Diario de León
Publicado por
NICOLÁS MIÑAMBRES
León

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Una lectura del índice y un repaso al bloque de «Apéndices» bastan para comprobar que estamos ante una obra elaborada con un rigor próximo al que exige una tesis doctoral. Ninguno de los elementos de la investigación clásica está ausente de estas páginas. En ellas ha llevado a cabo Emilio de Miguel un trabajo, cuyo contenido escasea en la investigación universitaria: el análisis de fenómenos literarios a través del mundo de la música o de otros éxitos. Resulta incuestionable que estos fenómenos tienen, cuando menos, importancia sociológica y literaria. Es el caso de Joaquín Sabina, a cuyas canciones se acerca Emilio de Miguel pertrechado con eficientes herramientas eruditas.

Se trata de un estudio serio, en el que no falta el trabajo de las fuentes, que el investigador rastrea y descubre en autores inesperados, clásicos y contemporáneos. Con un sabio manejo del estilo propio de un buen filólogo, Emilio de Miguel aprovecha para el desarrollo de la obra recursos modernos, aderezados con un sabio manejo de la captatio benvolentiae, la función apelativa, el valor de la función metaliteraria y, en algunos casos, la función fática. Todo ello contribuye a que el lector se sienta invitado a ese «nuestro concierto», de peculiar condición: «un hipotético concierto, privado y virtual, eso sí, en el que Joaquín Sabina interpretará las canciones seleccionadas por mí», advierte el autor. Una vez seleccionadas las trece canciones que considera más representativas, se perfila el doble objetivo del trabajo: «me propongo adentrarme en el universo conceptual de las canciones de Sabina y en la valoración de sus recursos estilísticos» (p.16).

Elegidas de forma concienzuda y precisa, las trece canciones sirven de subtítulo a cada uno de los capítulos, pero sirven sobre todo, como fuente de conocimiento de una personalidad peculiar. Es en este campo del análisis de textos donde Emilio de Miguel alcanza una llamativa brillantez. Tanto en la forma (donde describe todo tipo de variantes métricas y recursos expresivos) como en el contenido. Del primer aspecto son buen documento las reflexiones lingüísticas en torno al léxico, las figuras retóricas, el estribillo o el ruido. No es menos sobresaliente el análisis del contenido, del que extrae los rasgos más llamativos, desglosados en: « El mundo de Sabina y Sabina y el mundo». Un Sabina que, para Emilio de Miguel, «proclama libre y alegremente su verdad y no tiene demasiada voluntad, si tiene alguna, de ganar adeptos para su causa« (p. 96).

Terminado el libro, el lector tiene la sensación de haber asistido a un concierto literario siguiendo las líneas de Emilio de Miguel, que hace suya la famosa expresión de Alfonso Reyes sobre las canciones de Agustín Lara: «Para mí fue como encontrar la poesía disuelta en una copa de vida diaria». Algo parecido le ocurre a Emilio de Miguel. Falta por saber si el cantante era consciente, en su proceso creativo, de que estas canciones escondían tanto lirismo y tan variada polisemia. Poco importa todo ello una vez que el lector ha disfrutado con la pericia interpretativa del profesor de Salamanca, especialista, sobre todo, en los secretos de La Celestina.

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