Diario de León

león lucha por la minería. Castilla se despide del carbón

A la conquista de tierra hostil

. La columna minera llega a Villacastín, en Segovia, arropada por gentes del Bierzo y de Ciñera . . Los mineros se ven «en territorio hostil» pero piensan seguir adelante «con la cabeza bien alta».

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Ana Gaitero Alonso. Texto | Norberto Cabezas. Fotos
León

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En Velayos, al lado de Sanchidrián, Ávila, no hay escapatoria al pasado franquista. Por una calle u otra el viajero va a desembocar irremediablemente en Generalísimo Franco , José Antonio y monumentos en homenaje a sus caídos. Los mineros caminan en presente y por el futuro.

Caminan contra unos recortes que consideran «abusivos» y de una actitud que tildan de «dictatorial». Con preocupación por el compañero accidentado en Cerredo, de Cuevas del Sil, y por los sucesos de Pola de Lena, inician la caminata con la fresca. Van de Sanchidrián a Villacastín, de la provincia de Ávila a la de Segovia, a las puertas de Madrid.

«La marcha es una buena forma de protestar ante una situación injusta», explica Moisés Martínez Alonso . El minero tiene cada día «más ganas de llegar a Madrid ante las diferentes formas del Gobierno de escupirnos y maltratarnos». Cree el minero, nueve años de tajo, que su lucha «es un problema obrero, no sólo de la minería». Aviso para navegantes.

Está orgulloso de ser uno de los 160 de la III Marcha Negra a Madrid. Y su padre más. «Me llama todos los días y me dice que no nos rindamos», admite. Las razones de la protesta están muy claras: «No ha sido el obrero ni el minero el que ha robado Bankia y ahora la cagada de ellos la tenemos que pagar nosotros injustamente», recalca.

«Donde hombres fueron, hombres van», le dijo su padre a José Manuel Valles Ordiz cuando dudaba en sumarse a la marcha. «Hay que hacerlo, le decía yo, pero tengo algo de miedo por si no llego». Su padre le pidió que llevara el casco que usó durante varios años de los 33 que trabajó en la mina, en el pozo María Luisa. Su hijo trabaja en La Vasco y vive en Ciñera.

Un cartel anuncia que faltan 99 kilómetros para llegar a Madrid. «Han andado hasta aquí y hay que entrar en Madrid. A ver si nos dejan», afirman José Leal, José Manuel y Susi que han venido desde Ciñera para acompañar a los mineros unas jornadas más. La Corporación de Igüeña y varios vecinos se han parado en Labajos para sumarse a la marcha minera hasta Villacastín, con el estandarte del municipio. Verde esperanza sobre blanco. «Entramos en territorio hostil y por conquistar». Francisco Rodríguez , de Matallana de Torío, no se anda con rodeos mientras patea, con los 160 mineros, una ruta de 30 kilómetros que sale de Ávila y entra en Segovia, vuelve a Ávila y entra otra vez en Segovia. «Que se den un paseo por las cuencas mineras en vez de tanta Valencia y aprendan lo que es la mina», sentencia.

«No nos preocupa, vamos a ir con la cabeza bien alta por donde pasemos», contesta Víctor Teixeira . Entran en la provincia de Segovia por segunda vez con la compañía, una vez más, de Antonio Molina . «Soy minero...». A Madrid no llegarán solos. Van con refuerzos: «Se va duplicar o triplicar la afluencia de manifestantes respecto a la de mayo», señala Rober . El Gobierno les avisa y dice que por ley no podrán acampar en Madrid.

«No somos solo los mineros», precisa Fernando Fuertes Álvarez , de Villaviciosa de la Ribera. Un minero del Órbigo que confía en una solución porque no le entra en la cabeza que «vayan a echar a miles de familias al paro» o seguir los mismos pasos que con la agricultura y la ganadería: «Lo traen todo de fuera». «¿Vamos a ir a picar carbón a Alemania?», se pregunta. El runrún de que abren las minas en Alemania circula arriba y abajo de la columna minera. Ya lo empiezan a decir los sindicalistas.

No le entra en la cabeza que obliguen a cerrar las minas porque en su empresa ha visto «una capa de carbón de 30 metros. La Vasco está para producir». «No es lógico que hayan dado subvenciones para invertir en las minas y luego digan que se cierre la mina. Esta actitud responde a otros intereses políticos: les interesará más el gas o la energía nuclear», sostiene.

