Diario de León

«Sufrieron un vía crucis de terror»

El cardenal Amato exalta la figura de los trece misioneros oblatos leoneses, proclamados beatos . en la Catedral de la Almudena tras ser asesinados en Madrid en 1936 por su condición religiosa.

Julian López, obispo de León, seguido del obispo de Astorga, Camilo Lorenzo, con la foto de los misioneros al fondo.

Julian López, obispo de León, seguido del obispo de Astorga, Camilo Lorenzo, con la foto de los misioneros al fondo.

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pacho rodríguez | madrid
León

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Seis fueron fusilados el 24 de julio de 1936 en la Casa de Campo de Madrid. Dos, entre los días 7 y 8 de noviembre, uno en Paracuellos del Jarama y otro en Soto de Aldovea. Y otros cinco, en Paracuellos, el 28 de noviembre. Trece leoneses, tres de ellos de la diócesis de Astorga y el resto de la de León, asesinados por su condición de religiosos, y que ayer fueron proclamados beatos por la Iglesia, en una multitudinaria ceremonia celebrada en la Catedral de la Almudena de la capital.

El cardenal Angelo Amato fue el encargado de presidir este acto religioso que contó con la presencia, destacada durante la ceremonia, del obispo de León, monseñor Julián López, y el de Astorga, monseñor Camilo Lorenzo, al frente de un nutrido grupo de familiares de los ahora beatos, procedentes de la provincia leonesa y de diferentes puntos de España.

La ceremonia religiosa fue seguida por fieles que abarrotaron el templo, retransmitida por televisión, y se convirtió en un acto de exaltación de la fe católica, que contó con la presencia del cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco Varela.

Los religiosos leoneses fusilados fueron beatificados junto a otros nueve compañeros y un laico, que también murieron en ese primer año de la Guerra Civil, mientras prestaban servicio en el colegio de lo Oblatos de Pozuelo de Alarcón.

Angelo Amato destacó que los religiosos que no fueron fusilados al día siguiente de su detención sufrieron «un vía crucis de terror», explicó, para ilustrar las torturas a que fueron sometidos, fehacientemente probadas, solo por el hecho de profesar la fe. También fue destacada la firme actitud de mártir de los asesinados, quienes, como se reiteró ayer, perdonaron a sus torturadores sin renunciar a sus creencias.

Muy jóvenes. Durante el acto religioso, que se prolongó durante más de dos horas, se ensalzó la figura de este grupo de oblatos, cuyas edades, en su mayoría, apenas superaban los 20 años, y que tenían como única misión propagar la fe católica por Pozuelo y Madrid, y prepararse para ser misioneros en EE. UU. y Latinoamérica.

Un gran grupo de los asistentes a la ceremonia de beatificación estuvo compuesto por familiares leoneses, muchos de ellos sobrinos de los que ahora se rescata su memoria y se recuerda una vida religiosa truncada, una vocación que solo por serlo se convirtió en objetivo de los milicianos republicanos, según explicaban los propios familiares.

Pero desde el altar también se habló de amor, perdón y fraternidad, tal vez como única fórmula para completar ese silencio que desde aquellos fatídicos días acompañó los hogares, casi todos rurales, de los familiares de los religiosos asesinados.

A la ceremonia también asistieron altos representantes de la Iglesia Católica, como el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; o Renzo Fratini, Nuncio del Papa en España. Los arzobispos y obispos de las diócesis de procedencia de los mártires también estuvieron presentes.

Los mártires beatos leoneses fueron así ya reconocidos por la Iglesia, esa a la que defendían y les costó la vida. No sabían de política ni de bandos y se les veía por las calles de Pozuelo con sotana, fajín, y un gran Cristo. Todos fueron detenidos el 24 de julio de 1936, seis días después del comienzo de la Guerra Civil.

La persecución. En la persecución religiosa en España hubo miles de personas que sufrieron muerte violenta, que fueron torturadas y fusiladas exclusivamente por su condición de creyentes, porque vestían una sotana o un hábito religioso, por ser sacerdotes o religiosos que tenían una actividad pastoral en parroquias, en centros de enseñanza o centros hospitalarios, o por ser laicos fervientes, comprometidos con su fe en Jesucristo.

Antonio Montero, en su libro Historia de la persecución religiosa en España , (pág. 762) presenta una estadística de 6.832 eclesiásticos sacrificados en la persecución religiosa. Los miembros del clero secular, incluidos doce obispos y un administrador apostólico fueron 4.184, o sea el 13% del total del clero. Los religiosos sacrificados fueron 2.365 que supone el 23 por ciento del total. Entre estos religiosos están 22 mártires Misioneros Oblatos y suman el 36 por ciento de los Misioneros Oblatos residentes entonces en España. Las religiosas martirizadas fueron 283. No ha sido posible presentar ni siquiera una cifra aproximada de los laicos católicos asesinados por su condición de creyentes consecuentes con su fe.

Dentro de este clima general de odio y fanatismo antirreligioso es preciso encuadrar el martirio de los 22 religiosos Oblatos de Pozuelo de Alarcón.

La ciudad de Pozuelo de Alarcón era, en 1936, un pueblo de unos 2.000 habitantes. Estaba formado por dos núcleos de población: el antiguo pueblo de labradores y un barrio nuevo, preferentemente obrero, que se creó con la llegada del ferrocarril y que se llamó y sigue llamándose el barrio de la Estación.

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