Lo que queda de los ochenta
Bandas como REM, U2 y The Cure resisten la erosión del tiempo, dañina con dos iconos de aquella década: Prince y Michael Jackson

El movimiento de los «nuevos románticos» marcó los inicios de Mecano
RUBÉN VENTUREIRA | texto Cuenta una leyenda de los años ochenta que James Brown y Michael Jackson seguían tras el escenario una actuación de Prince: «Mira y aprende», le espetó El Padrino al autor de Thriller , el disco más vendido de aquella década. Del genio de Minneapolis tomaron nota unos cuantos. La revista española Rock de Lux , entonces más referente que ahora, eligió su Sing 'o' the Times , soberbio batiburrillo sonoro, como el mejor elepé de los 80. En el 2004, uno y otro, el negro y el que con el paso del time ha dejado de serlo, el preferido del público y el mimado de la crítica, vagan a muchas millas de su mejor momento artístico. ¿Cuál de los faros de aquella época queda en pie? Vayamos por partes. Ya que empezamos por EE.UU., sigamos allí. Durante esa década, Bruce Springsteen parió Born in the USA (1984) y REM abanderó el llamado nuevo rock americano con una sucesión de obras maestras ( Murmur , Fables of the Reconstruction, Document ), si bien no alcanzó la fama en España hasta Out of Time (1991). Ahí siguen, facturando buenos discos y vendiendo en cantidades industriales, pero igual de reivindicativos que antaño, como lo demuestra su actual gira conjunta contra Bush II. Del otro lado del charco también llegaron los Pixies. Con trabajos como Surfer Rosa (1988) y Doolitle (1989), los duendecillos bostonianos, que reaparecieron este verano sin nuevas canciones, marcaron el camino al grunge, al igual que Beastie Boys (que en 1986 se convirtió en el primer grupo de rap que alcanzó el número uno en Estados Unidos), Run DMC y Public Enemy le abrieron la senda a Eminem y demás referentes actuales de este género superventas. En la otra gran factoría musical, Gran Bretaña, Spandau Ballet y Duran Duran, que acaba de resucitar, lideraron la música comercial entre el desprecio de la crítica, que también se ganaron los alemanes Modern Talking, reyes de las discotecas europeas. Morrisey y Smith En un contexto social marcado por la mano de hierro de la Thactcher, se produjeron obras maestras de la desolación pop como el Closer de la Joy Division (1980), banda madre de los aún activos New Order, o la totalidad de la discografía de los desaparecidos The Smiths. En una encuesta reciente, los británicos eligieron I know it's over , obra de estos últimos, como la canción más deprimente de la historia. Es un tema de su mejor álbum, The Queen is Dead ( 1986). Morrisey, cantante del legendario cuarteto de Manchester, ha publicado este año un disco excelente tras varios años de silencio. Aunque su oronda figura sí delata el paso del tiempo, otro icono de aquella era, Robert Smith, también se mantiene en forma musical: lo más gozoso (y quizá lo más moderno) de los conciertos xacobeos del pasado verano lo aportaron los siniestros The Cure, que en los ochenta accedieron por primera vez al top ten británico con Pornography (1982). Y, claro, desde Irlanda irrumpió U2. Bono, The Edge y compañía alcanzaron con The Joshua Tree (1987) un estatus, el de banda más popular del planeta tras los Rolling Stones, que todavía no han abandonado casi dos decenios después.