Diario de León
Publicado por
J. A. GUNDÍN
León

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El intento de soborno al excelente portero de la Deportiva Ponferradina, el canario Orlando Quintana, es una señal elocuente del miedo que nuestro equipo infunde en el CD Tenerife, glorioso club que tuvo mejores épocas y también maletines de mayor enjundia que los de ahora. Es una incógnita la cantidad dineraria que el anónimo mercachifle le ofreció al guardameta a cambio de hacer la estatua y la vista gorda, pero seguro que era una miseria comparada con las manejadas cuando el Barcelona engrasó al combinado chicharrero en coyunturas de mucha trascendencia. Hubo incluso algún «fontanero» culé que se acreditó nacionalmente como un consumado conseguidor («Quique el del maletín», le llamaban), cuya faena fue rematada con una insignia de oro y brillantes barcelonista. ¡Qué tiempos aquellos en los que el Barça pagaba ingentes sumas para derrotar al Madrid!

Si ahora se traen al recuerdo estas menudencias innobles del deporte balompédico no es por menoscabar la honorabilidad del CD Tenerife, menos aún la de sus jugadores y su encomiable afición. El equipo chicharrero atesora días heroicos y gestas de bello recuerdo, pero sólo con la historia no se gana a la Deportiva. Cuando nuestra escuadra blanquiazul suscita temor en el adversario, el olor del miedo se propaga y se contagia a sus mesnadas. Y de Tenerife nos llegan vaharadas de pánico ante el tsunami blanquiazul que les espera en el Toralín y que anegará las vanas pretensiones que un día albergaron.

Me niego a creer que la directiva tinerfeña tenga nada que ver con el soborno frustrado gracias a la integridad y valentía de Quintana. Pero también puedo comprender la hipótesis contraria, pues el pánico suele alterar las conciencias, nublar el criterio recto e inducir al error. Bajo fuerte presión o ante un destino ingrato, las colectividades suelen tomar decisiones de las que luego se avergüenzan durante generaciones. El CD Tenerife está sometido a fortísima tensión psicológica tras muchas temporadas penando en el último círculo de Dante y su rescate deportivo es muy improbable porque ha tenido la mala fortuna de cruzarse con la Deportiva. ¿Quién en su lugar no vendería incluso el alma al diablo? Seamos, pues, indulgentes con el combinado chicarrero, no hurguemos en sus debilidades y mostremos magnanimidad en la victoria. La Ponferradina no se vende y su gloria no tiene precio. Todos al Toralín.

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