LA CORDILLERA SE REINVENTA | UN CIRCUITO POR LAS ENTRAÑAS DEL PARQUE NACIONAL
Amanecer entre lobos
La montaña leonesa se lanza a la caza del turismo internacional de naturaleza con dos iniciativas pioneras: safaris fotográficos para observar lobos y osos o hacer un ‘9.000’ recorriendo el parque nacional de Picos, refugio a refugio .

Tras ascender hasta los 1.900 metros, la espera para observar a una familia de lobos se produce en una sombría ladera desde la que se ve toda la cordillera.
Ver un lobo montano en Riaño poco tiene que ver con la experiencia de la afamada Sierra de la Culebra, donde los ejemplares son cebados a cierta hora del día para garantizar la foto al turista. En la montaña leonesa, para encontrarse con un lobo, hay que salir a las cinco de la madrugada del pueblo base, ascender a unos 1.900 metros de altitud, parte de ellos a pie, y apostarse inmóvil en un lugar recóndito hasta que amanece y los adultos de la manada llegan de caza para desperezar a sus cachorros. No hay mayor espectáculo para quien aprecie la fauna en libertad, sobre todo porque asegurar un momento como este en la Cordillera Cantábrica es como encontrar una aguja en una pajar.
La descripción corresponde a una visita piloto organizada hace días para este periódico, que adelanta lo que ya es posible a partir de este mes: hacer safaris guiados para observar poblaciones de lobo ibérico en la montaña de Riaño y avistar oso pardo cantábrico en el área del Alto Sil. Ambas iniciativas, promovidas por la agencia leonesa Wildwatching Spain, introducen por primera vez a León en el circuito del turismo especializado de observación, apenas explotado en España y repartido en el ámbito europeo entre Escandinavia y los países del Este.
«León es uno de los mayores focos de biodiversidad del continente y está relativamente cerca de los principales países demandantes de este turismo de naturaleza, como son el Reino Unido, Alemania y Holanda», valora uno de los responsables de la agencia. Y no se trata de un perfil de turista medio. La cordillera posee un atractivo muy especial para el cliente naturalista y, hasta el momento, son agencias extranjeras como Naturetrek o Birdquest las que están explotando el negocio de la montaña leonesa.
Por su experiencia, la agencia constata que la figura que mayor interés despierta fuera de España es, sin duda, el lobo, probablemente porque es una especie escasa en el continente que a menudo ocupa zonas boscosas donde su observación es muy pobre. En los últimos años, la zamorana Sierra de la Culebra ha despertado interés internacional —se calcula que el impacto económico directo en la zona gira en torno a los 600.000 euros anuales—, pero Riaño, durante los meses de junio a septiembre, «es el mejor lugar del continente para observar estos cánidos», comentan desde la agencia, adherida al proyecto Wolf de cooperación entre vida salvaje y vida rural.
Los piornales montanos donde crían muchos de los grupos familiares de la zona favorecen una observación limpia y prolongada, circunstancia que no se produce en otros lugares. Además, al poder acceder a las cercanías de las zonas de reproducción, la tasa de éxito en la observación es muy alta. Así lo comprobó este periódico en una visita compartida con un guía de Wildwatching Spain días antes de que la agencia fuese constituida, en la época en la que los cachorros empezaban a salir de la lobera.
La salida se programó a las cinco de la mañana. El guía comprueba que cada acompañante va adecuadamente vestido, con botas, pantalón largo, forro polar para la fresca espera durante el amanecer y agua. Él se encarga de los prismáticos y el resto del equipo de observación. La ruta se inicia desde uno de los pueblos del entorno de Riaño —más datos sobre la localización favorecería la labor de los furtivos—. El camino dura como una hora en la absoluta oscuridad. De momento sólo se ven estrellas. La primera sorpresa llega a mitad del ascenso. «¡Mirad, un chotacabras!», advierte rápidamente el guía. Tras superar los primeros temores a un animal que se imagina con afilados dientes y ojos ensangrentados llega la tranquilad al comprobar que el chotacabras es una exótica ave nocturna, del tamaño de una codorniz, parda, totalmente camuflada en su entorno y, al parecer, muy difícil de encontrar.
