Pináculos de palabras
l. Aunque aún no ha encontrado a su Ken Follet ni a su Falcones, la ‘Pulchra’ sí ha tenido quien le escriba. la ‘guía para visitar la catedral de león’, de rodríguez vega, ahora con cara y cuerpo remozados, supera los límites del mero libro divulgativo para convertirse en una pequeña joya

La ‘Guía’ de Rodríguez Vega incluye imágenes muy poco conocidas de la Catedral, como las que ilustran este reportaje
En la vieja Ciudad de torcidas calles y de muros carcomidos por la pátina del tiempo, se eleva esbelta y pulida la hermosa Catedral. Reclina la cabeza para que no se tambalee ni oscile, en las raíces de las fuertes murallas, y da la cara limpia y fresca por sus costados más bellos, como moza que palidece al oír los elogios de sus admiradores, como vieja ufana con las cicatrices y arrugas de los siglos. A la luz del sol brilla como una virgen vestida de azucenas, como matrona cubierta con túnica de nueve».
Son los comienzos de Pulchra Leonina , de José González (1873-1961), uno de tantos autores olvidados de nuestra tierra, montañés de Crémenes, catedrático de Derecho Canónico e Historia y canónigo de la Catedral leonesa, que llegó a ser director del Diario y cuya producción literaria, activa y variada, se movió por los raíles del costumbrismo y la semblanza de la sociedad de la época. Lazo de almas , Cumbre histórica (paisajes y costumbres de la montaña leonesa) y Casta de astures son algunos de los títulos que más celebraron sus contemporáneos; eso sí, siempre por debajo de Pulchra Leonina (1913), novela más que protagonizada, enseñoreada en todo momento y en casi todas sus páginas por la Catedral. Sirve de escenario constante y a la vez preside una historia que comienza cuando al principal templo ciudadano llega un alumno de la Escuela de Arquitectura para estudiarlo a fondo. Allí se encuentra con un viejo sacerdote —don Juan—, quien se encargará de conducirle por todos los rincones de este gran barco de piedra varado entre la montaña y la ribera y de mostrarle una nueva visión de la arquitectura gótica desde una perspectiva autóctona. «Entre sus enseñanzas técnicas emerge un trasfondo ideológico que censura las ideas liberales y pondera el conservadurismo a ultranza. Pulchra Leonina es un documento de época que retrata una capital de provincias en el confuso tránsito del siglo XIX al XX», escribía el poeta e investigador José Luis Puerto a propósito de la reedición que en 2007 hiciera el Diario de esta obra dentro de su gran Biblioteca leonesa . Como pasa con otro grande del costumbrismo local, Antonio Valbuena, si no fuera por esporádicos facsímiles y bienvenidas reediciones (de Pulchra también se hizo otra versión en 2001 dentro de aquella ilusionante labor de rescate del ILC, luego malograda, la colección Flor del viento ), apenas sabríamos casi nada de ellos, pero sigue siendo muy poco para popularizar como merecen unas obras a las que el público leonés podría sacar mucho más jugo, disfrutando de sus mil detalles sabrosos.
En esta Pulchra , por ejemplo, se analizan y detallan todos los prismas del monumento capitalino, y no sólo en lo técnico, también en lo anímico y lo simbólico, en lo que significa la Catedral para las gentes de nuestras comarcas. «Las gentes sencillas de los pueblos se acercan a ella con miedo, y al contar a los suyos, en las veladas largas de invierno, lo que vieron en la Ciudad, terminan su narración sin comentarios, sin adjetivos, con esta frase que expresa una hipérbole: ‘Estuve en la Catedral’. Y las viejas que no salieron de la aldea en donde nacieron, y que, como las perdices, cantan en donde nacen y mueren en donde cantan, preguntan: ¿Cómo es la Catedral? Y las gentes sencillas de los pueblos titubean, meditan, rehúsan la contestación, y por fin, salen del paso diciendo: «La Catedral… ¡es la Catedral!»
