Diario de León

el territorio del nómada |

Flores de plomo

EL JUEVES 24 CUMPLIÓ EL CENTENARIO JUAN EDUARDO ZÚÑIGA (1919), UN ESCRITOR CUYA TRAYECTORIA ALZÓ EL VUELO DEL REALISMO PARA MOSTRAR SU PLURALIDAD DE PERSPECTIVAS. TRADUCTOR Y NARRADOR DE OBRA INTENSA, ULTIMA SUS MEMORIAS LITERARIAS. divergente

El escritor Juan Eduardo Zúñiga, que acaba de cumplir cien años

El escritor Juan Eduardo Zúñiga, que acaba de cumplir cien años

Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

Creado:

Actualizado:

R ecluido en el ámbito agobiante de la literatura minoritaria, Largo noviembre de Madrid (1980) reubicó a Juan Eduardo Zúñiga en la órbita más fecunda del realismo, que combina con maestría el escrutinio y su indagación simbólica. Sus 16 relatos muestran los recovecos de una realidad cercada por la guerra con el impulso de ir más allá. Asesinatos, traiciones o suicidios enmarcan un ámbito de vivencias que prosperan entre el heroísmo y la capitulación. Al estruendo bélico responden los sueños y evocaciones que presienten un horizonte mejor. A veces, con el vuelo fantástico, como Un ruido extraño o Presagios en la noche . Largo noviembre … descubrió la dimensión excepcional de un escritor sofocado por las modas. Los profesores Epícteto Díaz y José Ramón González lo sitúan como el mejor libro de relatos dedicado a la guerra civil.

Zúñiga se había estrenado en 1951 con la novela barojiana Inútiles totales , que rescató Bruguera en los ochenta, a cobijo del interés despertado por el éxito de su Largo noviembre . Había sido la aportación de Zúñiga a la tertulia del café Lisboa de la Puerta del Sol, convocada alrededor de Arturo del Hoyo, autor de la primera edición (1954) en España de las obras de Lorca. De su mano, acude Zúñiga a la editorial Aguilar, donde publica los Cuentos completos de Chejov (1953), precedidos por un prólogo con voltaje de ensayo. Zúñiga ya se había estrenado como autor de La historia de Bulgaria (1945) y estudia por su cuenta lenguas eslavas, mientras va colaborando en revistas con cuentos de diversa fortuna.

Su padre era farmacéutico de prestigio, que tuvo como mancebo antes de la guerra al escritor Sender. Colaborador de Cruz Roja en la contienda, fue secretario perpetuo de la Academia de Farmacia durante la posguerra. Cuando Zúñiga tenía doce años, descubrió a Turgueniev a través de su novela Nido de nobles y la prueba de aquel bocado lo llevó a seguir su rastro en las lecturas del Ateneo. Una pasión crecida con sucesivos acercamientos y traducciones, hasta culminar con su ensayo biográfico Los imposibles afectos de Iván Turgueniev (1977), que años más tarde titulará Las inciertas pasiones de I Turgueniev (1996), redondeando su encuentro con las letras eslavas con El anillo de Pushkin (1983), colección de aproximaciones a la literatura rusa que después tituló Lectura romántica de escritores y paisajes rusos (1992). Ambos volúmenes los reunió con el título Desde los bosques nevados (2010). Casado en 1956 con la editora especialista en literatura juvenil Felicidad Orquín, Zúñiga acredita el manejo de un sistema simbólico caracterizado por la finura perceptiva y la economía expresiva, cuya oblicuidad brumosa concede un aire onírico a sus fantasías.

Su segunda novela, El coral y las aguas (1962), pasó inadvertida en el turbión del realismo social. Publicada por Seix Barral, contiene la denuncia de una dictadura emplazada en la remota Grecia. Su anécdota relata una apasionada historia de amor entre Parataca, la muchacha advertida por el oráculo («La tierra temblará y todo será destruido»), e Ictio, un joven pescador. La determinación de la joven pareja los salva de la hecatombe y distintos episodios muestran un repertorio revelador de la situación colectiva, en que se desprecia al ser humano, y los valores materiales regidos por el dinero como bien supremo devalúan la existencia, agitada por sentimientos de ruina y decadencia.

Esta dimensión simbólica del relato apunta a su contemporaneidad, alentando la rebeldía como catapulta de la libertad: «Deja de sentirte esclavo y serás libre por tu voluntad». Escrita con una prosa esmerada, fundadora de un realismo simbólico, «da noticia con un lenguaje secreto de los que habían sido sometidos y de los que fueron insumisos». Para esquivar a la censura, Zúñiga logra un relato simbólico cuyo idealismo sortea la convención del realismo crítico, obligado a mostrar la vivencia menesterosa de los pobres. Ahora rescata Cátedra esta novela junto a Inútiles totales . Entre 1962 y 1967, Zúñiga hizo trabajos editoriales para Taurus, donde publicó los Artículos sociales de Larra (1967), pionero de la literatura comprometida, a cuyo suicidio dedica Flores de plomo (1999), una obra precisa en sus detalles, sin concesiones a la sensiblería, que fue galardonada con el premio Ramón Gómez de la Serna de novela histórica.

La tierra será un paraíso (1989) y Capital de la gloria (2003) cierran su trilogía de la guerra. En el primero, agrupa siete relatos de una veintena de páginas, mostrando una visión distinta de la empobrecida posguerra transitada por seres desvalidos que cultivan la lealtad a la derrota. Sus pinceladas dibujan la instantaneidad de una depuración, los fusilamientos en las tapias del cementerio o el reclamo para huir de un doctor extranjero atrapado y escondido en Madrid. Con destellos fugaces, como la atracción que lo cuelga de una gitana joven, a quien ve en un bar y luego desaparece, o la pasión de un heredero, quien al poner en orden sus negocios inicia relaciones con la muchacha que trabaja a su servicio. Capital de la gloria se articula en diez relatos, de los que sobresale como una joya Rosa de Madrid , una joven cuyo deseo se ofrece como contrapunto dramático a las miserias ambientales de la contienda. Capital de la gloria obtuvo el premio nacional de la Crítica y el premio Salambó. El cultivo fantástico de Zúñiga se expresa en los 40 relatos de Misterios de las noches y los días (1992) y en los textos de Brillan monedas oxidadas (2010). Premio Nacional de Traducción 1987, en 2016 recibió el premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra.

tracking