Diario de León

CANTO RODADO

El viaje

el viaje para el que más billetes se están vendiendo es el trayecto en picado hacia la pobreza, que se hace a pie, sin alforjas y con el viento de cara

Ana Gaitero
León

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Por aquel entonces el viaje era un coche de línea verde y culebrillas en el estómago al bajar y subir las cuestas entre Villaornate y Castro. El destino era la plaza de Santa Ana de León y luego, a pie, el callejeo de tiendas o médicos que era a lo que se venía a León. Otro viaje discurría sobre las tablas chillonas del puente entre Villafer y Villaquejida para ir a Benavente, seguramente por las fiesta del Corpus, al Toro Enmaromado. Andando el tiempo, fue el viaje en autobús, desde Armunia hasta León, cuando había cobradores y conductores. Se subía la gente al vehículo por la puerta de atrás y se bajaba por la delantera.

Luego fueron los viajes en tren a Galicia, en verano, y a Madrid en los coches de Fernández. El avión es cosa de hace dos días. Londres, Tenerife, Bruselas, La Habana, Marrakesh, Ginebra, Barcelona... Era como si el mundo se hiciera cada vez más pequeño. Apenas un recuerdo de las barcas que cruzaban el Esla, el viaje inolvidable en el ferry entre Alicante y Orán cargado de coches y camiones con ayuda humanitaria para los campamentos saharauis de Tinduf y algunos paseos marítimos en los veranos azules de la prosperidad.

A la estratosfera

Ahora el mundo vuelve a ser grande. Viajar es más fácil, pero menos posible. Ensayan viajes a la estratosfera que la mayoría de la gente nunca podrá experimentar. Vete tú a saber si quieren siquiera. Un viaje de apenas cinco horas para ver el día y la noche al mismo tiempo por una cantidad astronómica, como no podía ser de otra manera.

La empresa catalana lleva 20 millones de euros invertidos en el proyecto. No sabemos si alguno habrá caído en León o siquiera en la Base Aérea de La Virgen del Camino, donde se realizan algunas de las pruebas. Pero al menos hemos encontrado una ventaja en esta empresa que supone un nuevo desafío de la ciencia al servicio de una pequeñísima parte de la humanidad: ¿Quién dijo que la despoblación era un problema si León se convierte en una de las candidaturas idóneas por ser precisamente un lugar poco poblado? Aquí estamos esperando una oportunidad en la era espacial, mientras el Ayuntamiento recorta líneas y trayectos de los servicios de autobús urbano para ahorrar dos millones de euros.

Tanto, tanto vamos a ahorrar en este viaje interminable de la crisis que los políticos que tanto custodian el cajón de los servicios públicos para engordar el de los negocios privados corren el riesgo de quedarse sin funciones. Claro que siempre tendrán la oportunidad, cómo no, de conseguir un sillón en algún consejo de administración.

En la estratosfera deben estar también las promesas electorales de acabar con la lacra del paro que hicieron el alcalde Emilio Gutiérrez y su compañero, el presidente Rajoy para ganar las elecciones en esta tierra. Ya estamos más cerca de los seis millones que de los cinco. A la estratosfera nos llevan el alma y las ilusiones. Y algunos hasta la vida y sin la ayuda de Caronte para pasar al otro lado con el alivio. Y dirán también que esa es otra forma de viajar.

A la pobreza

Sin duda el viaje para el que más billetes se venden, aunque nadie los quiere comprar, es ese trayecto en picado hacia la pobreza al que se está condenando a cada vez mayor número de personas. Los viajes a la estratosfera son el paradigma de la distancia, cada vez mayor, entre ricos y pobres. El nicho de los productos de lujo es el único negocio que prospera y no sólo entre los coches.

En el camino a la pobreza, que se hace a pie y sin alforjas, con el viento de cara, se encuentran las paradas de la caridad y de los bancos de alimentos. Las oenegés se convierten, quieran o no, en las samaritanas sustitutas del Estado de derechos.

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