Diario de León

«Yo fui la maltratada y fui yo la que acabé en la cárcel»

Rosa María Batet | La escritora relata en su último libro la experiencia que sufrió al descender a los infiernos de la violencia sexual y cómo consiguió superar la experiencia de la prisión

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Publicado por
ISABEL CANTÓN MAYO | texto
León

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Nos encontramos en un momento en que la sociedad asiste horrorizada al fenómeno creciente de violencia de género. Salimos a un asesinato por semana, los malos tratos son una triste realidad y los medios se hacen eco de los mismos. Los titulares de la prensa del 9 de Junio señalaban que casi la mitad de las personas juzgadas por violencia doméstica, resultan absueltas. Entrevistamos a una de esas mujeres que ha tenido el valor de escribir un libro con su experiencia en este ámbito. El 10 de Junio presentábamos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid un libro escrito por una de esas mujeres maltratadas, que salvó la vida por muy poco y puede contarlo: Rosa María Batet Martí. -¿Rosa María cuál es el título del libro y de qué trata? ­-Hay dos libros: el segundo que es el que se presenta hoy, es: Rejas en el alma, editado por Davinci, y es la segunda parte del primero titulado: He sido una mujer maltratada, editado por Katelani, con ediciones en catalán y en español. Ambos libros han tenido amplia repercusión en los medios sobre todo revivir el drama humano del que me tocó ser la protagonista de los hechos. -¿En qué medios de comunicación han sido dados a conocer ambos libros? -Sin ir más lejos, además de la actual presentación en el Círculo de Bellas Artes, ese mismo día Televisión Española me hacía una entrevista que salió en el Telediario. Pero he sido invitada a relatar mi experiencia en programas del corazón y en algunos otros específicos de varias cadenas, tanto aquí en Madrid, como en Barcelona. -¿Cuál es el contenido de ambos libros? ¿Son uno continuación del otro, o son independientes? -En síntesis lo que se relata en ambos libros es algo muy triste para mí: la odisea de una funcionaria de la Generalitat, separada, que decidió irse a Cuba, y sucumbió al encanto de un bello mulato, al que no se contentó con amar, sino que terminó casándose con él y trayéndolo a España. Sólo veinte días duró mi matrimonio. En ese tiempo fui golpeada, maltratada un sin fin de veces, y, finalmente hubo un intento de asesinato por su parte, que se saldó con heridas para ambos. Yo las recibí para esquivar una puñalada que era mortal y me hirió en la mano. -Le denunciarías... -Él fue más listo que yo y me denunció primero. Acabé con mis huesos en la cárcel. Fueron diez días allí, en la enfermería, hasta que conseguí la libertad condicional. Un infierno que me dejó esas Rejas en el alma aunque pude zafarme de las del cuerpo. -¿Y cómo conociste a tu efímero marido cubano? -Cuando mi hija se hizo mayor, me dediqué a viajar. Visité varios países de Europa y Asia. Uno de los viajes fue a Cuba. Allí conocí a un mulato que era un seductor profesional pero yo estaba tan necesitada de cariño, que tuve una debilidad y caí en sus redes. -¿ Ya ocurrió en el primer viaje? -No. Mi relación con él comenzó más en plan de ayuda que otra cosa. Viajaba a Cuba cargada de cosas. Dejaba allí todo lo que llevaba, incluso mis objetos personales. Volvía con lo puesto. Volví más veces y tuve dudas porque era diecisiete años más joven que yo, apuesto y atractivo. Me reuní con su familia. Me trataron muy bien. Y me propuso casarnos. Era hermoso y halagador. Yo no tengo prejuicios. -Te hago una pregunta que te habrán hecho muchas veces. ¿Cómo pudiste enamorarte de él? -Piensa en mis circunstancias. Mi hija emancipada, mi madre enferma de cáncer... me encontraba muy sola por primera vez y en un barco sin rumbo. Yo había tenido relaciones esporádicas pero deseaba estabilizar, rehacer y controlar mi vida. Pero sobre todo, lo que buscaba era compañía. Y ello se unió a su plan estratégicamente diseñado, con una buena composición de lugar, una larga experiencia y un asedio de llamadas constantes, a cobro revertido claro, con halagos increíbles, artes de seducción refinadas, y un sin fin de cosas que me hicieron sentir como una reina. Creo, ahora desde la distancia, que no llegué a enamorarme, que fue una especie de ilusión, una debilidad en la que caí sin darme cuenta, creo que más que enamorarme lo que hizo fue lavarme el cerebro. -¿Cómo comienzan los episodios de malos tratos que sufriste y qué los motiva? -Nos casamos por poderes. Se firman unos papeles para que él pueda viajar a España y no hubo boda. Los trámites duraron unos tres meses y él viajó a España y se instaló conmigo en un apartamento mirando al