Una inversión que se recupera en solidaridad y crecimiento
Soltra, Solidaridad y Trabajo, emplea a 84 discapacitados físicos y psíquicos. Un proyecto del empresario leonés Antonino Fernández, propietario del grupo Modelo, y de Caja España que busca huir de la caridad y mostrar que la inserción y la nor
Sergio odia los lunes y adora los fines de semana, como usted y como cualquier otra persona. Le gusta quedar con sus amigos para tomar algo en el Húmedo, como cualquier chico de 25 años. Parte de su pandilla son sus compañeros de trabajo; Marcos, entre ellos, es su mejor amigo. Trabaja de lunes a viernes, en horario de mañana y tarde y estaría encantado de que su hermano, recién casado, le dé un sobrino porque así tendría «un grado más». Ayuda a su madre en casa porque, como en el trabajo, cumple con sus «obligaciones» y reclama sus «derechos». Su trabajo es mecánico, inserta bisagras, pero él se encuentra bien en él y le satisface poder contar un nuevo récord en el número de piezas finalizadas cada día. Mira de reojo a sus compañeros y, con la boca pequeña, asegura que todos las hacen igual, pero, como usted o como cualquier otra persona, prefiere ser el mejor. Alberto es más ambicioso. Este mes va a cumplir 26 años y después de varios trabajos poco gratificantes y mal pagados donde el empresario no cumplía nada de lo prometido ha encontrado un puesto que se acomoda a sus gustos. Ahora espera poder ascender a otro puesto y «cobrar un poco más». Como usted y como otra persona. Sus mejores amigos son, como para Sergio, algunos de sus compañeros de trabajo y entre ellos ha encontrado a alguien especial. Ellos son como usted y como cualquier otra persona. Quizá más sinceros, con menos dobleces y más responsables. Ellos tienen algo más. Ellos están diagnosticados con una minusvalía que ha determinado hasta ahora toda su vida y uno de los momentos más importantes para todo joven, la integración laboral. Ambos tienen un trabajo que les gusta y que les permite poder sufragar sus gastos. Y eso es algo determinante en una provincia como León donde casi trece mil personas tienen algún grado de discapacidad y menos de una cuarta parte tienen un empleo remunerado. Pueden, por ello, considerarse afortunados. Sheila, Vanesa, Trini, Cristina, Jessica, Miriam, Sergio, Nacho, María Paz, María, Mónica, Lucas, Marcos y Sandra... se sientan poco más allá. Son nombres de una, cada vez más larga, lista, la de las 84 personas que conforman la plantilla de Soltra, el centro especial de trabajo inaugurado el pasado mes en La Virgen del Camino, una iniciativa nacida del empuje del empresario leonés afincado en México Antonio Fernández y de la Obra Social de Caja España. Soltra, Solidaridad y Trabajo, es ya un proyecto consolidado empresarialmente. Pero es algo más ya que la mitad de su plantilla tiene discapacidad intelectual y prácticamente otro 45% alguna minusvalía física, sensorial o enfermedad mental. Soltra es una apuesta por los más «desvalidos», como le gusta decir a su mentor, el presidente del multinacional Grupo Modelo.. Las instalaciones de Soltra, ubicadas junto al colegio de los dominicos de La Virgen, lucen una gran placa que recuerda a estos benefactores Antonino Fernández y su esposa Cinia González Díez, ya fallecida. La fecha: el 7 de julio de 2003. No obstante, la factoría lleva más tiempo trabajando y las primeras cuentas de resultados corresponden al año 2002. En ese año las ventas, a través de su seis divisiones, superaron los 278.000 euros; en los diez primeros meses del año se han rebasado ya los 522.000. El proyecto parece sino consolidado, sí en la buena línea. Las dificultades nacen, reconoce su gerente Eloy Burgui, de la falta de tejido industrial en la provincia para poder captar clientes y de la competencia desleal de los talleres de la cárcel de Mansilla que ofrece servicios similares a un bajísimo precio. Aún así, Soltra ha captado más de un centenar de clientes para alguna de sus divisiones: montaje, limpieza, jardinería o mailing que garantizan los puestos de trabajo. Sacyl, Caja España, la editorial Everest, el Ayuntamiento de Valverde de la Virgen, el Círculo Empresarial o el Ente Regional de la Energía figuran en la carpeta de trabajo de las secciones de mailing o limpieza. La empresa Alecop, del grupo Mondragón, proporciona trabajo para la cadena de montaje de cables. Una línea que da empleo a 51 personas pero que puede generar un crecimiento de 30 puestos. El reto ahora es lograr crecer pero no como objetivo de cualquier proyecto empresarial, sino como algo más. Poder crecer para «ayudar a más chicos», hay