Diario de León

Correr con el cáncer

Jane Tomlinson se ha convertido en un ejemplo de superación personal. Esta británica padece desde el año 2000 un cáncer de pecho incurable, pero ni la enfermedad ni la quimioterapia han impedido que realizase hazañas deportivas como cruzar en b

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ÓSCAR SANTAMARÍA | texto SOMODEVILLA | fotos
León

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El 31 de agosto del 2000, a Jane Tomlinson le fue diagnosticado un cáncer de pecho incurable. Los médicos le dieron entonces seis meses de vida. Este 1 de septiembre, seis años después, llegó a Nueva York después de cruzar todo Estados Unidos en bicicleta en apenas dos meses. En total, poco más de 6.700 kilómetros. A su llegada a Battery Park, tras cruzar el puente de Brooklyn, no hubo grandes celebraciones, tal y como ella había planeado. Le sobraba con la satisfacción de haber recaudado unos dos millones de dólares que destinará a la lucha contra el cáncer. Una nueva hazaña, pero no la única, en la vida de esta británica de 42 años que lucha cada día contra la avanzada metástasis del cáncer de pecho que le cambió la vida. Una historia de superación, de coraje y ganas de vivir que apenas ha trascendido a los medios de comunicación, con la excepción de la BBC, que creyó en ella desde el principio. Quimioterapia y deporte En los últimos seis años, Jane se ha sometido a cuatro series de quimioterapia, la última sólo 60 días antes de que comenzara su nuevo desafío, el 29 de junio de este año. Como consecuencia de la agresiva terapia que sigue, la protagonista de esta historia ha desarrollado una enfermedad de corazón crónica. Pero nada de eso le ha impedido cumplir con lo imposible. Una vez más. Porque Jane, nacida en Rothwell (Leeds), es la única persona con un cáncer incurable, aunque la primera mala señal de lo que vendría después le llegó con 26 años, en haber completado una prueba Ironman -4 kilómetros a nado, 180 kilómetros en bicicleta y un maratón, en tan sólo 17 horas-, dos medios Ironman, tres maratones de Londres, uno de Nueva York y tres triatlones en la capital británica. Los premios por su coraje y sus récords deportivos se amontonan en las estanterías de su casa, como el de la Orden del Imperio Británico que le concedió la reina en el 2003 o el de la Mujer Deportista del Año que ha recibido en su país en dos ocasiones. Sin embargo, además del divulgar el mensaje de que el cáncer no es el final de la vida, Jane Tomlinson utiliza sus hazañas deportivas con el objetivo de conseguir dinero que ayude en la investigación y la prevención de la enfermedad. Hasta la fecha ha recaudado cerca de dos millones de dólares que ha donado a asociaciones como Macmillan Cancer Relief, Sparks, Damon Runyon Cancer Research y Hannah House, todos ellas de estudio y lucha contra su enfermedad y otros males. La razón principal por la que ha hecho todo esto es simple: demostrar que la gente con diagnosticada de cáncer terminal puede seguir llevando una vida activa. Según ella, la muerte no llega cuando uno se entera de que tiene cáncer, la vida es mucho más que ver pasar los días. Dos meses pedaleando Casada y con tres hijos, su marido Mike es su más fiel apoyo, quien le anima y le sigue en todas sus gestas deportivas. La que concluyó con éxito el pasado viernes puede que sea la última. El desgaste físico sufrido desde que se montó en la bicicleta hace 62 días en el famoso Golden Gate de San Francisco hasta que llegó a Manhattan, pedaleando entre cinco y diez horas diarias, ha sido devastador para una persona enferma. Durante todo este viaje plasmó en un blog sus experiencias personales, su estado físico y psíquico, sus alegrías y sus penas. Como el correspondiente al día 50 de su aventura, cuando su marido escribió -estos textos se pueden consultar en janesappeal.com- sus dudas acerca de la posibilidad de que Jane completara la carrera. «Sabemos lo precario que es, por lo que no queremos ser presuntuosos. Así que, por eso, cruzamos los dedos». Unas dudas que se agudizaron dos días antes de finalizar el periplo, en el tramo que desembocaría en Philadelphia. Temperaturas asfixiantes La larga carrera que acaba de afrontar bajo temperaturas asfixiantes no perdonó a su delicada salud. «Jane no está nada bien. Esta noche estaba muy mal, y no sabemos si podremos concluir esta etapa. Es bastante decepcionante, pero no hay mucho que podamos hacer», escribió Mike, quien escolta de cerca a su mujer en un coche de apoyo en el que también viaja su hijo Steven de 9 años. El pasado miércoles Jane apenas podía andar. Cuando llevaba unos 7 kilómetros recorridos se vino abajo y todos a su alrededor creyeron que era el fin. Dolores en todo el cuerpo Pero las esperanzas renacieron de nuevo y volvió a demostrar su fortaleza al hacer 130 kilómetros en nueve horas y 54 minutos. «Después de nueve semanas subida a una bicicleta ayer tuvimos un día duro en Filadelfia, donde recorrimos 130 kilómetros en una jornada muy larga y cuando no me sentía nada bien. Pero estoy decidida a cruzar el puente de Brooklyn y acabar mi viaje en Battery Park», escribió en su blog , en el que con crudeza afirmó tener dolores en todo su cuerpo, en cada uno de sus músculos. Como expuso su marido, los dolores empezaron desde el primer día en que Jane se subió a la bicicleta en San Francisco. «Pero la idea de acabar y recaudar el dinero es lo único que nos ha mantenido optimistas todo este tiempo».

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