Todos somos de León, contentos de ser de aquí

Foto de familia de los asistentes a la Cumbre del PP en el Exterior, ante la fachada de San Marcos.
A Victoriano Crémer, Antonio Gamoneda, Los Flechazos, Juanín y Ordoño II les han salido competidores duros. No corren buenos tiempos para los LTV (Leoneses de Toda la Vida). Desde que abrió la veda José Luis Rodríguez Zapatero, aquel al que en la clausura de la Cumbre Exterior del PP se llegó a citar ayer como «el presidente que preside el Gobierno» para evitar pronunciar su nombre (¿márketing?), la nómina de ilustres de la política que forjaron sus primeros pasos a la sombra de las calles leonesas se ha vuelto extensa. Es como la lista de las Páginas Amarillas, pero en azul.
María Dolores de Cospedal vivió sus primeros cinco años en los alrededores de Padre Isla. Núñez Feijóo aprendió a jugar al balonmano en Maristas. Rajoy omitió por ya sabido su paso por Jesuitas. Aznar vino a la orilla del Bernesga a impulsar políticamente la carrera de Isabel Carrasco y Herrera... se llama Juan Vicente y es de Burgos, que limita al Oeste con Palencia que limita con el Este de León.
Celebró el PP su cumbre exterior para regocijo de Isabel Carrasco, al borde del éxtasis en el baño de masas de los correligionarios. Casi tanto como Emilio Gutiérrez, tentado por un momento de lanzarse a los brazos del público del trascoro, al estilo de los cantantes de rock duro en los conciertos. «Os presento a un leonés de proa», dijo de Alfredo Prada, a su vez el primero en referirse a Fraga Iribarne, que continuó impertérrito y dormido en la primera fila pese a las ovaciones.
Pasó casi inadvertida la elección de un jersey carmesí que Feijóo sacó del armario, a medio camino entre la casualidad y el homenaje al León que lo vituperó con voz minera y ronca en los prolegómenos del acceso a la sala.
Ya dentro, a Rajoy hubo que advertirlo de que hiciera caso a su móvil (el SMS que le llegó luego le hizo sonreir). En su turno de palabra se produjeron las dos únicas intervenciones de espontáneos dispuestos a sumarse al discurso: «¡Un desastre!», apostilló uno contra el Gobierno; «¡De lujo!» corroboró otro cuando el orador y presidente nacional del partido glosaba las excelencias del presidente de la Junta.
A la lista de presentes (casi todos) sólo se le cayeron los ausentes (prácticamente ninguno porque García-Prieto y Amilivia ocuparon su lugar). Así que entre la vorágine de abrazos, aplausos y besos del final, emergieron las caras de los chavales de la Comisión de Juventudes, fondo de pantalla viviente para las intervenciones de los oradores. Y por fin se les adivinó una sonrisa, aunque fuera la primera de la mañana...