muchos que lo necesitan. Explican los responsables del centro especial de empleo. En las instalaciones se han efectuados millonarias inversiones, una gran nave de más de 2.600 metros cuadrados se llevó la gran porción del presupuesto, más de 543.000 euros, y ya se acerca al millón lo financiado para todo el proyecto. Dinero desembolsado, a partes iguales, por el empresario y la división social de la entidad financiera que siguen dispuestos a insuflar todo lo necesario. El proyecto no es novedoso, sí ambicioso y elogiable. Antonino Fernández lo tenía muy claro. Era necesario hacer una apuesta por los más desvalidos pero en su concepto de empresario no entraba la palabra caridad. Por ello eligió otras dos que sintetizan su objetivo: solidaridad y trabajo. En resumen, Soltra. En 1999 comenzó las conversaciones con Caja España y la entidad, a través de su Obra Social, colaboró en todo el proyecto. Negociaciones discretas, obras y mucho trabajo para dar luz verde a lo que es hoy uno de los centros de trabajo para discapacitados más importantes de la provincia. El lugar, también estuvo claro desde el primer momento. Los miles y miles de metros que hace más de medio siglo Pablo Díez cedió a la orden de los dominicos en La Virgen del Camino estaban ya infrautilizados. Lo que en su momento fue un seminario menor completamente ocupado ahora no era ni su sombra. Por ello, había que implicar en el proyecto a los religiosos y éstos también estuvieron dispuestos desde el primer momento. Una vez definido el proyecto faltaba un cuarto pilar y se buscó uno con grandes cimientos. El grupo vasco Gureak lleva más de treinta años gestionando proyectos para la inserción laboral de personas con discapacidad, lo que aquí se buscaba, y tenía personal y experiencia suficiente para gestionar el proyecto y para acceder a los clientes, germen imprescindible para poder rentabilizar Soltra y permitir que no muriera por inanición. Así surgió una sociedad mercantil con cuatro socios y que hoy dispone de un capital social de más de 1,3 millones de euros. Una inversión que ha dado lugar ya a 84 puestos de trabajo para personas con algún tipo de discapacidad y un centro de día que alberga a cuarenta personas más. Todos los empleados, 36 mujeres y 48 hombres, tienen algún tipo de discapacidad física o mental. Pero formados adecuadamente realizan una tarea totalmente competitiva. Repartidos en cuatro módulos laboran en talleres de montaje industrial, jardinería, publicidad directa y franqueo y limpieza. Ellos son, por ejemplo, los responsables del cuidado de los grandes jardines que rodean las instalaciones de la entidad financiera en el Alto del Portillo, un trabajo que ganaron en concurso sin ningún apoyo de la entidad. El objetivo, expresado por Antonino Fernández como reto, es conseguir que en un año se doble el número de trabajadores. Por ello, se extenderán los talleres y las ocupaciones buscando en todo momento compatibilizar las posibilidades de los trabajadores con funciones rentables que permitan «ser competitivos», recalca Pedruelo. Antonino Fernández es consciente que cuando él falte el proyecto no puede peligrar y por eso ha dejado todo muy bien atado para garantizar la continuidad de la obra cuando él falte. No obstante, los responsables del centro son optimistas y prevén que en el año 2005 el centro de empleo Soltra sea equilibrado en sus cuentas. Será la autofinanciación la mejor garantía de futuro de todo el proyecto que ahora tiene garantizada la liquidez pues los socios financieros han desembolsado todo el capital necesario para ponerlo en marcha. Al día de hoy, Caja España y Antonino Fernández, socios capitalistas, son propietarios de prácticamente el 80% de la empresa (cada uno tiene una participación del 39,6%); el socio tecnológico y gestor, Gureak, controla el 13,8% de las acciones mientras que la obra de Predicadores de los Padres Dominicos, propietario del suelo donde se ha levantado la gran nave, posee el 7%. La sociedad se constituyó en el año 2000 con dos preocupaciones hacer algo útil a la sociedad y lograr una rentabilidad, pero en este caso social, nunca económica. El ánimo de lucro aquí no existe, la ganancia es insertar laboralmente a jóvenes que de otro modo lo tendrían francamente difícil. En 84 casos se ha logrado, ahora se busca llegar a los 160. ¿Extender el proyecto a toda la comunidad? Es posible. Matías-Pablo Pedruelo subraya que, por costes, sería muy difícil ampliarlo en la provincia pero no se descarta llegar más allá. El tiempo dirá si es posible. Antonino Fernández y la Obra Social están dispuestos.