Diario de León

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El refugio mental de los héroes

Se enfrentan a situaciones críticas que ponen en riesgo no sólo su integridad física sino también su bienestar mental. El equipo de psicología trabaja para que los militares de la UME aprendan a gestionar las emociones y el estrés que las misiones en las que participan les ocasionan.

Los militares de la UME durante un despliegue en México con motivo del terremoto

Los militares de la UME durante un despliegue en México con motivo del terremoto

Cristina Fanjul
León

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El olfato es el sentido más primitivo del ser humano. No está casi desarrollado, por lo que es el que permanece con más intensidad en una situación traumática». Cuando imaginamos a los militares de la Unidad de Emergencias solemos ver un slogan con el que representamos una idea de imbatibilidad y potencia. Pensamos en las víctimas del fuego, de las nevadas, en los muertos que provocan los terremotos, en los cuerpos que yacen bajo los escombros de un edificio que se ha desplomado y rara vez nos percatamos de que quienes les salvan la vida tienen que estar dispuestos a dejarse contaminar por su dolor, a mantener la aflición en algún reservorio de su memoria, a impregnarse del olor a muerte y sentir hasta qué punto la vida es frágil, etérea y su final, siempre, se convierte en un recuerdo trágico y recurrente.

No pensamos en los rescatadores como personas sino más bien como una fuerza capaz de cargar con todo, incluso con el trauma que el trato con el desastre genera. Sus misiones en las situaciones críticas provocan cicatrices que, como vestigios, van acumulándose en el subconsciente, restos que abren fallas que, eventualmente, pueden abrirse provocando heridas psicológicas. De hecho, los cuerpos uniformados sufren un estigma de importancia radical, un mantra que aún no se ha superado y que lleva a creer que pedir ayuda es propio de personas débiles.

Imagen del móvil con la aplicación de la UME. 

«Es más bien al revés, y este esquema mental puede derivar en problemas psicológicos importantes», enfatiza el picólogo de la UME Alberto Pastor. El capitán leonés subraya la importancia que para los rescatadores tiene contar con tres herramientas en situaciones de emergencias: una escala de valores volcada hacia el servicio público, buena preparación psicológica y un entrenamiento transversal. «Todos estos criterios se cumplen en la Unidad Militar de Emergencias. El entrenamiento y la preparación hacen que estemos mejor preparados y que el riesgo disminuya», explica.

De hecho, Alberto Pastor asegura que hay evidencias científicas que recogen que en situaciones de desastres la población civil corre un riesgo de entre un 20 y un 40% de sufrir patología traumática mientras que en el UME este rango se cierra y oscila entre el 5 y el 10%. Pero el peligro existe y la factura se paga antes o después.

Además, hay intervenciones especialmente sensibles —aquellas en las que se ven involucrados niños es un ejemplo— que hacen que los militares necesiten ayuda extra. Para ello, el equipo de psicología de la UME ha creado un aplicación móvil, psicume, que nace con la vocación de llenar el vacío al que se enfrentan los profesionales durante las operaciones. Tres militares han creado esta tecnología que ya está en el móvil de todos los miembros de la unidad.

El capitán Alberto Pastor es uno de los creadores de la aplicación Psicume. UME

Es una ayuda, pero el servicio de psicología de la UME es eficaz y su programa de entrenamiento ayuda a los militares a desenvolverse con ‘higiene’ mental en momentos especialmente delicados. Los profesionales de este cuerpo del Ejército reciben entrenamiento psicológico tanto durante su formación como de manera anual, y la preparación les permite desarrollar unas destrezas fundamentales para gestionar tanto a las víctimas de desastres naturales como a su propia psique.

Todos los programas de formación les capacitan para reaccionar y actuar para salvar vidas. Es el caso de los primeros auxilios psicológicos, con los que la UME puede ayudar a víctimas de desastres naturales y sus familiares. «Una crisis de ansiedad entorpece un rescate. Si somos capaces de gestionarla y suavizar la situación, estamos ganando tiempo esencial para salvar vidas», explica el capitán. Alberto Pastor concreta que una de las finalidades de la aplicación es enseñar a los militares pautas de protección.

«Hay sintomatología que puede ser peligrosa. ¿Un ejemplo? Alguien que no responde a su nombre, que mira al cielo. Esta gestualidad puede ser i

ndicativa de un intento de suicidio», asegura el capitán, que incide en que uno de los ‘problemas’ es que la gente es buena por naturaleza. Esta realidad positiva puede llevar, sin embargo, a enfocar un acontecimiento crítico con conductas que son perjudiciales para resolver la situación de crisis: «Frases que se usan casi sin pensar, tales como ‘tranquilícese, no pasa nada o todo se va a resolver’, no son buenas en determinados momentos. Hay gente que quiere gritar y tiene que expresar sus emociones para no tener problemas psicológicos a posteriori», recalca.

