El reino del león pasante
Es el emblema heráldico más antiguo de Europa. Más que los leones de Ricardo Corazón de León, el castillo de Castilla, la flor de lis o el águila del Sacro Imperio. Nueve siglos después, los leoneses resucitan el antiguo símbolo regio. En los coches, joyas, tapices, objetos y tatuajes. Vuelve el león pasante al viejo Reino

La glorieta del león pasante, en la zona de la Universidad.
Otro león le ganó la batalla. Y eso que él ya estaba allí desde 1126. Mucho antes que aquellos tres que estaban en el escudo de armas más antiguo de Gran Bretaña, el de Ricardo Corazón de León. Y antes de que apareciera el castillo de Castilla, la flor de lis de Francia o el águila del Sacro Imperio. Nueve siglos después, León resucita a su león más viejo, el pasante, el emblema heráldico más antiguo de Europa.
Vuelve el león pasante al viejo Reino. Desde el cielo se ve con nitidez en la glorieta de la Universidad y de frente, en la de la Plaza de Toros. Dos de los pocos ejemplos. Porque las instituciones prefieren el rampante, más guerrero y aguerrido. Y, sin embargo, son los ciudadanos de este territorio de derechos y libertad los que han resucitado al león que se pasea. Una nueva manera de identificarse como miembros de este territorio, en los coches, en pegatinas, en joyas y adornos y hasta en tatuajes. La reivindicación del que fue primero, del origen y marchamo de una tierra que ha escrito la historia de Europa.
El león aparece documentado por vez primera en las monedas acuñadas por Alfonso VII 'el Emperador', hijo de la primera reina europea por derecho propio, Urraca I 'la Temeraria', valiente e indómita, que enervaba a su segundo marido firmando «regina», que nunca se rindió, que tenía derecho a ser reina y lo fue, que luchó hasta el final por sus derechos dinásticos y se enfrentó al poder de los hombres de su época. Fue su hijo Alfonso, rey de León y emperador de Hispania entre 1126 y 1157, quien incorporó la figura del león a su reino. Primero en las monedas y sellos, luego en la bandera y finalmente también en los documentos regios. Era su signo personal, la marca del monarca.
Hasta este momento, los reyes leoneses utilizaban en sus documentos y monedas la cruz. Alfonso VII la desplazó y, finalmente, el león se hará triunfante durante los reinados de Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230).
«La primera referencia escrita del león como símbolo personal del rey y, por ende, del reino, la encontramos en la 'Chronica Adefonsi Imperatoris', coetánea de Alfonso VII», dice Ricardo Chao. El historiador y escritor, autor del blog 'Corazón de León', cita el texto medieval, con traducción de Maurilio Pérez González. «En ella, al describir los ejércitos que participan en la toma de Almería, se dice literalmente: «(...)la florida caballería de la ciudad de León, portando los estandartes, irrumpe como un león (...) Como el león supera a los demás animales en reputación, así ésta supera ampliamente a todas las ciudades en honor. Sus distintivos, que protegen contra todos los males, están en los estandartes y en las armas del emperador; se cubren de oro cuantas veces se llevan al combate», destaca.
Chao, que denuncia que «el olvido al que se ha sometido al Reino de León es absolutamente injusto», explica que la bandera medieval del Reino de León «básicamente consistía en un león pasante de color púrpura que ocupaba la mayor parte del campo de la bandera. El fondo era de color blanco, o gris muy claro, simulando plata», y que bajo esta bandera «combatieron los ejércitos gallegos, leoneses, asturianos, extremeños, e incluso los castellanos en época de Alfonso VII».

Óbolos de vellón acuñados por Alfonso VII el Emperador en los que aparece el león a la derecha con la cabeza vuelta y las fauces abiertas.
En 1126, bajo su reinado, se acuñan unos óbolos de vellón en los que aparece el león a la derecha con la cabeza vuelta y las fauces abiertas, la leyenda 'Leonis' y en la otra cara una cruz patada, llamada también cruz templaria, que se caracteriza porque sus brazos se estrechan en el centro y se ensanchan en los extremos. 85 gramos de valor histórico.
Una cuestión práctica relegó al león pasante. Simplemente, ocupaba más espacio. Eran más difíciles de colocar dos en una misma bandera, como era costumbre en la heráldica medieval.
«Contra lo que mucha gente pudiera pensar, no tenía mucho que ver con la tan querida bandera leonesa actual», dice Ricardo Chao. «En primer lugar, el león no era rampante, sino pasante. Todos los leones que aparecen en las monedas, signos rodados y sellos de los reyes leoneses son pasantes, unas veces orientados hacia la derecha y otras hacia la izquierda. Sólo hay dos excepciones: los que aparecen en los escudos de Fernando II y Alfonso IX en sus representaciones del Tumbo A de la Catedral de Santiago. En estos casos, se puede apreciar que son leones rampantes, pero el motivo está claro: las figuras heráldicas siempre han de disponerse de forma que ocupen la mayor parte del campo. En el caso de un escudo, es evidente que un león pasante ocuparía sólo un tercio del campo, mientras que si lo ponemos en posición vertical y lo agrandamos, ocupará todo el espacio disponible», explica. «Después de todo, un león rampante no deja de ser un león pasante puesto en posición vertical», puntualiza Chao. «Se cumplía también la norma de 'horror vacui' tan en boga en la Edad Media, el relleno de todo espacio vacío en una obra de arte», apunta además.