Una vez superado el enorme desnivel que separa la cima donde el guía aconseja la espera del pueblo de partida, salen los primeros rayos de sol y descubren la silueta de los ciervos que empiezan a recogerse. En lo que se da un trago de agua, como si hubieran dado a un interruptor, la luz inunda de repente la montaña y aparecen todas las cimas de la cordillera en un vistazo de 360 grados.
«Ahora, silencio, ni un ruido», aconseja el guía. No deja de repetir que en estos safaris de observación es irrenunciable ser escrupulosamente respetuoso con la flora y la fauna, razón por la que ha elegido como lugar de espera una sombría ladera desde la que se garantiza la observación de una familia de lobos, pero a una distancia prudencial de entre 700 y mil metros. «En el diseño de estos tours guiados se ha tenido mucho cuidado para evitar el acceso a zonas sensibles o lugares que, sin duda, permitirían encuentros emocionantes con la fauna, pero podrían poner en peligro su tranquilidad y supervivencia».
A eso de las siete y media de la mañana se produce el momento buscado. «¡Ahí está durmiendo todo tranquilo, mirad!». El guía, emocionado como si fuera la primera vez que observa a esta manada, cede el catalejo y permite la observación de tres lobeznos que empiezan a despertar cuando el sol les da en la barriga. Juegan, se muerden, suben y bajan la ladera. «Ahora se mueven todavía poco porque son pequeños, pero en unas semanas ya empezarán a explorar otras distancias», explica el guía. No hay rastro de los padres. Por la hora, deben estar volviendo de la caza nocturna. Se les espera como muy tarde a las nueve o nueve y media. Si no han llegado para entonces, lo más probable es que esperen al anochecer para regresar a la lobera. Los lobeznos, llegada esa hora, desaparecen entre las escobas del monte.
En la vertiente leonesa de la cordillera, durante el transcurso del circuito se puede observar de manera colateral una rica fauna, tanto de carácter alpino como mediterráneo, con especies como la avutarda, el sisón, el alimoche, el cernícalo primilla o el treparriscos, incluso el gato montés. Aunque, sin duda alguna, la otra especie que mayor curiosidad e interés despierta es el oso pardo cantábrico.
En este sentido, ya se han conseguido los primeros permisos de observación de oso pardo en Castilla y León, primordialmente en el Alto Sil. Por primera vez, la Consejería de Medio Ambiente autoriza el aprovechamiento turístico del gran plantígrado cantábrico, una experiencia igualmente única. En este caso, las observaciones se realizan en los meses de agosto y septiembre, así como mayo y junio, de forma que se garantiza la seguridad y tranquilidad de los animales por encima de cualquier otro precepto. A partir de este mes llega uno de los mejores momentos para intentar la observación de osos en el Alto Sil, época en la que maduran los arándanos, las bayas de serbales y escuernacabras y momento en el que los osos salen fuera del bosque a alimentarse intensamente. Los primeros safaris en esta zona se realizarán a partir del 24 de agosto.
En el caso de Riaño, durante el presente año ya se han contratado los primeros paquetes de semana completa para observación de lobo ibérico, con unos precios aproximados de 1.200 euros por cliente, de los cuales un 70% redunda de manera directa en la comarca en forma de gastos en alojamiento y manutención, contratación de guías locales, gasolina, inversiones o subcontratas en la zona, según los datos manejados por los responsables de la agencia (www.wildwatchingspain.com).
El círculo cantábrico
La segunda gran iniciativa vinculada al turismo de naturaleza y alta montaña acaba de germinar en el Parque Nacional de Picos de Europa y ha sido bautizada como El anillo de Picos, un recorrido circular por las entrañas de este privilegiado territorio a través de una serie de rutas que tienen como principio y fin alguno de los refugios del parque. Si se culmina el recorrido más amplio de los propuestos —de cuatro a nueve días—, el rutero habrá andado 115 kilómetros y superado un desnivel positivo (el de subida) de 9.000 metros. Es la primera vez que las autoridades del parque nacional autorizan una iniciativa de este tipo, que tiene precedentes consolidados en el pirineo catalán con un proyecto parecido denominado Carros de fuego.
