Un poco de diversión
enóloga
Esta semana he tenido una agradable sorpresa. Mi admirado Gary Vaynerchuck ha catado un vino español, cosa que no es habitual. Seguro que la mayoría de vosotros no lo conocéis pero es un catador de vinos americano peculiar. Lo que diríamos un tipo extravagante. Gary Vaynerchuck es sobre todo un hombre entregado. Entregado al vino, a sus catas y como no a su propia causa. Ahora les explicaré algo más acerca de él.
Verán en el panorama de periodismo enológico, acostumbramos a encontrar más bien tipos aburridos que uno no acaba de entender por qué se dedican a esto. A mi modo de ver, hay principalmente dos tipos de periodistas-catadores. Por un lado, están aquellos que parecen no disfrutar con los vinos y detestan casi todos los vinos que prueban, excepto aquellos cuyo precio sobrepasa las dos cifras. Es un poco lo mismo que los críticos de cine; yo siempre me pregunto por qué gente a la que parece aburrirle tanto las películas dedican gran parte de su vida a verlas y otra gran parte a contar lo malas que son. No quiero decir que todos sean así, pero digamos que hay una amplia mayoría que se comporta como si en lugar de llevarles a una degustación de vinos les condujeran a trabajos forzados. Por otro lado, están aquellos que son complacientes pero sobre todo repetitivos, de modo que todos los vinos les huelen a frutas rojas y notas avainilladas. Por supuesto, existen críticos serios y profesionales a los que admiro. Faltaría más.
De cualquier modo, Gary Vaynerchuck irrumpió hace un par de años en este desolador panorama con su estilo fresco y desenfadado, su cara simpática y su lenguaje llano para demostrar que catar vino podía ser algo divertido y gracioso. Como buen americano, ha hecho de esta enseña su negocio y vende vinos a diestro y siniestro a través de su web, aparece en programas de televisión siempre con el mismo disfraz de chico travieso, ha escrito un libro narrando su extraordinaria aventura... en fin, digamos que ha hecho de su personaje un rentable negocio. Lo cual no es ninguna crítica, al contrario es una alabanza.
Gary dice cosas irreverentes con la misma naturalidad con la que escupe en su escupidera- casco de rugby; utiliza un vocabulario que todo el mundo entiende sin florituras ni remilgos; es espontáneo; no se anda por las ramas y si un vino no le gusta, lo dice. Esta sinceridad es a veces aplastante. Pero reconozco que me gusta.
Un auténtico ejercicio de sinceridad es lo que ha hecho con el vino español en cuestión al que dedicó su último programa. Era un Marqués de Riscal 2005 Reserva. Un vino que seguro conocen todos, pues está ampliamente distribuido. Pues bien, esta es de las bodegas que todo el mundillo enológico acostumbran a respetar y se considera casi un sacrilegio opinar en contra de sus vinos. Pues bien, este inconformista chico, en lugar de lanzarle las flores que, dada su privilegiada posición, muchos le dedicarían, lo despelleja sutilmente. Decir por ejemplo que es el claro ejemplo de un Rioja pasado de moda, que no cambiará su vida ni le ha divertido, es una crítica dura. Sobre todo viniendo de alguien que acostumbra a apasionarse y besar botellas si de veras le han entusiasmado. No sé si merece una crítica tan dura; la verdad que hace tiempo que no pruebo ese vino pero de cualquier modo, me apena que un vino español haya sido tan menospreciado.
Si quieren echar un vistazo a lo que hace y a lo que dice, Winelibrary es su página. No puedo decir que esté de acuerdo con todo lo que dice pero al menos entretiene y sobre todo es capaz de agitar conciencias y cuestionarlo todo. ¿No debería acaso ser este uno de los pilares del periodismo?