Diario de León

«A Neruda hay que desmitificarlo»

Volodia Teitelboim | Escritor, ensayista y político

Neruda conversa con el presidente Salvador Allende y Teitelboim en Isla Negra a principios de 1973

Neruda conversa con el presidente Salvador Allende y Teitelboim en Isla Negra a principios de 1973

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MIGUEL A. NEPOMUCENO | TEXTOS FUNDACIÓN PABLO NERUDAY TEITELBOIM | FOTOS
León

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Aunque hoy su nombre ocupe las páginas de los principales rotativos españoles por la reciente publicación de la que ya está considerada como la biografía definitiva sobre su amigo y compatriota Pablo Neruda, su figura bastaría por sí misma para concitar la atención no sólo de los medios de comunicación sino de todos aquellos que hayan sentido en algún momento la necesidad de seguir día a día el acontecer de la historia política y literaria de América Latina en los últimos setenta años. Considerado como uno de los autores más relevantes de las letras chilenas y americanas del siglo XX y uno de los políticos más comprometido con el proceso cultural de su país a lo largo de siete décadas, Volodia Teitelboim, (Chillán 1916), es el escritor más vigente de la literatura chilena actual con una obra que atraviesa todo el siglo XX y se atalaya expectante en los albores del XXI. Abogado de profesión, diputado, senador electo en el 65 y en el 73, Secretario General del Partido Comunista Chileno hasta 1994, Premio Nacional de Literatura en el 2002, ensayista, novelista, poeta y biógrafo, Teitelboim, es el más ilustre representante de la generación del 38 y testigo privilegiado de un continuo cambio de épocas y de gobiernos y el más importante creador del proceso cultural chileno de este siglo. En reconocimiento a esa labor en favor del desarrollo de la cultura y las libertades de su país en mayo de 1996 el gobierno chileno le otorgó la Orden Gabriela Mistral en el grado de Gran Oficial. Autor de libros tan significativos para conocer la cultura y la política de su país como Antología de la poesía chilena nueva (1935) en colaboración con Eduardo Anguita, El amanecer del capitalismo y la conquista de América (1943), Hombre y hombre (1969), El pan y las estrellas (1973), El oficio ciudadano (1973), La letra y la sangre (1986) y En el país prohibido (1988); a sus novelas, Hijo de salitre (1952), que Neruda consideró en su prólogo «Racimo asombroso de vida y de luchas cargadas de semillas», La semilla en la arena (1957) y La Guerra interna (1979), traducidas a varios idiomas, se suman diversos ensayos sobre los procesos históricos, intelectuales y literarios de América Latina. Como biógrafo Volodia ha dejado cuatro magistrales retratos de escritores del siglo XX: Gabriela Mistral. Pública y secreta ; Huidobro, la marcha infinita, con el que obtuvo en 1993 el Premio Ensayo del Consejo nacional del Libro y la Lectura y los dos que acaban de aparecer en España primorosamente editados por Ediciones Meran: Los dos Borges y Neruda. La biografía (Madrid, octubre, 2003), esta última con motivo del treinta aniversario de la muerte del poeta. La primera edición que apareció en Madrid, en 1984 y fue traducida al alemán, ruso, francés e inglés pronto apareció en las librerías de Estados Unidos, Argentina y Cuba y ya más tardíamente en Chile, donde fue conocida en forma clandestina o a través de ediciones piratas . La vida y la obra de Volodia Teitelboim están hechas con el mismo material con el que se construyen los sueños: la utopía y en sus escritos ha dejado esa huella que le distingue sin paliativos de sus otros colegas de profesión: su excelente domino del idioma y su profundo humanismo identificado con la historia y el pueblo chileno. Conversador infatigable y ameno, sus ochenta y siete años no se reflejan en absoluto en sus reposados ademanes. Por el contrario unos ojos escrutadores y un pausado pero lúcido verbo unido a una memoria privilegiada delatan de inmediato que nos encontramos ante un ser excepcional que se mantiene todavía muy lejos de la senectud. Esta entrevista en exclusiva para Diario de León ha sido posible gracias a su editor en España Jesús Boyero quien también ha cedido amablemente todo el material fotográfico utilizado en este reportaje actualmente depositado en los fondos de la Fundación Pablo Neruda. A penas dos timbrazos y de inmediato toma el teléfono que le pasa su secretaria anunciándole una llamada desde