ¿no se someten al amparo de críticos aquellos que han perdido algún carguito (otros le llaman chollo ) y pretenden recuperarlo?

Lo someto a los dictados de su distinguida consideración.

Buenos días.

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