Diario de León

política

el cumpleaños más infeliz del psoe

los socialistas conformaban un partido todopoderoso hace tres décadas, pero ahora tiene los jirones deL poder y una crisis interna en ciernes

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paula de las heras
León

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El 28 de octubre es una fecha para enmarcar en el PSOE, la efeméride de la mayor victoria jamás lograda por ningún partido en la España democrática: 202 de los 350 diputados que tiene el Congreso, un 48% de los votos válidos, hicieron a Felipe González presidente del Gobierno. Treinta años después los ecos de la fiesta se han apagado por completo. No hay nada que celebrar en un partido sumido en la zozobra, más descapitalizado que nunca, incapaz de conjurar el riesgo de una confrontación interna y en busca de un proyecto que le permita volver a conectar con una mayoría social que le ha dado la espalda.

Después de alcanzar un mínimo histórico de 110 diputados en las generales de hace un año, y de haber perdido en una sola legislatura más de cuatro millones de votos, el temor a caer en la irrelevancia se ha apoderado de todo. La preocupación ante unas encuestas tozudas, que se empeñan en subrayar lo inútil de los esfuerzos dedicados por la actual dirección del partido a recuperar la confianza perdida, ha dado paso a una ansiedad difícil de contener tras los pésimos resultados en las elecciones de Galicia y País Vasco. Al PSOE, esa es la conclusión de la dirección del partido, no se le percibe como alternativa de Gobierno.

¿Va camino de la extinción? «Tanto como eso no —sostiene uno de los dirigentes más críticos con la actual cúpula socialista—. Esto no es la UCD, somos un partido con más de cien años de historia y si nuestra papeleta faltara un día habría miles de personas que escribirían PSOE en una servilleta y la meterían en las urnas. Pero debemos asumir que no volveremos a ser el partido hegemónico de la izquierda, que sólo podemos aspirar a ser el mayoritario y lo que queda del ‘felipismo’ no está dispuesto a aceptarlo».

Lo que queda del felipismo, según esa terminología, es Alfredo Pérez Rubalcaba, apoyado efectivamente por González y veteranos como José Bono, Ramón Jáuregui o incluso, con más distancia, Alfonso Guerra. Pero es también un equipo de personas que pertenece a una generación posterior, entre los 35 y los 55 años, como la vicesecretaria general, Elena Valenciano, el secretario de Organización, Óscar López, el líder de los socialistas vascos, Patxi López, o la portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez.

Aspiran a volver a hacer del PSOE lo que era y en su hoja de ruta está incluso la celebración de una gran Conferencia Política que permita al partido acometer una renovación ideológica similar a la que en 1979 llevó a abandonar los postulados marxistas; un elemento clave para la gran victoria de 1982. Dar aquel salto no fue fácil y llegar hasta él tampoco en el tardofranquismo se había producido la división entre el PSOE histórico de Rodolfo Llopis y el PSOE renovado del que formaba parte González.

Ahora no es un hombre en la treintena, sino uno de más de sesenta, quien aspira a pilotar la transformación socialista. A apenas ocho meses del congreso federal que designó a Rubalcaba secretario general con un 51,16% de los votos, suenan tambores de guerra interna.

Desde el principio

«Volvemos a la casilla de salida», resumía gráficamente este lunes uno de los miembros de la ejecutiva que más se significaron en la campaña para la elección del exministro del Interior. «La cuestión de la candidatura vuelve a abrirse y en las próximas semanas vamos a ver muchos movimientos». Es como si 2011 hubiera sido un año perdido. Eso lo admiten tanto los críticos como los afines al secretario general. Solo que los primeros creen que «hace falta una sacudida», cambio de caras, y los segundos, que basta con «hacer más rápido» lo que ya tenían en mente.

Rubalcaba ha dejado clara su intención de seguir al frente de la nave hasta el 2016, pero está dispuesto, según aseguran algunos dirigentes cercanos, a dejar que alguien más joven y menos identificado con el pasado ocupe el cartel del PSOE para las próximas elecciones. Los plazos son harina de otro costal. En su entorno no falta quien presiona para que el proceso de primarias se abra ya, en el 2013, con la idea de que la renovación se visualice cuanto antes. Sin embargo, en su círculo más próximo apuntan que lo conveniente es esperar a algún momento entre las elecciones europeas de junio del 2014, las primeras de ámbito nacional desde la debacle del 2011 y primer gran test para la actual dirección socialista, y las municipales del 2015. «A esas quizá si nos interese ir con el candidato elegido; antes corremos el riesgo de achicarrarlo» argumentan.

Mientras tanto, en Ferraz pretenden centrarse en los que creen sus dos principales problemas: la falta de un discurso territorial unitario, algo que, admiten, le ha hecho mucho daño ahora y en el pasado, y la elaboración de una alternativa económica al Ejecutivo del PP.

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