España. Sin a penas mediar palabra escucho su voz inconfundible, pausada y melodiosa que me saluda efusivamente: «Siempre resulta muy agradable hablar con mis amigos españoles. ¿Cómo están?. Le hablo del éxito que están teniendo en España sus dos nuevas publicaciones sobre Neruda y Borxges y enseguida iniciamos una distendida charla sobre literatura y política, las dos pasiones de este «joven» de 87 años que aún tiene ánimo para viajar a Cuba a tomar parte, invitado por su amigo Fidel Castro, en el Tercer Congreso de Cultura y Desarrollo que en el mes de junio tuvo lugar en La Habana. ­-Hace escasamente dos semanas apareció en España, editada por Merán de Madrid su nueva biografía sobre su amigo entrañable Pablo Neruda, que ya había sido publicada hace 19 años con motivo del 80 aniversario del nacimiento del poeta. La de ahora parece que se adelanta oportunamente al centenario del nacimiento que tendrá lugar el próximo año ¿qué le impulsó a volver a revisarla y qué aporta de nuevo con relación a aquella anterior ahora agotada? -Ante todo decir que la biografía o autobiografía más entera y autorizada de Neruda está en su poesía. Es ciertamente más reveladora que todos los libros escritos sobre el poeta, incluso que esa fragmentaria y estupenda colección de remembranzas personales que tituló « Confieso que he vivido » . Pero creo que esta edición que ahora aparece en España es mucho más completa que la de hace 19 años ya que aporta gran cantidad de datos y muestra importantes aspectos antes silenciados de la vida del autor de Canto General, de una manera mucho más profunda. En ella me acercó de una forma más directa a aquellas personas que estuvieron cerca de él especialmente mujeres. Buceo también en los últimos momentos de la vida del escritor, un hombre que tuvo varios sepelios debido a la situación política en aquellos momentos en Chile. Tomo en cuenta la sobrevida de Neruda cumpliéndose así las proféticas palabras del poeta cuando dijo «No crean que voy a morirme. Me pasa todo lo contrario: sucede que voy a vivirme». Indago también en sus viajes como embajador que lo llevaron a distintos países de Asia. La verdad es que la primera edición fue un libro casi desconocido especialmente en España. Por eso yo tenía tanto interés de que llegará ahí. -Entonces, ¿ha quedado satisfecho con la edición española? -Me ha gustado muchísimo, tanto por lo cuidado del texto como por la edición en sí ya que se han incluido en ella por primera vez fotografías de la Fundación Pablo Neruda y de mi archivo personal. Creo que ahora se va a conocer en España a Neruda como es debido y se le va a escuchar como merece. Usted sabe muy bien que Neruda quiso mucho a España y lamentó enormemente no haber podido regresar durante los años del franquismo. En mi libro hay muchas páginas dedicadas a ese período y se puede ver la relación que tuvo Neruda con los escritores de la «Genaración del 27», Hernández, Lorca, Alberti, Aleixandre, Rosales, Zambrano¿, para él España era lo que dejó escrito en su libro «España en el corazón» tal vez la muestra más verídica de la compenetración íntima entre Pablo Neruda poeta y aquella España con su tragedia. Poeta útil -¿A treinta años de su muerte que queda de Neruda en su tierra natal y qué aporta su poesía al hombre de hoy? -Neruda es un poeta que siempre estará vigente tanto en el siglo que le tocó vivir como en este que estamos. Es un poeta multiuso que lleva consigo los sentimientos más ancestrales del hombre. Fue llamado con toda justicia el poeta del amor y también un gran poeta de la Naturaleza. Fue un poeta todo terreno que creyó en el cambio y tuvo fe en que el hombre se revelara contra la injusticia social y militar. Él naturalmente no vivió para ver los cambios profundos que se estaban produciendo en la sociedad y no vio las multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra de Irak que se produjeron en numerosos países, pero creyó en él hombre libre y eso es realmente lo que tiene importancia y engrandece la figura de Neruda. Treinta años después de su muerte Neruda sigue siendo, como a él le gustaba decir, «un poeta útil». -¿Queda aún mucho por descubrir de Neruda, desde el punto de vista biográfico? -Sí, queda aún el Neruda radiofónico. Pero creo que a Neruda no hay que convertirlo en un mito, ni en un icono del siglo. Hay, ante todo que seguir leyéndolo, esa es la mejor manera de comprender sus pensamientos. Yo fui amigo personal de él durante cuarenta años y