mujeres en acción
La revolución invisible
Una selección de 160 fotografías retratan la evolución de las mujeres en el siglo XX y atestiguan su protagonismo en todos los ámbitos

Grupo de chicas disputando un partido de fútbol en Madrid en 1935.
La desigualdad de las mujeres a principios del siglo XX estaba naturalizada. Un pleno celebrado en Val de San Lorenzo el 19 de mayo de 1900 estipuló la escolarización de los chicos y chicas del muncipio entre los seis y los trece años. Y a continuación decretó que el salario del maestro sería de 400 pesetas y el de la maestra de 190 pesetas.
¿En qué se fundaba esta escandalosa diferencia de sueldos? Puede que hubiera menos niñas que niños que acudieran a la escuela, pero es seguro que a la mujer se la consideraba inferior al hombre en todos los aspectos.
En los albores del siglo XXI la diferencia salarial entre hombres y mujeres es aún del 22%. Pero han cambiado muchas cosas. Las mujeres han sido protagonistas de una revolución silenciosa e invisible. Como subraya la historiadora Mary Nash, «la desigualdad legal y las prácticas discriminatorias no impidieron el protagonismo histórico de las españolas ni eliminaron su capacidad de resistencia y transformación social».
De estas mujeres invisibilizadas y poco reconocidas hablan las 160 fotografías que integran la exposición Protagonistas en la sombra. Evolución de la imagen de la mujer española en los fondos fotográficos de la Agencia Efe, que se exhibe en la Biblioteca Pública de Astorga hasta el 6 de mayo.
Mirando estas fotos es fácil ver que las españolas del siglo XX rompieron muchos moldes. En el deporte, en la vida pública y política, en la educación y la ciencia; en la cultura y en el mundo del arte. Y se encontraron con muchos frenos. Especialmente una mentalidad machista y un régimen dictatorial que moldeó estereotipos que aún perduran.
La imagen de mujer sumisa y abnegada que se propagó durante el franquismo fue rota por las feministas que reclamaron derechos sobre su propio cuerpo a partir de los años 70 e incluso por empleadas de hogar que reclamaron mejores salarios al llegar la democracia.
La comisaria de la exposición, Cristina Zelich, apunta que la representación gráfica de las mujeres a lo largo del siglo XX exige una mirada crítica pues «la cultura masculina ha intentado restar importancia e incluso negar visibilidad a los logros conseguidos por las mujeres presentándolos, como dice Amelia Valcárcel, como una evolución espontánea».
La muestra está organizada en varios apartados que abarcan desde el ámbito privado y doméstico al público, pasando por el mundo de la educación, la ciencia, la cultura y el espectáculo, el trabajo remunerado y el deporte.
«La práctica del deporte está íntimamente relacionada con sus conquistas sociales», explica Zelich. A principios del siglo XX se desaconsejaba a las mujeres que practicaran deporte porque podía afectar a sus funciones reproductivas y masculinizar su cuerpo.
Después, el orden patriarcal estimó que serían apropiados para las mujeres deportes como la gimnasia y la natación. No el fútbol y el balonmano. Pero hubo mujeres ciclistas y campeonatos femeninos de fútbol y balonmano en los años 30. En la muestra también se recogen fotos de flechas de la Falange femenina realizando ejercicios gimnásticos en 1938, en plena Guerra Civil, en Burgos, y a un grupo de mujeres que participaron en el I Campeonato Nacional de Paracaidismo en 1961 en Torrejón de Ardoz, al igual que una imagen de la nadadora María Paz Corominas en los Juegos Olímpicos de México en 1968 y al equipo español de Gimnasia Rítmica en las Olimpiadas de Atlanta (1996). Hay una foto que es todo un emblema de la mujer de principios del siglo XXI: una joven anónima practica footing mientras aprovecha para pasear a su bebé en un carrito. La foto está fechada en Valencia en el año 2007.
En el mundo del trabajo, al lado del bautismo aéreo de la aviadora Dolores Belloso, en Torrejón de Ardoz en 1928, y de la científica Carmen Herrero Ayllón, que también fue campeona de jabalina en 1935, están las enfermeras de la Cruz Roja y las puericultoras de las Hijas de la Caridad. Junto a la primera española que se tituló en ingenería industrial, Pilar Careaga, allá por 1929 y a Margarita Salaverría, que dio el paso al acceso de las mujeres al cuerpo Diplomático en 1933 están las niñeras con bebés en el parque del Retiro de Madrid y las también anónimas costureras, castañeras, vendedoras de lotería, pastoras y agricultoras, vendimiadoras y jornaleras de todos los tiempos. De la primera mitad del siglo XX datan las vistosas fotos de bibliotecarias, telefonistas, operarias de Correos y de la Casa de la Moneda. Mineras, militares, cámaras de televisión, cocineras de alta cocina y diseñadoras se hacen visibles en la fotografía desde los años 80 hasta la actualidad.
Aunque hubo milicianas durante la Guerra Civil y mineras en la posguerra en las cuencas leonesas, una imagen que no llegó a los archivos de la Agencia Efe creada en 1939 con el objetivo «de contrarrestar las informaciones y la propaganda en la zona republicana y de difundir los ideales y los logros de los golpistas», apunta la comisaria de la exposición.
A través de las fotografías «se hace patente la presencia de la mujer en todos los ámbitos laborales, tanto en aquellos que se consideraban propios de su condición de mujer como en los supuestamente destinados a los hombres», explica la comisaria.
Las primeras mujeres tituladas universitarias datan de principios del siglo XX, pero eran una minoría. Eran conscientes de su situación, como deja patente el testimonio de una mujer en Crónica en 1930: «Yo soy una señorita de clase media que, entre esperar la solución del problema por el matrimonio o dedicarme al trabajo material, que casi siempre está mal remunerado, decidí, aprovechándome de las corrientes modernas, estudiar una carrera».
Hubo pintoras surrealistas como Maruja Mallo y Remedios Varo, mucho menos conocidas y reconocidas con los surrealistas. «También en este ámbito (la cultura) las mujeres han tenido que ganarse a pulso su visibilidad», sopesa Zelnich. El auge de las revistas ilustradas a partir de los años 20 impuso los retratos de las mujeres en las portadas, pero «todas ellas respondían a un ideal femenino impuesto por la mirada de los hombres» del tipo «mujer fatal, joven ingenua y perversa o guapa pero tonta». Sólo algunas consiguieron imponer su imagen, como es el caso de la actriz Margarita Xirgú o la bailaora Carmen Amaya, nacida en una barraca del barrio de Somorrostro en Barcelona.
En la política también hay protagonistas célebres como Dolores Ibarruri, La Pasionaria , secretaria y diputada del PCE en 1936, las primeras diputadas de la UCD en 1979, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá acompañada en un mitin electoral de 1995 por la candidata del PP a la alcaldía de Málaga, Celia Villalobos, y el primer Gobierno paritario de Zapatero, de 2004.
Hay además muchas mujeres anónimas pero imprescindibles; desde las abnegadas madres de familias numerosas a las jóvenes emigrantes en una fábrica de conservas de Alemania en los años 60. Jóvenes luciendo mantilla española durante la Semana Santa sevillana, bailando el twist o a punto de saltar de las sillas durante el concierto de The Beatles en Madrid en 1965.