CONVULSIÓN EN LAS CUENCAS | LA BATALLA BAJO TIERRA
«Han hecho bien, la gente no trabaja gratis»
Los 14 de Tremor se enfrentan a su tercer día de encierro con el pesar de sus familias

Marta Valladares, junto a un compañero de su padre, reivindica que los mineros cobren las nóminas.
Maigorzata Kalinowska y su hija Agnieszka escribieron ayer, rápidamente, una carta. Marta Valladares y su abuela, María Joaquina Morato, contenían las lágrimas a la puerta del pozo Casares y Carlos Tafula, entre sollozos, estaba preocupado por la constante tos que ya tiene su hermano. Todos ellos son familiares de los catorce mineros que desde el lunes permanecen encerrados en Tremor de Arriba para exigir que se les abonen las dos últimas nóminas y la mejora del sector minero. Ayer, además de las familias, que están acongojadas ante la situación, decenas de vecinos de los pueblos cercanos se acercaron hasta la bocamina para animar a los mineros y a sus allegados.
Los catorce de Tremor se enfrentan hoy a su tercer día de encierro. Sus familias aunque padecen, se solidarizan y les apoyan. «Hacen bien encerrándose, qué se piensan que la gente trabaja gratis», contestó contundentemente Marta Valladares, con tan sólo 16 años. Desde Matarrosa del Sil la joven acudió con su abuela en busca de noticias sobre su padre, Ángel Valladares. María Joaquina Morato, con lágrimas en los ojos, ya cuenta con la experiencia: «Mi marido también era minero, esta situación ya la he vivido muchas veces».
Maigorzata y Agnieszka Kalinowska llegaron ayer al pozo Casares poco antes de la hora de comer. En una gran bolsa llevaban bocadillos, comida en recipientes para sus ocho compatriotas polacos, uno de ellos, Wieslaw Dziubka, pareja de Maigorzata. De prisa, escribieron una nota en la que les preguntaban cómo estaban y si piensan estar mucho tiempo encerrados. «Si están todos bien y ánimo hasta que les paguen, que tengan fuerza», comentó Agnieszka tras finalizar la carta. A medida que avanzaba el día y a pesar de la fuerte lluvia, los vecinos continuaron llegando a la bocamina.
Bajo un techado todos se resguardaban de la lluvia y se animaban. Paula Calzada Petrov no paraba de jugar y de hablar constantemente y, a pesar de que tan sólo tiene 2 años, no hacía más que decir: «Espero a Tino, de Astorga», apelando al minero Constantino Higareta.
Carlos Tafulla está inquieto y preocupado por su hermano Luis. «Está todo el rato estornudando y tiene moquillo; la tos es constante», comentó a la espera de que Lili, la mujer del encerrado, llegara con las pastillas de la alergia para poder enviárselas a 600 metros de profundidad. El vigilante Julio Crespo continúa siendo uno de los nexos entre los encerrados y la vida real. Ayer les bajó los periódicos, «para que estén informados y sepan lo que pasa afuera» y el desayuno caliente. «Necesitan jabón, pero físicamente están bien. De momento tienen buen ánimo», aseguró.