De la sombrilla al teclado
El tránsito del ocio al negocio es «dificultoso» para la mitad de los trabajadores y genera en algunos casos trastornos como insomnio o desarreglos intestinales. A baleares, vascos y castellano-manchegos se les hace más penoso el regreso al tra

LA VOZ DE GALICIA
Aunque no para todos, el regreso a la rutina laboral es una suerte de tortura para muchos trabajadores. Tanto, que los psicólogos han acuñado la rebuscada expresión del «síndrome postvacacional», y terapeutas y expertos imparten consejos para que la vuelta a la rutinaria y cruda realidad laboral no sea traumática. Y es que 49 de cada 100 trabajadores -según los datos de un estudio elaborado por la firma Alta Gestión- declaran «tener dificultades» en el tránsito de la sombrilla al teclado. Un paso del ocio al negocio que no genera dificultades al 51% de los trabajadores y que puede incluso llegar a ser vivido como una liberación para quien deja atrás las tensiones familiares de las vacaciones. Para los que sí tienen dificultades en la vuelta al trabajo, los problemas de adaptación pueden ir del insomnio a los desajustes intestinales, pasando por taquicardia, ansiedad, falta de concentración, irritabilidad o tristeza. Unos síntomas que en la mayoría de los casos deberían remitir a los pocos días de la reincorporación a la actividad laboral. De no ser así, se impone la visita al médico, dado que podrían evidenciar una patología más grave, como una depresión. Un 61% de los encuestados cree que el «estrés postvacacional» es «un problema real» y que afecta a las mujeres (51%) más que los hombres (48%). Por el contrario un 43% de los varones cree que este síndrome es «un invento de la sociedad», opinión que comparte un 34% de las mujeres. A más edad, menos dificultades hay para volver al trabajo, de modo que la cifra manejada por la mayoría de los estudios es que el «estrés postvacacional» afecta a un 35% de los trabajadores entre 25 y 40 años. Por Comunidades Autónomas, son los trabajadores del archipiélago balear los que muestran más dificultades para reincorporarse al trabajo, con un 71% de afectados. Les siguen los vascos (63%), castellano-manchegos (60%), canarios (58%), andaluces y riojanos (56%) y castellano-leoneses (51%). En el lado opuesto los extremeños, colectivo entre el que sólo a un 23% le supone una dificultad reincorporarse al trabajo. Les siguen aragoneses (36%), gallegos (37%) y navarros (39%). Sentido común El reajuste de los horarios al retomar la rutina laboral es el principal escollo para el 40% de los encuestados que reconocen problemas, mientras que para un 36% lo más dificultoso es «la vuelta al rutina diaria». Hasta un 41% vería con buenos ojos el horario flexible en los primeros días del regreso. Otras causas de dificultad a las que se alude en el estudio son el transporte y el tráfico (8%), la relación con el jefe (5%), con los compañeros (3%) y la adaptación al ritmo laboral. Psicólogos y especialistas en el mundo laboral ofrecen una batería de consejos para suavizar este aterrizaje en la rutina laboral que no suelen ser otra cosa que apelaciones al sentido común, como mantener una actitud positiva que ayude a afrontar mejor el estrés y las tensiones del trabajo. Aconsejan no pensar en lo lejos que está el próximo periodo de vacaciones; concentrarse en los pasos inmediatos a seguir y pensar que volvemos al trabajo con las pilas cargadas. También resulta eficaz fraccionar el periodo de vacaciones, algo que vería bien un 14% de los trabajadores. Conviene no alargar las vacaciones hasta el último minuto, ya que eso supone que se empiece la jornada laboral sin descansar lo suficiente y combinará el estrés en el hogar -lavadoras, frigoríficos vacíos, limpiezas caseras y organización familiar- con el laboral. Lo aconsejable es anticipar el regreso de vacaciones al menos dos o tres días antes de la incorporación al trabajo, para disponer de tiempo suficiente para descansar, organizar y planificarlo todo. Si el día de la incorporación al trabajo es un lunes, la sensación de incomodidad puede ser mayor. Una buena idea es planificar la vuelta en un día diferente al primero de la semana, opción por la que apuestan un 19% de los encuestados. Así, el impacto psicológico que puede provocar la vuelta a la oficina será menor. Resulta muy eficaz planificar las tareas por orden de importancia. Establecer prioridades y abordar primero aquellas cosas que necesiten una respuesta más inmediata permitirá marcar unas pautas de funcionamiento que contribuyan a evitar una posible depresión post-vacacional. Es importante no intentar abarcar todas las tareas pendientes a la vez, y dosificar, por ejemplo, la lectura de correos electrónicos. Estructurar de manera progresiva las responsabilidades también genera una sensación de control que aporta equilibrio. Es importante que, una vez incorporados a nuestro puesto de trabajo, comencemos a trabajar de manera gradual, para ir aumentando el rendimiento poco a poco. Establecer tras la llegada una comunicación fluida con los compañeros hará más llevaderos los primeros días de trabajo. Así, una primera reunión informal con los colegas permitirá obtener con rapidez una perspectiva de lo que ha sucedido en nuestra ausencia y nos darán una idea de los asuntos urgentes a la hora de elaborar nuestra agenda.