puedo decir que era una persona cordial, amable, sencillo, directo y fraternal, pero eso también se encuentra, si se sabe leer, en sus escritos. -Borges junto con Neruda ha sido el otro autor al que ha dedicado más esfuerzo en estos últimos años escribiendo su biografía, también de reciente actualidad, titulada «Los dos Borges». ¿Qué ha visto un comunista como usted en un escritor políticamente tan poco comprometido como Borges?. -Borges estaba justamente en las antípodas de mi pensamiento político. El hecho de que no fuera un hombre comprometido con los avatares políticos de su tiempo hay que entenderlo desde su misma esencia. Borges era un hombre profundamente contradictorio, tal vez debido a la ceguera que le acompañó durante casi toda su vida que lo aisló y lo cautivó sólo para sí mismo. Para mi estas contradicciones, esta polaridad de ideas no significan desconocer el mérito y la grandeza de este hombre universal. Que mis ideas no comulguen con las suyas no empaña lo más mínimo su talla de grandísimo escritor que me atrajo y me atrae profundamente. Quise escribir una biografía que tuviera varias lecturas. Una la que muestra al hombre de carne y hueso, con sus pasiones, arbitrariedades, invenciones. Otra la del hombre que lo leyó todo y conoce en profundidad las literaturas de muchos países. Profundicé en los escritores que lo inspiraron: Carlyle, De Quincey, Chesterton, Stevenson, y en aquellos maestros de la lengua a los que tanto envidiaba y a la vez amaba. Y por último quise acercarme a los amigos, colegas y enemigos para trazar una biografía lo más real y vívida posible. El lector podrá encontrar en sus páginas a numerosos compañeros de camino como Bioy Casares, Victoria Ocampo, Cansino Assens, Manuel Rojas, Raúl Muñón, Ernesto Sábato, Neruda, con quien Borges difirió abiertamente pero al que reconoció como gran poeta; Gabriela Mistral, Tagore...Y Eco que le rindió un cariños homenaje cuando hizo que Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego del Nombre de la Rosa, fuera un guiño directo al escritor argentino. Democracia incompleta -¿Cómo está en estos momentos la situación política en Chile, en su lenta apertura hacia la democracia? -Es una democracia incompleta, a la que cuesta mucho llegar. Queremos una democracia plena en la que estén representados con legitimidad todos los partidos y donde la izquierda también tenga su lugar. Hay que sumar el mayor esfuerzo y aspirar a un movimiento amplísimo que no tenga un signo partidario estrecho, sino que agrupe a todos aquellos que quieren en Chile la recuperación de una democracia genuina. Hay que mirarse hacia adentro, pero también hacia fuera, percibir lo que está ocurriendo en Chile pero también fuera de aquí y en ese sentido debemos asumir entre todos una tarea que permita que el país vaya cambiando en un sentido más humano. Me estoy refiriendo a esas personas que están al servicio de su comunidad. Yo lo estoy. Estoy al servicio de la gente, del otro, del desposeído, del olvidado, del ofendido. Pero esto no lo hago incompatible con una postura partidista, pues una posición de partido nunca puede ser para el partido. El partido es un instrumento al servicio del desarrollo de la sociedad en un sentido progresista, no algo cerrado al servicio de si mismo. -¿Qué paralelismos encuentra entre aquel 11 de septiembre del 73 en Chile con el asesinato de Allende y el último acaecido otro 11 de septiembre en EE.UU.? -Son hechos distintos pero son también hechos paralelos. En Chile se inmiscuyeron desde el salón oval de la Casa Blanca Nixon y Kissinger cuando Allende y desde allí se dictó una sentencia de muerte. También en el caso de Irak, aún siendo muy distinto y habiendo ya un dictador odiado, también se dictó sentencia de muerte desde el salón oval. El terrorismo es inadmisible bajo cualquier punto de vista posible pero las formas de acabar con él por parte del gobierno americano no se pueden justificar bajo ningún concepto. La guerra no puede ser una excusa para acabar con esa forma de terrorismo. Es inconcebible que una potencia monopolar aplique la ley de la selva para acabar con quien a ellos les molesta. Yo creo que el mundo pertenece a cada pueblo y a cada nación y estas tienen que defender sus principios a cualquier precio, con manifestaciones, con protestas legales, pero sobre todo con la fuerza de la razón y la justicia. Creo que esos son, a mi parecer los paralelismos más sobresalientes de estos dos 11 de septiembre. -En