Diario de León

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El legado de un patriarca

HOY SE CUMPLEN 40 AÑOS DE LA MUERTE EN ORENSE DE RAMÓN OTERO PEDRAYO (1888-1976), PATRIARCA DE LA CULTURA GALLEGA SIEMPRE ATENTO CON LEÓN. SEGÚN EL CATEDRÁTICO BASILIO LOSADA, «ES UNO DE LOS MÁS SÓLIDOS Y AUTÉNTICOS TALENTOS LITERARIOS QUE DIO GALICIA (CON ROSALÍA, VALLE, CELA Y CUNQUEIRO), POR MÁS QUE ESE TALENTO ADOLEZCA A VECES DE DISCIPLINA Y DESMESURA».. divergente

Otero Pedrayo

Otero Pedrayo

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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P erteneciente a la generación gallega Nos (1920-1935), junto a Risco, Castelao y Cabanillas, el hidalgo de Trasalba (Orense) aprendió muy pronto a vincular el aprecio de lo inmediato con la guía superior de la cultura europea. Uno de los faros en esa travesía fue el gran Goethe, cuya luz iluminó los frutos de su fértil y prolongado otoño gallego. Como el alemán, Otero Pedrayo tampoco fue autor que limitara su producción intelectual a un género literario. Publicó novelas y evocaciones memoriales, teatro y varios libros de poemas, pero sobre todo desplegó la maduración de su sabiduría en una obra ensayística que combina el repertorio de la cultura diletante con una agudeza singular para el deleite con los paisajes campesinos.

Hijo de médico rural y huérfano temprano, en 1905 se traslada a Madrid para estudiar Derecho y Filosofía y Letras. Los retornos vacacionales lo ponen en contacto con la memoria familiar que bulle en la Casa Grande de Cima de Vila, en Trasalba, donde escucha el rumor del fin de los mayorazgos y el estrépito de la desbandada monástica que acompaña al declive hidalgo, así como los ecos de la pujante emergencia urbana del liberalismo. Historias que nutren de nostalgia y barroquismo sus novelas Os camiños da vida (1928) y Arredor de sí (1930), coetáneas de la revista Nos, que dirigieron sus amigos Vicente Risco (1884-1963) y Alfonso Rodríguez Castelao (1886-1950). En aquel ambiente de efervescencias atento a las vanguardias, la revista fue el núcleo más importante de la inteligencia gallega de preguerra, combinando la mirada a la cultura europea con una atención a lo inmediato, que no evitaba su componente rural y campesino. En el contacto exterior, tuvieron un importante protagonismo la relación con las vanguardias y el vínculo fraternal con el norte portugués. Pero el impulso decisivo de Nos fue hacer un sitio al idioma gallego en la cultura universal. Vicente Risco publica su Teoría do nacionalismo galego (1920), Otero Pedrayo su monumental Guía de Galicia (1926) y el 6 de diciembre de 1931 fundan el Partido Galleguista, impulsor del Estatuto de Autonomía votado el 28 de junio de 1936. Otero Pedrayo y Castelao fueron elegidos diputados en las Cortes constituyentes (1931-1933). Entonces, Otero Pedrayo ya era catedrático de Geografía e Historia del instituto de Orense, adonde había llegado en 1921, después de una rápida travesía por los institutos de Burgos (1919) y Santander (1920), donde se casó con la pasiega Josefina Núñez Bustamante. Su vecino del piso de abajo en el número 25 de la Rúa de la Paz, Vicente Risco, era catedrático de Historia en la escuela de Magisterio. A raíz de la guerra, Otero Pedrayo fue depurado y depuesto de su cátedra durante una década. Sólo once años después, en 1950, oposita de nuevo y obtiene la cátedra de la universidad de Santiago, donde profesará hasta su jubilación, en 1958. En el instituto de Orense coincide con el catedrático astorgano Marcelo Macías (1843-1941), de quien escribe en 1943 la biografía de su centenario, un libro modélico rescatado desde León por los Breviarios de la Calle del Pez en 1992. Aquella vida del príncipe de la oratoria, repartida en el comedio de dos siglos, nos traslada un retrato impagable del ambiente cultural interior en que discurre la dilatada existencia del doctor Macías. Un personaje decisivo en el rescate del patrimonio artístico orensano, puesto en almoneda por la desamortización monástica, y en la fundación del Museo Arqueológico, en 1895. El longevo don Marcelo había alcanzado a conocer en Astorga al historiador Modesto Lafuente y era una figura intelectual fascinante en el claustro del instituto provincial.

GEOGRAFÍA DE LEÓN

Después del purgatorio de posguerra (en el que tuvo que padecer la afrenta de que le interrumpieran un discurso de homenaje en los jardines de Posío con el Cara al sol, porque hablaba en gallego), apartado de su empleo docente, en 1950 obtiene por unanimidad la cátedra de la universidad compostelana y enseguida publica en Barcelona (Instituto Gallach, 1950) su magna y monumental Geografía de España. Presencia y potencia del suelo y del pueblo español, cuyas páginas 87 a 120 desarrollan su descripción del medio físico, el clima, los ríos y lagos, la fauna, el paisaje provincial, la geografía humana (que oscila entre los 386.083 habitantes de 1900 y los 544.779 de aquel 1950) ; el retrato de la capital con sus monumentos, su genealogía histórica y su desenvoltura moderna, «no alcanzada por ninguna otra población de la meseta duriense», sin prescindir del adorno de su antología literaria; para culminar con el recorrido de sus comarcas, desde los contornos de la capital a la tierra llana de Sahagún, Valencia de don Juan, Grajal y Valderas, pasando por las ciudades de Astorga y La Bañeza con sus comarcas, El Bierzo de riquezas minerales y naturales con sus núcleos urbanos y sus espacios diferenciados, el país de las Cabreras y la montaña de Murias, La Vecilla y Riaño. Un recorrido cordial que salpica con apuntes cultos, como los versos de Curros Enríquez que abren sus páginas, y observaciones de querencia vecinal, ilustrado por 34 fotografías de expresiva elocuencia. Texto solvente que al despliegue de sabiduría suma el reclamo de una prosa seductora.

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