Diario de León
Marco Romero
León

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Ni rastro del hombre afilado que un día antes había aparecido ante los medios de comunicación para anunciar su renuncia a los ingresos que le pudiera reportar su posible elección como diputado nacional. Ni una sola pista del cincuentón bien parecido y trajeado que citaba a los periodistas para explicar que su prejubilación millonaria en Caja España-Duero era la justa y deletrear a los periodistas su discurso, por si no lo entendían. Ayer por la noche no quedaba nada de ese Francisco Fernández. Llegó andando a la sede del partido vestido de sí mismo: unos tejanos, calzado deportivo y cazadora, pero un nuevo gesto. No cabizbajo, pero abatido. Lo hacía sólo unos minutos antes de las ocho, hora del encuentro que preparó para la prensa con cierta urgencia.

Qué tal están ustedes. «Bueno, bueno. ¿Qué tal vamos?», son sus primeras palabras de presentación. Se le nota incómodo, intranquilo. Los flases de las cámaras fotográficas no cesan y un cordón de militantes socialistas y periodistas le hacen un pasillo hasta la mesa, donde le espera un aguzado micrófono. La escueta escenografía, preparada o no, rebaja la tensión del peor momento político de Fernández. Decide sentarse solo. Frente a él, una hilera de cámaras de televisión, fotógrafos y periodistas. Y detrás, sentados o de pie, compañeros incondicionales. Pero son muchos más los que faltan. No le acompaña ninguno de los candidatos que le flanqueaban en las listas al Congreso de los Diputados: ni José Antonio Alonso, cabeza de lista, ni Helena Castellano, número tres hasta ayer, puesto que ya es la número dos. Al número tres sube la alcaldesa de Vega de Valcarce, María Luisa González. También se echaron en falta junto a Francisco Fernández muchas caras de la Ejecutiva Provincial. O de los ayuntamientos del alfoz.

«Como siempre, gracias por venir y estar conmigo en esta comparecencia pública», dijo a los periodistas con sonrisa nerviosa. «Os he convocado para comentar sobre la subida o la bajada de la ORA». No arrancó más que alguna sonrisa huérfana. Había más presión de lo habitual y eso se notó en la cantidad de gestos que intercambió con sus manos y cara. Quiso hacer de abuelo Cebolleta, aquel personaje del dibujante Manuel Vázquez con larga barba blanca y verborrea que no dejaba de contar batallitas.

Sin interrupciones. Y lo consiguió. Antes de soltar una bomba informativa sin derecho a preguntas, el político se despachó repasando su temprana entrada en la vida política y sindical, sus años de vicepresidente en la Diputación y los últimos de alcalde. De esta última etapa le quedan grandes cómplices que ayer se mantenían a su lado. O frente a él, vaya. Por ejemplo concejalas estrella durante su mandato como María Rodríguez, Susana Travesí, Catalina Díaz y Evelia Fernández. A mitad de su discurso, antes de que se emocionara y tuviera que mantener unos segundos de silencio, su compañero de partido Ibán García tuvo que salir de la sala con los ojos enrojecidos. Prácticamente se le oía respirar cuando empezó a cruzar los brazos, a sostener su cara con los dedos pulgar e índice y a llorar. No hay ni una sola fotografía que recoja una lágrima del ex edil, pero todos los presentes juran que la emoción de Francisco Fernández acabó en lloro. Los sollozos que sí fueron evidentes fueron los de Susana Travesí, que también tuvo que salir de la sala un tanto afligida. Pero a ver quién es el insensible que no se contraria con el discurso de un hombre que empezó a trabajar a los 19 años y que, después de mucha lucha y unos abuelos represaliados, ha forjado unos valores de justicia que ahora son pisoteados por los poderosos. O eso se entendió del breve pero a la vez dilatado discurso de Fernández; extendido porque a pesar de dar la noticia con mayor trascendencia de su madurez no quiso que le hicieran preguntas incómodas. Ni de las otras. Así que habló con la única interrupción de sus llantos. Eso ocurrió en dos ocasiones. Se fue abrazando a un periodista, entre aplausos de militantes y con un escueto «hasta luego» a los demás.

Ya estaba decidido. Compañeros de partido aseguraron que la decisión ya la tenía tomada ayer por la mañana. De hecho, el cambio de hora de la reunión del comité electoral provincial socialista, que inicialmente estaba prevista para ayer por la tarde, fue motivado por esta fuerza de causa política mayor. «Hablamos y ya estaba decidido, así que nada de lo que preguntas», contestaban por separado dos militantes del PSOE cuando se les preguntaba si Fernández había recibido presiones de Ferraz. Ante la negativa, no ha trascendido cuál fue el oscuro motivo que obligó al ex alcalde —«el miércoles paso a firmar las cartas [de renuncia]», le dijo al concejal Iban García—, ex secretario provincial del PSOE y ex candidato a cambiar radicalmente de opinión de anteayer a ayer.

Y se fue. Acompañado de la concejala María Rodríguez, de Miguel Ángel Álvarez, vicepresidente de Caja España-Duero, y de su hijo mayor. Una ciudadana le escuchó decir. «Vamos a cenar». Así acaba la puesta en escena de un político que deja de ser político, joven y bien prejubilado. Un perdedor perfecto.

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