Buena ocasión es esta de recordar los libros que ha inspirado el monumento tras la reciente aparición de un tratado muy singular. La Guía para visitar la Catedral de León de Raimundo Rodríguez Vega, aparecida originalmente en 1947, no es obra literaria sino divulgativa, pero hecha con tal amor por el templo, con tanto cuidado y rastreando el origen y situación de cada uno de sus detalles, que el resultado es una pequeña joya de ciencia y utilidad. ¿Por qué se reedita ahora? El responsable del proyecto didáctico sobre la restauración de la Pulchra , José Manuel Rodríguez Montañés, que también ha coordinado esta labor, recuerda que el manuscrito de Raimundo Rodríguez «es una muy buena guía de la Catedral, fruto del profundo conocimiento del autor, quien aparcando su erudición, se pone de parte del visitante para ayudarle a conocer mejor el edificio y su historia. Pero por otro lado también nos pareció que su edición, actualizada con datos de las últimas restauraciones en el edificio, suponía un medio idóneo para comunicar ésta. Y, finalmente, para ensalzar la figura y la obra de don Raimundo, archivero catedralicio, trabajador incansable y escasamente reconocido».
La edición, que incluye fotografías, planos e imágenes extremadamente desconocidos de la seo, ha sido renovada y actualizada con información de última hora, componiendo un trabajo cuidado al detalle y maquetado y presentado con mimo. Y es que la lista de obras especializadas, de guías y tratados sobre la Catedral, es muy extensa, pero no lo es tanto la que agrupa la literatura inspirada por esta maravilla del gótico. Unamuno escribió que la Catedral de León «se abarca de una sola mirada y se la comprende al punto. Es de una suprema sencillez y, por lo tanto, de una suprema elegancia. Podría decirse que en ella se ha resuelto el problema arquitectónico, a la vez de ingeniería y de arte, de cubrir el mayor espacio con la menor cantidad de piedra» ( León monumental , 1920).
Como expresa el periodista y escritor Ernesto Escapa, la Catedral «es el más obvio de los monumentos de León, y por eso está presente en las impresiones de todos los viajeros que a lo largo de los últimos siglos pasaron por la ciudad. Algunas reflejan fastidio por las incomodidades de su alojamiento y otras se limitan a ponderar lugares comunes o meten la pata hasta el corvejón. Borrow, el vendedor de Biblias, la ve como ‘un duplicado de la de Palencia, pero sin los espléndidos cuadros que la adornan’. Que ya es decir». Por eso prefiere Escapa «el pálpito de los escritores». Y así, el autor de nuestra Pícara Justina la piropea como «taza de vidrio» mientras Gil y Carrasco señala que ha «maravillado a las pasadas generaciones, sorprende a la presente y pasmará a las venideras». El berciano nos enseñó a mirar la Catedral «por donde más hermosa se encuentra», que es su cabecera. Especialistas en Historia del Arte como Mayer o Gómez Moreno la consideran «la iglesia gótica más bella de España» y «modelo del arte ojival en el apogeo de su desarrollo». Pero no todas las miradas son de pasmo. Nuestra Pícara observa los daños de las figuras de su pórtico: «Noté que estaba notablemente envejecida la portada más que ninguna otra parte de la iglesia, y pensé que la causa era porque todas las viejas gastan más de boca que de ninguna otra parte».
Novelas como catedrales
Julio Llamazares dedica líneas cariñosas y entrañables a ‘su’ Catedral en la primera parte de ese extenso recorrido por las seos de España que es Las rosas de piedra , José Luis Corral planea sobre ella en El enigma de las catedrales y la jacobea El búcaro de azucenas , de Tomás Álvarez, arranca con un terrible crimen perpetrado al lado de la Virgen Blanca. Y Ángel Fierro aúna poesía visual y arquitectónica en los etéreos versos de Nocturno .
Sin embargo, la Catedral no tiene la fortuna de contar con una novela clásica, como la de Blasco Ibáñez sobre Toledo, o moderna, como la trilogía de Óscar Esquivias sobre Burgos (o con un superventas tipo La catedral del mar ). Recuerda Escapa, eso sí, que su destello «marcó el tránsito por la ciudad del gran Graham Greene e iluminó la memoria de José María Merino en Intramuros . Juan Pedro Aparicio imaginó en uno de sus relatos que las cigüeñas espantadas de Riaño bajaban a la ciudad, anidaban en sus pináculos y una noche volaban todas juntas llevándose la Catedral».
Y confiesa que, según su parecer, algunas de las mejores letras impresas sobre la Pulchra anidan entre los versos de Antonio Gamoneda ( León de la mirada ): «Esta es la cima de León. Solemos/ subir de la ciudad hombres cansados/ a beber cada noche esta frescura/ y sentir en silencio las estrellas».