Llega la columna minera a Villacastín, Segovia, con el brío de un toro de lidia. Con el simbolismo de esa silueta negra y astada, indultada como seña de identidad de España, que les saludó a su paso por el alto de Labajos. Los del Bierzo, marcando el paso a las cuencas que bajan desde el norte a Madrid, son los primeros en avistar los picos de la sierra de Guadarrama. Lugar de lucha y resistencia. Las montañas donde las campanas «doblan por ti», que dijo Hemingway.

«¡Cómo se nota que no estamos en nuestra zona!», observa Antonio Castro Meireles . «Estamos llamando a las puertas de Madrid», añade como pensando en voz alta. ¿Cómo responde a la llamada Madrid? «Eso es una incógnita». La única certeza que tiene Meireles es que su neno tiene una manía y no se la puede quitar. «Es quiere comer todos los días». Por eso va a Madrid.

Los del Bierzo Alto acompañan a sus mineros para que no se vean solos a las puertas de Madrid y coman ‘de caliente’. El alcalde de Igüeña, Alider Presa , y una expedición de hombres y mujeres de Bembibre, Torre del Bierzo, Tremor, La Ribera, Albares y Pobladura de las Regueras traen 213 kilos de cordero, cinco sacos de patatas diez kilos de pimientos, 10 litros de aceite, 50 docenas de huevos, empanadas, 150 hogazas de pan... «Somos del Bierzo y comemos de maravilla y estos hombres andan a base de bocadillos y comida precocinada. Vamos a darles algo caliente para que cojan fuerzas», comentan Estrella Gundín y Belén Piñuela de la Plataforma de Mujeres en defensa del Carbón.

Todo lo que traen ha sido donado por vecinos y empresas de la comarca. Pendonistas, Aguilonjos... todos han colaborado. Y cocinan los hombres. «Todos mineros y los que no lo son, sufren las consecuencias», apostilla uno de los hermanos Corzón , que se han puesto al frente de los fogones.

Faltan cuatro caminatas para la toma de Madrid. Y un día de descanso para esperar a los de Teruel y Puertollano. Caminan por la N-VI y la Guardia Civil de Tráfico abre paso a los mineros. Los camiones hacen cola para dejar pasar a los mineros. Unos pitan y otros no. «No están para peajes», comentan los mineros. ¡Bercianos, que ya os queda menos!, les grita un conductor que parece regresar a casa. «Ánimo mineros, que somos de León», vocean otros con aspecto de ir de vacaciones.

Francisco Rodríguez , de Villablino, se ha remangado pantalón y se quita la camiseta. Se tuesta al sol. «El moreno es lo que voy a sacar de aquí. De vacaciones nada, los mineros ahorramos para las huelgas», dice. La mina es todo para ellos, los mineros de siempre. Y para ellas, las mineras de ahora, las cuencas, las familias. «La mina lo es todo: el único trabajo que conozco, todo lo que tengo se lo debo a la mina», afirma Gespa . Tiene 40 años y 21 lleva sacando carbón. «Es el único trabajo que conozco, un sitio en el que te forjas como persona y como hombre», añade Carlos Alberto Ferreira que lleva 23 años en el pozo, la mitad de su vida. «Es todo lo que he mamado desde pequeño. Mi padre estuvo 36 años en la mina, desde los catorce años y yo llevo diez».

Son héroes malditos. «Estamos en peligro de extinción y no nos protegen», ironiza Meireles. «Sois un ejemplo para todos los trabajadores», anima a los mineros un matrimonio que ha viajado 60 kilómetros para verlos. «Es emocionante son la esperanza de los trabajadores. Que nos sirvan de ejemplo para movilizarnos», insiste Agustín Arranz , un jubilado de Pegaso que sufrió cárcel, persecución y despidos para conseguir libertad y derechos laborales. «Ahora rescatan Bankia con mis impuestos, y estas personas se quedan sin trabajo. ¿A nosotros quién nos rescata?».

La marcha llegó a Villacastín con la curiosidad del alcalde y su esposa que esperaban a los mineros y con un amplio despliegue de medios de comunicación estatales. Se siente la cercanía Madrid y los mineros gritan a los micrófonos de una tele que pega a la columna: «¡Esto nos pasa por un gobierno facha!»

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