mar en la costa catalana. Yo le había buscado un trabajo por medio de uno de mis amigos en el Club de Tenis, pero a la semana me dejó el uniforme en la mesa y me golpeó, diciendo que eso no era para él, que lo humillaban y que lo dejaba. Me echó la culpa del fracaso. Pero, como otras muchas, aguanté y no lo denuncié. Le busqué otro empleo. Allí sólo duró tres días. Nuevos golpes y me aclaró que no había venido a España a trabajar. Después se pasaba los días bebiendo y me golpeaba a diario. Yo iba a trabajar con el ojo morado o las marcas diciendo que me había caído en la bañera... pero nadie me creía. -¿Cuál fue la gota que colmó el vaso y por la que te decidiste a denunciarle? -Tengo que reconocer que aguanté mucho. Él bebía cantidades ingentes de ron. En una de las discusiones cuando le dije que no estaba dispuesta a alimentar a un gigoló y que tenía que trabajar, agarró un enorme cuchillo de cocina y se lanzó como una flecha con él a mi cuello. Sólo la mano que instintivamente puse delante me libró de perder la vida. Aunque me hirió en ella profundamente el manotazo volvió el cuchillo y él fue también herido superficialmente. A continuación me intentó estrangular con sus potentes manos en mi cuello. Caí al suelo con traumatismo craneal, quedé sin conocimiento y sin aliento. Él decía que buscaba el aire como un pez fuera del agua y se reía. Pero salió de casa y me puso una denuncia. Cuando yo pude avisar a los vecinos para que me llevasen al hospital, el ya había hecho su denuncia. -Hay un pasaje especialmente truculento en tus libros y es el referido a que también seduce a tu hermana y la vuelve contra ti. ¿En esta época es cuando comienza su relación con tu hermana? -Efectivamente. Al dejar sus trabajos comienza a relacionarse con mi hermana a la que también seduce. Ella tenía ocho años más que yo. Él podía ser su hijo. Pero se separó por él de su marido. Ella jugó un destacado papel en mi calvario. Siempre estuvo de parte de mi agresor. Por ella cuando yo presento la denuncia el juez cree a mi agresor y no a mí. Ambos dan la versión de que soy yo la agresora por celos de ella y en un primer momento el juez los cree y doy con mis huesos en la cárcel. -¿Cómo fue esa experiencia? Estuviste en la cárcel de mujeres diez días. ¿Qué fue lo que más te impresionó de ese lugar? -Esa experiencia es terriblemente contradictoria. En dos sentidos. Me hundió y me humilló poniéndome el alma entre rejas; me infundió mucho, mucho miedo. Allí vi la miseria humana, y también la nobleza de la gente. En el sentido positivo porque allí encontré a algunas mujeres verdaderamente heroicas: una abuela gitana que para salvar a su nieta de un tema de droga se había inculpado sin haberla tocado; una funcionaria de la Generalitat, cuyo delito había sido cubrirle las espaldas a un político de mayor rango, que esquivaba firmar y delegaba en ella metiéndola en turbios manejos económicos de los que no se lucró, pero que tuvo que pagar... y después un sin fin de historias tristes. Lo que más me dolía eran las visitas... sólo mi madre y mi abogado. Mi hermana y el cubano vivían su historia. - ¿Y qué ocurrió al salir? ¿Todo había terminado? ­-No había hecho más que comenzar otro calvario. Salí en libertad provisional a la espera del juicio. Volví a vivir con mi madre dejando el apartamento que me pertenecía en poder del maltratador. Recupero mi empleo. Pero comienzan las amenazas, las llamadas, el que otros hombres cubanos me abordasen por la calle para amenazarme y pedirme que retirase la denuncia. Después aparecía él para recordármelo y me perseguía por las calles. Una vez me pilló. Me golpeó tanto que si otras personas no lo separan nuevamente me habría matado. Lo vuelvo a denunciar y esas personas testifican. En esa época vivía con dos miedos terribles: miedo a perder la vida y miedo a perder la libertad si cuando se celebrase el juicio no salía absuelta. -¿Qué ocurrió en el juicio? -Fue algo terrible. Desde su venida a España había vivido veinte días con él y el juicio se celebró dos años y medios después. Yo también había solicitado la nulidad del matrimonio. Eso irritaba sobremanera al cubano y a mi hermana, ya que si me la concedían él sería ilegal y lo enviarían de vuelta a Cuba. Ambos me llamaban y me amenazaban. Cuando llegó el día yo estaba destrozada: si perdía, perdería primero la libertad y después la vida. Era algo que no deseaba ni pensar. Entre tanto mi madre enferma había muerto y estaba sola. Afronté con la ayuda de mi abogado y un grupo de amigos el juicio y viví sin poder conciliar el sueño hasta que salió la sentencia. Mi hermana testificó en mi contra. Mi madre antes de morir dejó ante el notario su testimonio a mi favor. Fui absuelta.

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