Los entrenamientos y análisis a los que los militares acuden también les ayudan en la comunicación de malas noticias, como la muerte de un familiar. El capitán se muestra tajante en este caso: «metemos la pata cuando tratamos de dar más información de la cuenta. Si no sabes qué decir, es mejor que no digas nada». En las Fuerzas Armadas hay un protocolo que muestra la forma de manejar este tipo de situaciones. Resulta fundamental esperar y vigilar ventanas, por ejemplo. «Si alguien a quien que acabas de dar una mala noticia te dice que se va a cambiar, debes acompañarle porque en ciertos casos tratarán de hacerse daño por el desgarro que la información les ha producido».

Los militares de la UME reciben formación para saber gestionar sus recursos mentales durante incidentes críticos con gran impacto traumático. Un accidente de tren con muertos o un terremoto son ejemplos de este tipo de misiones. El capitán Pastor recuerda el caso del asesinato de una madre y su hija a manos de los narcos en Dos Hermanas.

Los cuerpos, rescatados por la UME, se encontraban bajo el suelo de hormigón de la cocina de la vivienda. Los sacaron quince días después de su desaparición. «La policía nacional sabía dónde estaba y nos pidió ayuda. Yo dirigí la sesión psicológica posterior y les recuerdo muy centrados en su tarea», recuerda el capitán, que deja claro que no hay diferencias entre las secuelas psicológicas que sufren las mujeres militares de las que padecen los hombres. «Está contrastado que la capacidad de las mujeres de contar las cosas beneficia. Lo malo es guardarse el trauma, tratar de hacerse el supermán. Si tienes ganas de llorar, lloras, si tienes ganas de gritar, gritas y si quieres reir, tienes que hacerlo». Y es que desde el punto de vista emocional, la resiliencia es más propia de sociedades en las que el rol masculino se matiza.

Uno de los peligros que acecha es la posibilidad de sufrir estrés postraumático. Para evitarlo, el equipo de psicología entrena a los profesionales con técnicas que movilizan los recursos traumáticos y que hacen que esos pensamientos no queden fijados en la memoria. Esta técnica ya se puso en marcha durante las operaciones de rescate tras el terremoto de México en 2017. Las labores de los militares españoles lograron recuperar al menos medio centenar de cuerpos en una misión que se prolongó durante casi un mes. Los debrifing (reunión posterior a una misión) son muy beneficiosos en estos casos porque permiten trabajar la imagen traumática. «En el caso de México, les pregunté uno por uno qué vieron, qué pensaron, lo que sintieron cuando desenterraron cuerpos». El capitán explica que esta técnica incide en el trauma: «A veces hay que forzar a la persona a recordar qué ropa llevaban las víctimas o a qué olía en la escena», manifiesta el psicólogo de la UME, para quien este tipo de procedimientos consiguen gestionar de manera racional todos los recuerdos que se han sumido en el inconsciente y que con el tiempo pueden degenerar y provocar daños.

Entre las fortalezas del equipo de psicología de la UME destaca la formación psicológica de los jefes de equipo para que ellos mismos puedan desarrollar esta labor al final de la misión. «En los equipos de rescate siempre hay un juicio crítico al final de la jornada», destaca este experto, que precisa que la técnicas se desarrollan en una sesión tan pronto como es posible después del incidente crítico. «Siempre debe hacerse en las primeras 24 horas. Hay muchos rescatadores que movilizan todas sus emociones al final del día con la finalidad de no llevárselas a la cama», explica el capitán, que precisa que este juicio crítico tiene como objetivo que las gestiones emocionales «se ventilen». «Sólo así es posible hacer frente a varios días de rescate».

‘Ventilar’ el trauma

Una vez que se acaba la misión debe realizarse un debrifing psicológico que no debe demorarse más allá de 72 horas «Es estructural y se basa en el análisis de la conducta», destaca el capitán Pastor, que explica que este análisis trata de estudiar los pensamientos y las emociones y dar a continuación unas pautas de actuación: «Yo siempre les digo que es normal que tengan miedo, o que en un momento dado hayan sentido rabia, pero es imprescindible componer el puzzle de los que pasó para salir del impacto emocional». El militar incide en que esta es una técnica no exenta de controversia porque puede producir retraumatización secundaria. No en vano puede llevar a que determinadas personas a las que no había afectado el rescate, revivan emociones indeseables. Por eso es imprescindible que las gestiones sean dirigidas por profesionales. No obstante, hasta el momento la UME no ha sufrido ningún caso de estrés postraumático.

El capitán Pastor subraya que el equipo de psicología de la UME atiende a cinco batallones y al regimiento de apoyo. Estos profesionales no son simples psicólogos sino que están formados de manera específica en el ámbito de actuación de este cuerpo del Ejército. Por ello, y como reconoce la comandante Bardera, tienen conocimiento sobre el medio en el que van a trabajar, situaciones de desorganización y caos, así como de las reacciones que son esperables en la población afectada. «Pero además de estas generalidades, deben estar formados en la evaluación y triage de riesgo psicológico, en toma de decisiones y en intervenciones específicas con personas vulnerables: ancianos, niños, discapacitados», manifiesta.

No en vano, la UME ha participado desde 2010 en seis misiones en el exterior y es ya una de las unidades de referencia a nivel mundial en casos de búsqueda de personas y rescates urbanos.

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