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La semilla de la ilustración
EL MIÉRCOLES DE CENIZA SE CUMPLIERON CIEN AÑOS DE LA MUERTE DE GINER DE LOS RÍOS, EL MISIONERO LAICO CREADOR DE LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA. AUTÉNTICO VIVERO DE NUESTRA EDAD DE PLATA, SU COSECHA FUE ESPECIALMENTE GENEROSA EN LEÓN.. divergente

Francisco Giner de los Ríos
E l centenario de Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) agita el esplendor de su corona de obituarios y aviva nuestro interés por las brasas de su legado en la provincia, una cartografía vinculada a las escuelas de la Fundación Sierra Pambley, pero también a otras personalidades previas, coetáneas y posteriores, como Patricio de Azcárate, Fernando de Castro, Gumersindo de Azcárate y sus sobrinos, Pablo y Justino. Sin olvidar la nutrida colonia de alumnos institucionistas leoneses, cuya fecunda estela se prolonga hasta hoy, como testimonia la presencia en las páginas culturales de este diario de Cristina Fanjul y Emilio Gancedo. La muerte de aquel misionero laico desató hace cien años una corriente de fervor. Juan Ramón Jiménez resumió su dinámica vitalidad recordando «que iba y venía como un fuego con viento».
LA HERENCIA DEL HUMANISTA
También Antonio Machado en sus versos evocó el sueño de «un nuevo florecer de España» que inspiró la vida del maestro. Azaña le atribuye «cuanto existe en España de pulcritud moral», mientras Ortega lo ve como uno de los últimos «yacimientos de entusiasmo que quedan en España». Incluso el luego extraviado D’Ors lo considera «una viva lucecita encendida en la gran noche moral de España». En 2002, publicó su áspera y extraviada biografía José María Marco, el escribiente de Aznar, con imputaciones gratuitas y alevosas aderezadas de cotilleo chismoso, como su noviazgo con María Machado, la tía de los poetas, a quien dejó plantada después de unos años de cortejo para dedicarse a «romper la personalidad de sus discípulos». Marco resume su legado en el radicalismo político que configuró la Segunda República, «un régimen de exclusión», y el idealismo regeneracionista, «que acaba despeñado en la cursilería».
Francisco Giner de los Ríos había nacido en Ronda y su vida de estudiante lo llevó de Barcelona a Granada, siguiendo los destinos funcionariales de su padre. En 1863 se trasladó a Madrid, donde hace el doctorado con Sanz del Río, introductor del krausismo, y en 1866 consigue la cátedra de Filosofía del Derecho en la universidad. Entonces conoce a Gumersindo de Azcárate, su amigo y colaborador permanente. Separado por dos veces de su cátedra, fue repuesto en 1881, cinco años después de haber fundado la Institución Libre de Enseñanza. El escritor Luis Mateo Díez recrea en su relato Las lecciones de las cosas el penoso viaje fundacional de León a Villablino que realizan en 1886 y en carruaje Giner, Azcárate y Cossío, al encuentro con Francisco Sierra Pambley, para dar forma a su fundación, cuyos estatutos redacta Azcárate de vuelta a Madrid.
La escuela de Villablino tendrá secciones de lechería y mercantil y años más tarde se abrirán nuevos centros en León (cerca de la catedral y en el Monte San Isidro), en Hospital de Órbigo (enseñanzas agrarias), en Villameca y en Moreruela de Tábara (Zamora). En la trama urbana de Villablino sobresale como una isla el conjunto de edificaciones de la Fundación Sierra Pambley. Aunque rehecha con un exceso de diseño, la casona todavía da testimonio del prototipo de residencia solariega de la zona: una galería orientada a la solana que protegen dos brazos laterales a cuyo abrigo se alza el hórreo. A su lado, las escuelas. Todo el complejo tiene ahora un uso cultural.
CARTOGRAFÍA LEONESA
El mismo destino tiene la casona de León, que asoma a la plaza de la catedral, con el recinto de la Biblioteca Azcárate y el señuelo tentador de su Museo Romántico. La colonia de verano del Monte de San Isidro y sus edificios escolares desaparecieron en la turbulencia de la guerra. También la ribera del Órbigo guarda testimonios del legado institucionista. A fines del diecinueve, coincidiendo con el derrumbe colonial, se instaló en Veguellina la primera azucarera de la provincia, y medio siglo más tarde la factoría de Fomento del Lúpulo en Villanueva. Ambas consecuencia de la pedagogía práctica desarrollada en Hospital y en la finca La Campaza por la Fundación Sierra Pambley. En Zamora, la dehesa de Santa Eulalia de Tábara quedó a cargo años más tarde de los padres de España Suárez, la mujer de Umbral. «Estuvo de niña en una dehesa zamorana y lleva en la memoria un perfume de jaras. La jara es el olor de su infancia, la planta de su vida», evocará el escritor.
En Villimer, a la izquierda del Porma, se conserva la finca de los Azcárate, que adquirió en 1848 al marqués de Gaztañaga Patricio de Azcárate, cabeza de esta familia de intelectuales y políticos leoneses. La última vez que fui, la casona no ofrecía un aspecto muy saludable y la propia cerca tenía tramos abatidos por los achaques. Durante casi un siglo, fue el santuario de la ilustración laica y del republicanismo leonés. Don Patricio editó una biblioteca filosófica traducida por él mismo que conjugaba el pensamiento grecolatino con las novedades centroeuropeas. Todavía hay versiones suyas en el catálogo de Austral. Pero el gran protagonista de esta estancia ribereña fue Gumersindo de Azcárate. En el interior se conserva su gabinete y de una visita remota recuerdo haber visto enmarcado el poema autógrafo que le dedicó Machado a Giner. La herencia de la casona pasó como ganancial a los Entrecanales, que durante la posguerra organizaron en la huerta algún sarao veraniego de los que deslumbraban el colorín del Hola.