le big mac
Oficina y denuncia
Debajo de las multiplicaciones hay una calculadora de un iPhone X. Debajo de las divisiones hay una lámpara led de 35 vatios RGB. Debajo de las sumas y las restas, hay un río de tinta de tatuajes. Un río que viene sonando con una play list de Spotyfy, que comienza a esta hora y termina en el alba radiante de Nueva York. Aquí no queda ni rastro de Lorca. Aquí ya sólo hay placeres y desórdenes que te arrastran al otro lado de la gravedad. Pero yo sólo he venido para hacer turismo. He venido para ver las inmensas colas de chicas blancas que esperan horas para comprar un cronut sin aceite de palma, o a los judíos de clase media que compran bocadillos de pavo, mostaza y pepinillos. Todos los días en Nueva York se devoran cinco toneladas de quinoa, cuatro y media de brócoli, dos millones y medio de raciones de ensalada detox, cientos de kilos de tallarines de calabacín cortados a mano, miles de tomates ecológicos cultivados sin pesticidas, litros y litros de frutas y verduras licuadas para el gusto de los expertos en nutrición, mientras una multitud de runners llena corriendo el valle donde el Hudson se emborracha de turistas. Todos los días cierra un Macdonalds y abre una frutería. Yo denuncio a esta mitad. Yo vine aquí a hablar de los gordos mejicanos que a la hora del almuerzo comen pizza pepperoni a noventa y nueve céntimos de dólar más impuestos la porción. A los conductores Uber que desayunan perritos calientes con chile apoyados a la puerta de vehículos lujosos. A las negras policías de tráfico que engullen a toda prisa burritos de carne mechada con queso. La otra mitad no muere de hambre: muere de infartos, porque tiene las arterias cuarteadas por la mantequilla de cacahuete y el exceso de sal. La otra mitad habla español y madruga, y levanta con gran esfuerzo sus pesados cuerpos, sus órganos saturados de grasas saturadas, sus barrigas inmensas, y baja al metro y sube a las calles donde los ricos y blancos hablan inglés y hacen dietas que previenen el cáncer, la obesidad, la vejez, dietas que previenen la falta de amor, que remedian la soledad y la pobreza, la depresión, la ansiedad, dietas que alargan la vida para que puedan ir un día más, una semana, algunos años, a correr al valle donde el Hudson se emborracha de turistas.