Las dos caras de Rainiero
Este soberano tímido, bonachón y sacrificado padre de familia diseñó una operación para «cazar» a Grace Kelly, gobernó con mano de hierro e hizo de Mónaco un paraíso fiscal
El fallecido Rainiero tuvo varias caras. Más de 55 años de reinado dan para mucho. Tras su apariencia bonachona, reservada y paternal, había un gobernante calculador, con mano de hierro, un especulador y un hombre de negocios que amasó una fortuna de 2.000 millones de euros. Cuando sucedió a su abuelo Luis II en 1959, «se decía que era insustancial, torpe e incapaz de imponerse», escribía tras su muerte su biógrafo Jean des Cars en Le Figaro . Éste recordaba que no dudó en enfrentarse a Francia, mostró su determinación para doblegar a Onassis, que quiso hacerse el amo de Mónaco, y protagonizó «uno de los más espectaculares frenesís inmobiliarios mundiales». «Los profestas del fracaso se equivocaron», concluye Le Cars. «Bajo su reinado, Mónaco ha pasado de ser un principado de opereta a una multinacional financiera», escribían el jueves Ranaud Lecadre y Michel Henry en Libération . Nunca dejó de ser un gran tímido, pero aquél a quien en sus años de estudiante en Inglaterra llamaban despectivamente «el gordito de Mónaco» pasará a la historia como el boss , el patrón, el príncipe constructor, el mandamás indiscutible de un país diminuto al que colocó en el mapa del Europa. Fue el príncipe de cuento de hadas que se casó con la bellísima Grace Kelly, pero este matrimonio fue una operación cuidadosamente diseñada para atraer inversiones gracias al glamur de la actriz. En el camino quedó su novia Gisèle Pascal, una actriz francesa de segunda fila. Se valió de la fama de la protagonista de Atrapa a un ladrón , utilizó a los medios de comunicación para mantener el encanto, pero en sus últimos años, deseoso de una vida más discreta, quiso parar la insaciable máquina mediática mediante juicios por intromisión en su vida privada y la de sus hijas. Pero el interés y el morbo no disminuyen. «Los Grimaldi son a la vez la familia real inglesa y los Kennedy de Francia», estima Alain Genestar, director general de la redacción de Paris Match . Transformó el Mónaco pobre y postrado de la posguerra en uno de los lugares más prósperos del mundo, pero el precio fue convertirlo en un paraíso fiscal donde se blanquea el dinero negro. Un refugio de 32.000 habitantes y 340.000 cuentas corrientes, en el que deportistas, actores, millonarios de todo tipo e incluso delincuentes encuentran acomodo para burlar la voracidad fiscal y/o «lavar» sus ganancias. Formó una familia que pretendía ser modelo, con una soberana de cine y tres hijos guapos, pero el 14 de septiembre de 1982 su vida dio un giro trágico con la muerte de su esposa. A partir de entonces, la ausencia de Grace, los escándalos de sus hijas y la pertinaz soltería de Alberto le amargaron la existencia. «Fue un hombre permaturamente envejecido, derrotado, un hombre triste y solitario», según el periodista Jaime Peñafiel. Pero añade: «Aunque ha sido el decano de los actuales reyes de la vieja Europa, Rainiero de Mónaco lo que ha sido es un ejecutivo, un constructor, un especulador, el presidente de una poderosa empresa, la Sociedad de Baños de Mar, que engloba el Casino, el Hotel París, bancos, constructoras, el puerto, el Museo Oceanográfico y cientos de edificios que han convertido la Roca, un espacio físico de poco menos de dos kilómetros cuadrados, en un bosque de rascacielos, superior al de Hong Kong y Benidorm». «La ausencia de deontología bancaria rigurosa, la existencia de una legislación que garantiza el anonimato de las transacciones, un casino sin control y una cooperación administrativa y judicial internacional que falla hacen de Mónaco un lugar propicio para el blanqueo de capitales», señalaba un informe del parlamento francés el 21 de junio del 2000. Desde ese mismo año, el Principado figura en la lista negra de los paraísos fiscales no cooperativos establecida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), junto a Andorra, Liberia, Liechtenstein y las islas Marshall. Juan Tejero, autor de Grace Kelly. Hielo al rojo vivo (T&B), asegura al Diario que el matrimonio fue absolutamente decisivo para el despegue de Mónaco. Renaud Lecadre y Michel Henry escribían el jueves en Libération que «los primeros años del reinado de Rainiero III fueron catastróficos». Tejero lo explica así: «Antes de casarse, Rainiero tenía un montón de problemas. La situación era horrorosa. Su hermana conspiraba contra él, la banca y el casino estaban en quiebra, se le implicó en un soborno». «El poder se le iba de las manos y entonces se le ocurrió a su capellán, el padre Tucker, diseñar una operación para dar prestigio a Mónaco; se hizo una lista de candidatas y fueron a por Grace Kelly de forma descarada», afirma Tejero. Sus rivales eran Deborah Kerr y Natalie Wood, pero la preferida era la musa de Hitchcock que ya había tenido relaciones con Gary Cooper, William Holden, Clark Gable, Ray Milland, Bing Crosby y Jean-Pierre Aumont. El éxito fue total. Kelly se sintió fascinada con ser princesa y se convirtió en el rostro glamuroso y la relaciones públicas que necesitaba aquel príncipe ambicioso.