El anillo de Picos es una idea creada y financiada por los guardas de los refugios que se encuentran en el interior del parque nacional: Vegabaño, Collado Jermoso (ambos en León), Vega de Ario, Vegarredonda, Cabaña Verónica, Casetón de Ándara, Vega de Urriellu y Jou de los Cabrones. «Las visitas han bajado y nosotros queremos poner en marcha una iniciativa que aproveche los recursos de esta montaña», explica Julián Morante, guarda de Vegabaño, refugio ubicado en Soto de Sajambre. «Sin masificaciones», apostilla. Eso no será difícil gracias a que la orografía de Picos de Europa no facilita un circuito tan pausado como el que se ofrece, por ejemplo, en Pirineos, razón que imposibilita un efecto llamada al rutero tipo.
Todo empieza en un refugio como este, donde además de un paisaje idílico se encargan de poner vida Dobra y Vega, los hijos de Julián y Nuria, guardas y unos de los promotores de la idea que tiene como modesto objetivo «dar a conocer mucho mejor el parque nacional», comentan. En un contexto histórico, El Anillo de Picos recorre los montes Vindios, recodo de la última tribu cántabra que combatió contra las tropas romanas. Esta tribu conocida como los vadinienses buscó refugio en algún lugar de los montes de la Cordillera Cantábrica, ahora conocidos como los Picos de Europa. Los guardas prometen que cada piedra que uno se encuentra en el circuito esconde muchas historias. «Y aunque no todas podrán ser contadas, muchas se conseguirán recuperar del olvido gracias a los refugios y a la labor de los guardas».
Lo que se denomina en conjunto El anillo de Picos tiene tres modalidades . La primera de ellas se conoce como El anillo Vindio, que abarca el macizo Occidental; la segunda es El anillo extrem, que además del Occidental, sería también el Central, y, por último, El Anillo tres macizos, que incluye todos. Cada una de las etapas sale siempre desde un refugio o alojamiento colaborador para acabar en otro. La ventaja del anillo es que no es obligatorio comenzarlo en un sitio concreto, se puede iniciar desde cualquier punto. En ese caso el guarda hará entrega del pack a cambio de una cuota de 25 euros, que se compone de un pasaporte, un mapa del recorrido y unos accesorios que puedan ser útil en las etapas, como una toalla ultralight y una cantimplora. En cada final de etapa o refugio se sellará el pasaporte y, a cambio, los guardas irán compensando con una gorra o una camiseta representativa del circuito.
Los alcaldes leoneses de Picos de Europa apoyan el proyecto y defienden el trazado marcado por los refugios. Se da la circunstancia de que la elaboración del mapa se encuentra parada a la espera de una reunión que tendrá esta semana con las autoridades del parque para concretar una parte del recorrido que afecta al tramo entre Vegabaño y Valdeón. El director del parque nacional, Rodrigo Suárez, no quiso adelantar la postura que llevará al encuentro, pero si su posición avanza, la vertiente leonesa del proyecto se vería discriminada, en tanto que propone una alternativa inviable para cualquier rutero, que tendría que hacer un camino de ida y vuelta por el mismo lugar para sellar un pasaporte. Según ha podido saber este periódico, la postura del parque nacional se escuda en que el paso de ruteros afectaría a una zona delicada del espacio protegido, visitado en la vertiente asturiana por casi un millón de personas y por 618.000 en Cantabria. Los contadores de León apenas arrojan 137.000 visitantes. Además se da el caso de que la ruta de la discordia ha sido el camino utilizado históricamente por los vecinos de los valles de Sajambre y Valdeón.
El recorrido conserva una belleza extrema y, dependiendo del nivel elegido, no hay que estar excesivamente preparado para culminar los circuitos. Al menos para probar. Como en el caso de los safaris, El anillo de Picos pretende favorecer igualmente a las poblaciones que dan acceso al parque, en el caso leonés las de los municipios de Soto de Sajambre y de Posada de Valdeón.