Diario de León

Zapatero encumbra a Rubalcaba

El presidente del Gobierno lleva a cabo la mayor reforma en el Ejecutivo y justifica la crisis ministerial porque «una parte del electorado venía reclamando una fuerte ofensiva política» desde hacía tiempo

El nuevo vicepresidente primero durante una reciente intervención pública.

El nuevo vicepresidente primero durante una reciente intervención pública.

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paula de las heras | madrid
León

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Había asegurado hasta la extenuación que no haría una crisis de Gobierno en toda regla en un horizonte próximo, pero se tomó sus propias palabras a título de inventario. José Luis Rodríguez Zapatero dio ayer todo un golpe de efecto; justo lo que hacía meses reclamaban con ansiedad desde las filas del PSOE, temerosas de una debacle electoral, pero cuando ya nadie lo esperaba. La remodelación del gabinete convierte en auténtico puntal del Ejecutivo al hasta ahora ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Los vaticinios que durante años le situaban como futuro vicepresidente se cumplieron tras cientos de quinielas fallidas. Suya es ahora la corona de María Teresa Fernández de la Vega.

Zapatero le encomienda su futuro electoral y ha pensado en él mirando más allá de la situación económica: de cara a las elecciones del 2012.

El presidente del Gobierno no ocultó las razones de semejante terremoto interno. «El rumbo está trazado pero hay que recorrerlo hasta el final y hace falta un gobierno renovado y políticamente reforzado con personas de gran trayectoria y capacidad para explicar a la sociedad lo que estamos haciendo», dijo. Nunca Zapatero se había plegado tanto a los deseos de su formación en una decisión que, por ley, le corresponde en exclusiva. La vicepresidenta saliente ha sido durante seis años y medio un pilar básico en su gabinete, pero también es cierto que contaba con importantes detractores internos y que entre los socialistas se cuestionaban a menudo sus dotes comunicativas. Justo lo que siempre se ha alabado a Rubalcaba, portavoz gubernamental en el último equipo de Felipe González y del grupo parlamentario socialista en el primer mandato de de Zapatero. «No vamos a descubrirlo a estas alturas», ironizó el propio líder del PSOE.

Necesidad. Hacía falta una decisión de este calado porque, de haber optado el jefe del Ejecutivo por un relevo circunscrito exclusivamente al Ministerio de Trabajo, como él mismo anunció, habría sido difícil acallar las voces internas que clamaban por un gesto contundente que diera impulso a la legislatura y sacara al partido de una inevitable sensación de fin de ciclo.

Era una crisis gubernamental o desvelar la incógnita sobre su candidatura o su hipotética sucesión en el 2012. Y esa es una carta que Zapatero aún se guarda. Tanto es así que, durante su comparecencia en La Moncloa para explicar los cambios, se lanzó rápidamente a frenar las conjeturas que ya sitúan al flamante vicepresidente primero como su delfín. «Hoy estamos en lo que estamos, que es en hacer un gobierno fortalecido políticamente», atajó.

La clave de por qué llega ahora esta amplia remodelación -"prevista, según algunas fuentes, en julio pero frustrada por la volátil coyuntura económica-" radica, según el presidente, en la estabilidad institucional que ofrece el pacto presupuestario con PNV y Coalición Canaria. Ese acuerdo concede, a su juicio, un margen de maniobra suficiente como para no restringir la acción del Gobierno a la gestión de los asuntos económicos, para desempolvar la agenda social y para poner en marcha una «ofensiva política» que debería ayudar a reconquistar a las descontentas bases socialistas y a frenar la sangría de votos que auguran las encuestas.

«Con los Presupuestos aprobados, la estabilidad financiera y el tiempo que tenemos, es el momento de otro tipo de acción», justificó.

En esa clave se interpreta el fichaje de la ex dirigente de Izquierda Unida Rosa Aguilar para el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino o del ex secretario general de empleo con Jesús Caldera, Valeriano Gómez, un hombre de una gran sintonía con los sindicatos que llegó a manifestarse en contra de la reforma laboral el pasado 29 de septiembre.

Y así se explica también que Zapatero haya echado el resto dando la espalda a los perfiles técnicos y apostando por un gabinete muy político y muy de partido, lo que los suyos siempre pedían quejosos. «Tenemos un proyecto socialdemócrata, progresista y representamos a la gran mayoría de centro-izquierda de este país», señaló el jefe del Ejecutivo.

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