El león pasante y el león rampante.
Y así fue como acabó triunfando el león rampante, de perfil, alzado sobre la pata trasera izquierda, con las patas delanteras en posición desafiante y la cola elevada, de color morado o púrpura sobre fondo blanco o plateado y al que coronó mucho después Sancho IV durante su reinado (1284-1295).
Después, dio el salto para compartir espacio con los castillos.
«Con la división del reino, León conservó este signo pero Castilla se vio obligada a crearse uno nuevo. Parece que al principio los castellanos utilizaron una simple cruz, pero, tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, Leonor Plantagenet, esposa de Alfonso VIII, diseñó el famoso castillo dorado sobre campo rojo», dice Chao. Y añade: «La elección de los colores no fue al azar. Leonor estaba acostumbrada a los leones de oro sobre campo de gules de su dinastía y además estos colores contrastaban grandemente con los de los leoneses en el campo de batalla».
«Hemos de suponer que, al menos al principio, la bandera que se tremolaba en León con ocasión de la proclamación de un nuevo rey debía ser semejante a la del cortejo mencionado. Y es que León tenía el privilegio de tremolar su propio pendón en lugar del de Castilla, que era el que se utilizaba en la práctica totalidad de la Corona en estas solemnes ocasiones», puntualiza Ricardo Chao.
En los cuartelados no había sitio para dos leones pasantes por lo que se les puso 'de pie', rampantes.
El paso del león a la bandera de la ciudad, la provincia y la Región no está claro. «No lo sabemos, pero probablemente no es tan antigua como algunos piensan», reflexiona Ricardo Chao. «La primera descripción de un pendón semejante la encontró Waldo Merino en el acta de 18 de febrero de 1789 del Libro de Acuerdos Municipales. En ella se dice que el pendón de la ciudad era de color carmesí, con seis tarjetas o pequeños escudos con sendos leones de oro, plata y seda. Sabemos que el pendón se solía renovar en cada proclamación de un nuevo rey y así el número de escudos variaba en cada ocasión», explica Chao. «De la misma época que el mencionado por Merino, o un poco posterior, es el pendón que se conserva en el despacho del alcalde, que consta de un escudo con un león rampante dorado en el centro y dos más pequeños en las puntas, bordados sobre una tela de damasco de color carmesí. En mi opinión, éste era el pendón de la ciudad de León y, con el paso del tiempo y con algunas minúsculas variaciones, acabó representando a toda la provincia y a la Región. Es el que se utilizó como modelo en el siglo XIX para confeccionar la actual bandera leonesa», puntualiza el investigador leonés.

El león pasante en un coche de León.
La imagen del león y su poderío venía heredado de Grecia y Roma y lo adopta el rey cristiano en el siglo XII. Aunque en realidad, es la representación de un término —lo que se conoce como ‘figura parlante’ — y no del animal. No es el felino que reina en la selva si no la derivación de la palabra ‘legio’, de la Legio VII Gémina Pia Felix, la legión romana que se asentó en el solar que hoy es León en el año 74 dC tras la marcha de la VI Victrix, en el campamento militar romano que fue el germen de la ciudad.

Detalle de la bandera con el escudo de armas de Felipe VI que ondea en el Palacio de la Zarzuela, con el león rampante. El guión real sobre el que se bordan las armas es de "damasco carmesí", volviendo al tradicional color histórico.
Y pasó de siglo en siglo. En el cortejo fúnebre de Carlos V dibujado por Jean y Lucas Doetecum en 1559, el león rampante púrpura con corona de oro sobre fondo blanco. Un león con los mismos colores en un plato de Manises del siglo XV. Felipe II y su heráldica del «león de España» como símbolo del país que iba incluso en los galeones como mascarón de proa. Felipe IV y los cuatro leones de bronce que custodian la entrada al Palacio Real. Después, Felipe VI, que en su escudo real incluye un león rampante coronado en el segundo cuartel, representando al antiguo Reino de León, símbolo que se asocia con la realeza y la fuerza, uno de los cuatro cuarteles del escudo que representan a los reinos históricos de España, el rey que en su divisa coloca en un lugar dominante el león rampante coronado y las armas de los reyes de León, con paño rojo carmesí, color tradicional en la monarquía española desde hace al menos cinco siglos, en lugar del azul del de su padre, Juan Carlos I. Y los leones como guardianes de la democracia en la puerta del Congreso de los Diputados.

El león pasante en un bellísimo tapiz de Marucha García.
De rampantes está llena la ciudad, desde el Puente de los Leones a la puerta de la iglesia del Mercado, de la rotonda del León, en la avenida de Reyes Leoneses, al de la fuente de San Isidoro, de los del puente de Puente Castro al de la alcantarilla en la plaza de San Marcelo.
Pero el pasante no ha quedado en el olvido. León recupera su viejo león, el emblema heráldico más antiguo de Europa. En los coches, joyas, tapices, objetos y tatuajes. 63 años antes de que Ricardo Corazón de León lo llevara a su escudo, un rey leonés lo convirtió en el símbolo de su reinado, de su poder regio. Y sigue representado a esta tierra de los fueros, el fuero juzgo, los concejos, los derechos ciudadanos otorgados hace siglos que son aún modernos, de las Cortes de León de 1188 y su primer parlamento moderno... mucho antes de todo. La huella del león pasante revive ahora en León.

Gemelos con el león pasante de Sánchez Joyeros.

Imán con el león pasante, de Bardón.