la época de Allende Chile ayudó mucho a España con aquella famosa frase del presidente «mandadme españoles». Cómo se percibe ahora desde Chile la colaboración española intentando extraditar a Pinochet para ser juzgado. -Nosotros estuvimos muy determinados e influidos por la Guerra Civil. Neruda mismo siempre se sintió orgulloso y dijo que la labor más grande de su vida era el haber dirigido la operación del Winnipeg que partió hacia Valparaíso cargado con 3.500 refugiados españoles que estaban en los campos de concentración franceses. Llegaron al puerto de Valparaíso justamente el mismo día que comenzó la segunda Guerra Mundial. Para ellos fue el comienzo de una nueva vida y la mejor forma de poder salir del infierno en el que estaban y en el que se iba a convertir Europa a partir de ese día aciago. No cabe duda de que la colaboración española en este caso concreto de Pinochet es determinante para que el proceso de la justicia tenga sentido. La humanidad ha sufrido siempre grandes hecatombes y dos pavorosas guerras mundiales y también los atropellos a la conciencia y al ser humano. En Chile, durante 27 años los familiares de los Detenidos Desaparecidos, de los exiliados, parecían estar golpeando en un muro pensando que nadie les respondería jamás. Se llegó incluso a decir que eran hechos que estaban fuera de la realidad. Que los gritos del silencio eran sólo eso, gritos sordos sin mayores consecuencias porque nadie los iba a oír. Pero por fortuna no fue así y gracias a la opinión internacional y al apoyo español con el juez Garzón al frente ha permitido que se abriera un proceso contra Pinochet que si bien no ha llegado a feliz término si en cambio ha mostrado al mundo que los dictadores y los asesinos no quedan impunes ante la ley. -¿Cómo va la autobiografía que está escribiendo y qué ha significado a lo largo de su vida la literatura? -Va bastante avanzada. El mes pasado se ha publicado el tercer tomo y he entregado ya el cuarto que es el final y que lleva por título « Antes del olvido: Un anciano de la tribu ». Con ello se cierra mi vida y todo lo que en ella ha tenido significado. No hablo en esta autobiografía de mí sino que me limito a ser un testigo presencial de algunos hechos determinantes en la moderna historia de Latinoamérica. La literatura ha sido para mí siempre algo más que un vicio de esos que no matan sino que dan alegría. En estos últimos años, mi primera prioridad es escribir y también desarrollar una actividad cultural de comunicación, especialmente con la juventud. Pero esto no significa que yo haya dejado de sustentar las ideas que he mantenido toda la vida. Simplemente para mí la literatura significa la posibilidad de desarrollar una vertiente que siempre ha convivido con la inquietud social. Sueños cumplidos -Con 87 años ¿se puede decir que ha cumplido todos sus sueños? -En alguna manera si, en el sentido que toda mi vida ha llevado un hilo conductor que tiene su conclusión en este momento de mi vida. Pero uno nunca se realiza al cien por ciento. Siento que muchas cosas del pasado pudieran haber sido de otra manera, pero no fueron, porque así es la vida. Y la vida no hace de ningún hombre un triunfador neto. Pero tampoco me siento un derrotado. La vida tienen sus blancos y sus negros, sus traspiés, sus encantos y yo sigo soñando como cuando era muchacho. Desde los quince años asumí una actitud civil, empecé a mirar el mundo y a desear que éste cambiara. Y hasta hoy la idea, fundamentalmente, es la misma. El mundo ha cambiado mucho y yo mismo he aprendido muchas lecciones y he cometido muchos errores, pero sustancialmente yo soy el mismo. En ese sentido estoy contento con el hecho de no haber desistido en la lucha por la existencia y de no haber preferido nunca mi propia comodidad en provecho personal. No porque ésta sea comunista, sino porque gran parte de la humanidad quiere un cambio para bien, desea que el hombre aspire a un pequeño fragmento de felicidad al que tiene derecho, a fin de que la tierra no sea siempre un valle de sufrimiento. Por eso me llena de satisfacción que en el último trayecto de mi vida mi obra llegue a España y que mis libros tengan una gran difusión en su país cosa que agradezco de todo corazón a mi editor. Esa es para mí la mayor recompensa, la recompensa de una vida dedicada a la literatura entre otras cosas y a no violentar con mis ideas las ideas fundamentales de la humanidad.

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