Vuelve la mujer marcada
Isabel Sartorius se reinventa una vez más a sí misma. Ahora como tertuliana de «Espejo público», el programa de Antena 3
No existe una sola media naranja para cada persona. Tampoco el amor tiene fecha de caducidad, pero hay que «mimarlo y currárselo mucho». Lo dice Isabel Sartorius. Lo dijo, en realidad, hace unos días en Espejo público , el programa de Antena 3 en el que ahora trabaja como tertuliana. Sartorius no es sexóloga ni psicóloga, pero fue novia del Príncipe Felipe. Y precisamente por eso sus declaraciones acerca del amor han causado más revuelo y han calado más hondo que si hubieran emergido de un oráculo. Ya hay quien anda buscando la piedra Rosetta para interpretarlas.
Y es que en la naturaleza de esta enigmática mujer que días atrás aparecía en unas fotos intercambiando confidencias con la esposa de su ex novio, es decir, con la Princesa Letizia, subsiste una capacidad infinita para sorprendernos.
¿Puede hablar Isabel Sartorius del amor eterno con conocimiento de causa? En un plano teórico e incluso platónico, por supuesto.
En la práctica, divorciada a los seis meses de casarse, y madre de Mencía, una adolescente a la que ha criado en gran medida ella sola, esta mujer de 45 años no tiene actualmente lo que se dice una pareja estable, de ahí que, tal como aseguran algunos, hasta la propia Princesa de Asturias se haya ofrecido amistosamente para buscarle un novio
Esa condición de mujer sola no hace sino incrementar la leyenda de eterna ex novia del Príncipe que persigue a Sartorius como un estigma. «Estoy harta de que la gente no pare de recordarme que pude ser Reina de España», llegó a comentar una vez. Y aunque desde entonces ha llovido mucho y el Príncipe es hoy un señor casado, enamorado de su mujer y padre de dos criaturas, ella, su primera novia, no acaba de quitarse esa dichosa etiqueta de encima.
Hacían una pareja perfecta
Veinte años separan aquella foto en la que Isabel, hija de Vicente Sartorius Cabeza de Vaca, marqués de Mariño, y de la argentina Isabel Zorraquín, deslumbró a España con su moño rubio, su vestido de gasa verde de lunares, su 1,75 de estatura y sus inmensos ojos claros, casi transparentes. Aquella tímida, elegante y espectacular joven de 25 años acaparó todas las miradas y hasta levantó una sonora ovación por parte de los habitantes del pueblo cacereño de Peraleda de la Mata, durante la boda de su hermana Cecilia.
Corría el verano de 1990 y el romance entre Isabel y el Príncipe era ya un clamor. Para algunos, hacían una pareja perfecta. Para otros, la suya era una relación imposible, pues la monarquía española no consentiría jamás que el heredero de la Corona contrajera matrimonio con la hija de unos padres separados.
Felipe e Isabel lo dejaron en 1991, lo cual dio la razón a los segundos. Pero sólo durante algunos años, los que tardó el Príncipe en casarse con la periodista Letizia Ortiz, no sólo hija de padres separados, sino además mujer divorciada. Sartorius de algún modo ya lo había advertido al calificar de «cien por cien mentira» la leyenda que atribuía a la Reina Sofía cierta responsabilidad en la ruptura de su noviazgo con don Felipe.
Con él ha mantenido y mantiene una «profundísima» amistad. No una amistad soterrada, como la que unía a Camilla Parker con Carlos de Inglaterra, sino transparente y sincera pues Isabel además es muy amiga, como se acaba de ver, de la Princesa Letizia.
No tuvo una infancia fácil ni estable. Y la inestabilidad es uno de los rasgos que se atribuyen a esta mujer dulce y discreta que, al natural, emana fragilidad y bondad. Tenía sólo ocho años cuando sus padres se separaron y de Madrid, la ciudad donde nació, se la llevaron a Lima. Se licenció en Ciencias Políticas en Washington, donde pagó en parte sus estudios trabajando como camarera. Pasó un tiempo en Nueva York, pero acabó regresando a Madrid. El resto es de sobra conocido. Años después de romper con el Príncipe, se casó embarazada y en secreto, en Londres, con Javier Soto Fitz-James Stuart, del que se divorciaría cuando la hija de ambos sólo tenía quince días. Otro escándalo. Igual que el que la relacionó con Pepe Navarro.
Siempre reinventándose a sí misma, siempre renaciendo y superando obstáculos, ya sean en forma de depresión o de obesidad, Isabel Sartorius es esa mujer que a lo largo de estos años aparecía de tanto en tanto en la prensa y siempre causaba sorpresa, bien explicando un inexplicable matrimonio express o contando con horror el incendio de su vivienda. Ha sido relaciones públicas en la industria láctea, imagen de una célebre firma de azulejos, diseñadora de bolsos. Y ahora, tertuliana. Pero por encima de todo es y será el primer amor del Príncipe Felipe. Y eso la convierte, como ella misma ha reconocido alguna vez, en una «mujer marcada».